Oscar Málaga

3/19/2015
                                                  

POEMAS:


ASUNTOS DE IDENTIDAD

La poesía es natural

como diez mil guerreros

arrojándose de los acantilados.

No la perturban los apuros de la multitud.

Y tú, depredador,

por desesperación

hastío o gozo

la conviertes en vidrio molido

licuadora batiendo

las tempestades sucias de tu alma.

La bondad.

La putísima bondad

la diversión se acabó

o volverse loco

la poesía siempre está ahí, como el sol.

Un muelle que se adentra en el océano

una tempestad tan lenta como el verano,

un viento negro destrozando tu mirada.

Y tú depredador, que no recuerdas

el instante en que el universo

te acribilló de pesadillas

no eres el indicado para aullar refugio a su lado

ser la sombra de nadie a su lado

la poesía

está siempre ahí,

natural,

en el extremo

más ensangrentado del océano.

Como un acantilado

exigiendo que te arrojes al vacío.





A MI PADRE


He visitado el cuarto de mi padre:

el cáncer huele a bosque de limoneros.

No miraba al cielo, leía los periódicos.

Todos buscamos buenas noticias.

El amor me da miedo. Es sensato tener miedo.

Mi hermano, el fuerte, dijo: sabe que se va a morir.

Muchas palabras aniquilan la poesía.

Afuera era un día iluminado.

La confusión es la sospecha.

Y he buscado una cantina.

Cada flor crece en su lugar.






LA INMORTALIDAD

Siempre

tendremos

tiempo

para orinar

en oscuras

esquinas

solitarias.

Es una forma

de sembrar un árbol.






CARTEL PARA

COLGAR

EN LA PARED

Busco una pared

un día iluminado

una hora constante.

Colgaré este poema.

Será feria de caminantes

mesa humedecida por jarros de vino

momento de reposo

aún para ese hijo de puta

que me agarró a palazos

en una nube

de gas lacrimógeno.




  BIOGRAFÍA: 
Óscar Málaga. Nació en Lima en 1946. Integrante de la revista “Estación Reunida” que apareció a fines de los años 60 en la U.N.M.S.M. Además, incluido en la antología “Estos 13” del crítico José Miguel Oviedo. Premio Nacional de Poesía “José María Arguedas” en 1971 y Premio de Poesía “Juan Rulfo” –París 2003. En poesía ha publicado “Arquitectura de un puente”, “El libro del atolondrado” y recientemente “La salvaje melodía del aire”, del cual extraemos los cuatro poemas. En narración: “Blues un gato viejo”, “El secreta de la trapecista” y “La ópera de Dulce Diamante”. Viajero empedernido. Vivió varios años en Chile, Francia, China y actualmente reside en Nueva Zelanda.



 MENCIONADO POR:


 MENCIONA A: 

Rodolfo Hinostroza, Leopoldo Chariarse, Jorge Pimentel, Julio Nelson







Tulio Mora

3/01/2015
Fotografía: Oscar Limache


 

POEMAS:

LECCIÓN DE COLIBRÍES
 

Hay un jardín de tantos colibríes

que ya es el reino del puro movimiento

verdecoloradoazul donde si hay

flores más parecen labios que se ofrecen

mientras ellos

tiemblan peregrinos como son

hijos de los inquietos besos sacudiéndose

nieves, huracanes, malos vientos

que eludieron en su larga travesía.

 

¿A quién no le destroza el corazón

que esta poquita biografía viaje

12 mil kms solo para amar

llegando en olas incesantes, remontando las mareas,

los pronósticos del tiempo, las mudas de la luna

y a todos dándoles la contra, los muy tercos,

yendo siempre al sur y siempre sin errar?

 

Esta es una deuda

instalada en la física del sueño que llega

a pesar de dudosas o catastróficas noticias,

que atrae los polos del planeta, aún más épico porque

no traen más maletas que sus plumas

y jamás desde que el día ha sacudido sus errores

renunciaron a perderse el largo viaje del amor

sin pasajes, despedidas y tampoco pasaportes.

 

Solo disponen de sus alas cuando además

en mancha nos sombrean por el celo

de la especie que apresura muy puntual las estaciones

y aun con trampas llegan más veloces

que todos los aviones simplemente a ser felices

con sus bellas picaflores / chupamirtos y su

tribu de chillones colibritos

 

procurando para ellos agua, sombra, árboles y nidos

tanto trabajo en una misma ruta

sin brújulas, satélites ni drones

estremeciendo los paisajes igual que una madrugada de verano,

inquietamente guapos como son cuando enamoran

a sus chicas lanzándose suicidas

y luego rebotando sobre nubes o casuales vientos.

Y ellas que los ven

deseosas tras campánulas moradasverdelimoazuldePrusia

esperando el beso néctar de sus largos picos.

Porque juntos volaron toda esa distancia para amarse

sin aduanas ni policías antidrogas.

 

Más allá o más acá de la belleza

lo que existe es esta afanosa obligación

que llamamos vida por solemnes

cuando solo es amor, las puras ganas del amor

sacudiéndonos las alas, reescribiendo el único

dictado del perfecto sueño.

 

¿Importa lo demás si este es

el único poema que alborota el jardín?
(De “Bajo el cielo haragán”, inédito)

 


 
 
EL BIG BANG DE LOS DESESPERADOS
Cuando eras guapo y delgado podías entrar en la casa de un famoso ingeniero que tenía cinco hijas muy bellas y todas te rodeaban mientras hablabas seriamente de astronomía. Ser dramático era la clave de tu conversación avezada deseando que el momento angular de tu enorme deslumbramiento por la estrella Cygnus X-1 acabaría fascinando a las chicas que bailaban contigo –era un arcaísmo exquisito- el rock alrededor del reloj. 
El horizonte de los sucesos apenas parecía un pretexto para besarlas o llevarte a la decepción. Les contabas que Clarence King, un geólogo gringo, se descolgaba de un cerro filudo y mortal con una cuerda, convencido de que construiría un puente por el que cruzaría el tren redentor de sus encubrimientos. Porque él llevaba una doble vida: nada más atravesaba el puente de Brooklyn y ya se llamaba James Todd, padre de cinco hijos y esposo de una negra. No tenía amigos, no atraía a la vecindad, no invitaba a chicos delgados y guapos como tú ni leía "El puente" de Hart Crane. 
“Tengo fotos de una gigante roja transformándose en una enana blanca, así es la Gravedad del Colapso”, les decías a las chicas admiradas de tu autoridad sobre los agujeros negros en una ciudad que no tiene estrellas. Entonces su padre leía en alta voz los poemas acéntricos de Oquendo de Amat y tú soñabas que sus hijas estaban locas por ti. 
No tenemos la seguridad de que Clarence King entendiera que los puentes no son necesariamente el tránsito de una disociación. Tampoco que yo me hubiera librado de la elección porque el amor no es abundante precisamente porque no hay forma de que un astrónomo contemple la Constelación del Cisne amando a la vez a tantas muchachas en el mismo telescopio.
Escucha: yo entonces tampoco sabía lo que era la transparencia. Cargaba revólveres, asaltaba bancos y me movía entre sombras escondido por esas alturas que a King-Todd le costaba la tragedia de su duplicación. Suspenderse de una cuerda ya es un estilo de vivir devorado por 14 soles que a su vez se devoran a sí mismos hasta acabar en un agujero negro, allí donde el exceso me arrojaba al terror: mucha simulación, muchas chicas perturbadoras bailando pegaditas a mí.
Y el puto cielo que no derramaba la señal del amor ni de la revolución. 
Vamos a llamar a esta época de tu vida la Era del Teorema sin Pelos. Un curso irreversible. El Big Bang de los desesperados. Una plena certeza del acabamiento.
Pero James Todd desandaba el puente de Brooklyn y volvía a ser Clarence King.
(De “Bajo el cielo haragán”, inédito)
 
 
 
 
 
EN UN CAMELLO DE INVEROSÍMILES FUGAS
(Rimbaud)
 
¿Y si recibieras una jubilación por negociar esclavos?
Qué mala onda, dirían. Pero el puta abraza una bandera
y hoy escribe en el alfabeto de los apesadumbrados
que trasiegan el desierto en un camello de inverosímiles
fugas. No soy de corromper el diálogo de los siglos. 
Allí George Steiner y su instinto de rebajarle la pena
a los que no tienen perdón. Allí la iracunda Hannah Arendt
y el Señor de los Ocultamientos ofrendando metáforas
a los ingenuos de siempre. Tú eras ferozmente premeditado
antes y después de volverte chiflado por el billete. Un olor
a cosméticos, dos chifas en insana competencia como
hubiera reclamado Adam Smith después de compartir
un hongo con Marx. ¿Qué hombres hoy mueren en Mauritania,
en qué clase social pueden entrar? Tu banda desesperada
asalta una empresa petrolera y luego invita a saquear
al pueblo los almacenes de los prósperos cuando el planeta
ingresa en una sala de emergencias. ¿Qué dirías de tu sirvienta
negra? ¿Qué de tu doloroso temor de llegar a esa patria donde
te esperaba la peor madre que haya tenido un poeta? Hablo
de criminales en serie, de catástrofes y guerras químicas. Hablo
del modelo perfecto de crear una necesidad. Ya soñé con
hallar una maleta casual con millones de dólares para
repartirnos la felicidad de los narcos. ¿Serías el mismo poeta, ese
adolescente cuya sombra la luna atolondra en las dunas cuando
se refugia horrorizada de las masacres de Kabul? Oye, no hemos
cambiado la forma de leer tus poemas, pero los soldados muertos
siguen pudriéndose en esas guerras que secuestran a la belleza
en sus rodillas. Un pájaro bomba le canta al mundo y anuncia
el último día. Ya llega, de veras. Y te esperamos para que dances

(De “Bajo el cielo haragán”, inédito)
 
 
 
DE BUEYES JALANDO LOS SIGLOS / (Poética II)
Para Jorge Pimentel y Carlos Alberto Ostolaza
 
Si la realidad no es completa ya no depende de ti, has hecho bastante con explicarte -y sobrevivir- al inacabamiento como fracaso.
Así envejecía un ingeniero contemplando una fotografía del puente que las apetencias del poder lo habían detenido al borde de un precipicio.
Si reescribimos la historia de un tren aquí ya tenemos la desventura de una proyección zigzagueando entre congresistas y decretos supremamente desconcertantes. Y nadie lograría que la grandeza de su jadeo se extendiese más allá de las pasiones retóricas. Los políticos anudaban el progreso que solo pretendía reocupar el espacio con la simple honradez de los bueyes jalando los siglos.
Hijos y nietos no habían consolado al predicador del futuro temerario, la esposa que le fue fiel en sus ratos más avezados e insomnes, el tumulto de inmigrantes que en sus grandes planes no eran más que piezas del nuevo orden: rieles, listones de madera, remaches y todas las tribus del clima alzando campamentos para la única gran epopeya.
¿Él hubiera sido grande construyendo el puente más abismado en un mundo fallido de ingenio y de dispendiosos perdedores? Pero una foto del puente inconcluso le recordaba que habían desfigurado su gloria con una estúpida discordia perennizada en las paredes de su amplia sala. Allí colgaban otras imágenes de innumerables homenajes e hipócritas discursos que precedieron a su jubilación. Y esa frustración era el himno triste de una locomotora fantasma trepando montañas antes de ingresar en los túneles del olvido.
Así envejecía. Así se remordía. Así empeoraba las cosas.
Hasta que encontró a un pintor que a trazos y brochazos perennizó una mentira donde políticos, guerras y presupuestos jamás restarían la gesta de alterar el vacío, prolongando el puente como se había imaginado en los planos. Sobre él marchaba el coloso desconcertando a las aves en el cielo desconsolado de las alturas.
Y como toda bella mentira el cuadro prescindía del tiempo, de taladros y dinamitazos, de epidemias y muertes, de motines de chinos e indios, de políticos y banqueros, incluso del puente, para dejar solo constancia del tren que echaba humo en medio del precipicio.
¿Es justo que el sueño reivindique nuestros postergados alardes, magníficos solo en el deseo y el despecho? ¿Importa acaso que el arte reproduzca una historia no sucedida?
Ahora muérete bien,
pero primero diles
que te llevas una torcida satisfacción.
(De “Bajo el cielo haragán”, inédito)
 


ORACIÓN DE LA NOCHE HERIDA 
Esa región vocinglera del cielo que arroja furia en el río, agua en el agua, agua pared de impenetrable amenaza, me separa de mi silencio que tras el agua es distancia debida.
Acodera el barco en plena tormenta sometiendo nuestros cuerpos a la voz prepotente de los truenos que en cuanto ensordecen las dudas también nos impiden salir de los remolinos de nuestros remordimientos.
¿A quién se dirige un hombre cuando el cielo, con ese desdén perfeccionado hasta la sabiduría en millones de tormentas, se envuelve de sí mismo y empapado hasta sus raíces se precipita en el más imperdonable de sus decretos?
Agua que se crispa en la apretada oscuridad del bosque, agua que nos cerca  en la región del tormento para indagar qué nombre llevan  las decepciones del mundo y sus sueños y qué barco se hunde en los presagios cumplidos cuando hasta los animales más avezados se guarecen implorantes ante el destello hiriente de los relámpagos que ponen de rodillas a los árboles reverberados por su indefensión en una batalla perdida.
A la voz fronteriza del cielo nos debemos, a su cólera luminosa. No fanfarronea uno allí ni se aventura el animal que nos puebla de benevolencia: donde reina el imperio implacable del vaciamiento la eternidad durará lo que un castigo, que no es de tiempo que dura, sino de dura intensidad y escarmiento.
Agua descontrolada, feroz en su desbocado terror, cada firma invisible que nos arroja es su palabra contra la nuestra, cada conversión de la sombra aterrorizada ante la enormidad de las olas es el vocerío mudo y mudado contra su resplandor que ardoroso cicatriza el más náufrago de los paisajes. Cada precipitación estrepitosa reescribe en nuestros huesos ateridos el himno aturdido de un perdón que sabemos inmerecido, la oración de la noche herida.
Sin orillas ni cobija en agua o tierra los anónimos nos borramos del alma y en la última mirada aceptamos el rencor de su autoridad inatrapable entre los dedos. A cada adiós un rayo entonces.
Contrasta ahora la vida entre la ilusa alusión del río apacible y del cielo encerado por el sol con esta masa alborotada que arranca súplicas a la inanidad de tu piel. Al sueño que se tropieza en los descamados tablones del barco hasta no ser más que un esqueleto armado en el museo de una tragedia de agua, mientras legiones de nubes, prestadas de otro cielo, se cierran y se aprestan al ataque final.
Toda costa será para ti costra mañana, si es que llega mañana, y toda sobrevivencia la hendida voz del silencio en otra sepultura de agua.
(De “Bajo el cielo haragán”, inédito)

 

BIOGRAFÍA:
Tulio Mora (Huancayo, 1948) es uno de los poetas más representativos de la denominada generación del 70 y uno de los escritores y teóricos más importantes del Movimiento Hora Zero. 
Estudió literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y se dedicó tempranamente al periodismo. Publicó su primer libro de poesía titulado Mitología en 1977. Entre otras obras están: Cementerio General,
Oración frente a un plato de col. En 2009 editó la antología Hora Zero: los broches mayores del sonido. Tiene un libro inédito llamado Bajo el cielo haragán del cual hemos publicado estos poemas.



MENCIONADO POR : 
Rosina Valcarcel , Stephan Enríquez, Miguel Urbizagastegui, Jerónimo Pimentel, José Rosas Ribeyro ,

MENCIONA A:  Jorge Pimentel, Jorge Nájar, José Cerna, Carmen Ollé, Enrique Verástegui, Dalmacia Ruiz Rosas, Yulino Dávila