Miguel Ildelfonso

8/28/2006


















POEMAS:


VOLAVERUNT

Juntar palabras como ladrillos,
he ahí mi realidad. La Poesía
es caminar por Lima,
entrar a los cines, a las cantinas
sentarse en los muros o
echarse en los parques. En Quilca mirar los libros,
encender un cigarrillo esperando a Elanor,
sentir los latidos de las moscas, sus respiraciones,
recibir a la noche con una serena meada:
si ella no llega (ella no ha llegado), surgir por Colmena
atestado de voces como ratas,
luces colgadas de sangre petrificada:
mi sustancia es el sentido de estos cables,
arroyos de angustia en los ojos.
Ojos & ojos & ojos & ojos
Lamidas las tinieblas bajo el vuelo del avión
que miro detenido en medio de la avenida:
todos los viajes que he perdido.


JOSÉ MARÍA

José María venía en bus, por la Oroya, a Lima,
en sus audífonos escuchaba a Lou Reed;
afuera los cerros mojados, la lluvia entrándole por el hueco de la bala.
Esa mezcla de Perfect Day con la caída de la lluvia puso nostalgia
a la visión cristalina de la ventana.
Recordó entonces cuando chiquillo dormía sobre los pellejos;
aprendió el quechua, canciones más tristes todavía que las de Lou.
Los cerros con sus minas ya no eran morada de mitos.
Cerros como tumbas de Huarochirí y humo que salía de las chimeneas.
Un tren fantasma entró a un viejo túnel,
la lluvia sepia como las cuerdas de un arpa le cosquilleaba el hueco de la bala,
entonces se preguntó si en cincuenta años todavía existiría este país.
Esta idea lo avergonzó, puso otra canción, algo de Pastorita,
y casi el empezar a dar vueltas en torno a ello quedó dormido.
La carretera daba curvas, lo acurrucaba.
Oye, niño _ le dijeron, regresa a casa.
Pero su madre murió. Niño, esta no es tu lengua. Pero él cantaba en el bus:
Aun no veo el cerro de mi pueblo,
soy un forastero,
soy un alma que vaga junto a un río.
Tengo un revólver al cinto.
Mi corazón, una tinya, un charango y una quena.
Ay mi corazón se lo llevó el río
y aun no veo el cerro de mi pueblo.
José María cantaba en quechua con su guitarra de palo, pero adentro,
en las entrañas de su voz, los danzantes ya contaban sus pasos.
La muerte - es una herida que se lleva desde el nacimiento,
la muerte - es un alma que acompaña: una nostalgia, un país.
El niño que cantaba en el río llamaba a su madre para que lo salve.
Ese niño tenía miedo, que se lleven su corazón,
que en cincuenta años nadie cante sus canciones en quechua.
Porque el país tenía montañas y cargamentos que llegaban a los puertos,
lo saqueaban todo, se lo llevaban todo.
Ese paisaje de perros famélicos que anunciaba la entrada a la ciudad
iba mezclando la muy dulce melodía de su voz con el fuerte sonido de una bala.
Sus amigos lo querían, pero el resto no entendía el quechua,
ni quería entenderlo, cosas de serranos _ decían ellos,
ellos que hoy publican sus libros, lo estudian, lo celebran.
José María, el día que pusiste la pistola en ti,
alguien tocaba su violín en las alturas de Andahuaylas.
Ellos esperaban que lo hicieras para hacer de ti una leyenda:
la gran leyenda cultural del país. Ellos, que escupían en tus cantos.
Con una mano cogiste el arma, yo nacía cuando te despedías.
Tres días antes cantaste en una reunión con amigos,
alguien grabó tu voz y aquella grabación fue una burla a la muerte
que siempre te asechó, fue tu victoria
sobre una prole de intelectuales.
Un día antes fuiste a La Parada a comprar discos de huaynos;
nos emborrachamos escuchando a Jilguero;
nos vemos mañana, tú naces yo muero, cantabas.
Habrías tenido un flash back, tu infancia entre los indios,
una clase en la Universidad, o algo como una retama
que al comienzo te hiciera dudar,
pero que luego más bien te impulsara con una fuerza irrefrenable.
José María, una mujer canta en la esquina de mi calle,
viene de Ayacucho. ¿Estaré yo en su canto?
¿Estarán mis poemas en la palma de esa mano de barro?
José María, tú cantabas en quechua un rock en el fondo de mi tumba.
Yo escribo esto para cantar en ti.


21

tú llorabas en una calle que no conocías
tu llanto también era desconocido
una calle de cines y heliotropos
una calle vertical tamaño de una estrella
una calle con piernas de amor
y la vida que depende de lo que dices
y la vida que esculpe un trueno en el viento
y la vida engarzada a tus labios
está afuera
por eso sepulta tu lágrima en otra lágrima
cualquier ruido es extraño
sobre todo los que provienen del amor



POÉTICA:

http://www.desmoronamientossinfonicos.com/



BIO/BIBLIO:

Nació en Lima, en 1970. Perteneció al grupo poético “Mundana Laetitia”. Ha publicado los libros de poesía: Vestigios, Canciones de un bar en la frontera, Las ciudades fantasmas, M.D.I.H., Heautontimoroumenos y Los desmoronamientos sinfónicos. También ha publicado el libro de relatos El Paso. Tiene inédito la novela “Hotel Lima”.



MENCIONADO POR:

Martín Zúñiga Chávez, Andrea Cabel, Alexander Sifuentes, Chrystian Zegarra, Eduardo Chirinos, Eduardo Vílchez, Enrique Bernales, Jack Farfán Cedrón, Juan José Soto, Luciano-Ácleman, Luis Fernando Chueca, Martín Rodríguez-Gaona, Paolo Astorga, Victor Maldonado



MENCIONA A:

Stanley Vega, Juan José Soto , Carolina Fernández, Tania Guerrero, Luis Pacho , Víctor Maldonado

4 comentarios:

  1. vir dijo...:

    opino q nunca dije nada y q nunca fui poeta, pero que derrepente esto me causo muchaadmiracion y asombro una persona tan pequeña y tan grande tan real y tan fantasia, tan distinta, o no pero hay cosas q no se deben de pensar mucho y esta simpkemente es asi una gran felcitacion y un gran abrazo

  1. martin, hermanito! qué bueno saber que ya estás en marcha! te dejo un abrazo y te abro un link pronto
    anibal.-

  1. Lula dijo...:

    Ohhhhhhhh, fotoooo... (?).

    Besotes

  1. Anónimo dijo...:

    Hay un buen retrato interno en tu "José María". ¿Tuyo o de José María? Un poco de los dos, seguramente. Tal vez de muchos que nunca leerán un poema, pero qué importa. Porque ya están en tu poema. Desde ahí existen de otro modo gracias a lo que tú viste en todos ellos. Que ojalá seamos un poco nosotros.