"y es que estamos juntos, como si aún fuéramos niños y nos golpeáramos como olas"
(Alvaro Lasso)

urbanotopía

::: Las Elecciones Afectivas ::: Poesí­a contemporánea peruana del Perú :::

Luis Pacho

























POEMAS:


Los restos de Elías

Dicen que los capulíes silvestres
Guarecían a las hormigas.
En la casa del abuelo se multiplicaban como los días azules.

1
Al fin Elías aspira
el aire que ya no le pertenece.

Una nube de pájaros pugna por sacarle los ojos.

No lo sabe.
Pero la tarde se estrella en su rostro
mientras el sol se marcha
como una balsa a la deriva.

Nada perturbará su partida
aunque las kantutas florezcan en sus narices
o los relámpagos quemen
su sombrero envejecido por el Sol.
Él seguirá regando palo y vidrio
en medio de las pistas de asfalto
donde quedan cientos gritando como él.

2
Sin embargo
la noche se acomoda en su cuerpo.
Abre los ojos
y apenas espanta a los pájaros distraídos
que pueblan la nostalgia de los peñascos.
Al principio logra hacerlo
pero no podrá
-lo sé-,
con la invasión
de la soledad y las hormigas.

Al final del camino
recordará los puquiales
donde puso el ojo y bebió de sus aguas
como los zorros a medio día.
Danzará la fiesta
de las perdices antes de las lluvias
y se irá lamiendo lentamente la garúa
que cae como cierto dolor
de cóndor en picada.

3
Pero algún día
el viento cambiará de aire
y mis ojos no lo verán como siempre:
bailando al final de las chacras
cazando zorrinos
o llamándonos el ánimo a la hora del crepúsculo.
O las veces
cuando se iba detrás de los vientos
y volvía
esparciendo palabras imposibles
y trayendo algunas semillas en el bolsillo.

Pero una cosa es seguro:
sus palabras no se llevarán estas calles
donde cayó respirando lacrimógenas
mientras el Perú
es un cuerpo llagado como su espalda.


Una Diablesa en la fiesta

1.
En cualquier esquina de la ciudad
golpeado por la edad de la lluvia
yo adoraba los ojos de tinta
escondido en el buche del crepúsculo.

Tomaba cualquier luz
de sus entrañas vacías y en medio
del polvo rancio de la noche
encontraba los pechos voluptuosos
de una Diableza en la fiesta.

Parecía mentira, pero era cierto,
vivía en las palabras de un nombre
que ya no existe.
Pero igual, cuidaba sus ojos
que siempre decían que venía
otro día al final de la tarde.

2.
Ensillar la última canción
de los danzarines olvidados
era el fin supremo de ese trama cotidiano.

Con ella trepaba las cumbres más altas
hasta oír las malas palabras
que decía la luna,
y ese universo del que huía
como un cazador nómada se cerraba
en el fondo de mis bolsillos huecos.

Ella sonreía detrás de la humareda
que se abría entre la muchedumbre.
Ardía con los mismos ojos
de una Diableza delicada. Y luego
de la más larga sonrisa
que caía de sus labios ausentes,
rodaba interminable en calles desvencijadas,
donde a pesar del incierto frío,
lo único que viven son las palabras.
(Palabra de macho cabrío. De felino en celo).

3.
En esa arena hervía la garúa.
Era un géiser que carcomía mi rostro
inventado.

Pero el miedo o la soledad en medio
de la noche ayuda a agrandar los sueños.

Y no era este cuerpo cobijado
en su silueta de tinta
ni era su potranca tornasolada
al filo de la muerte. Yo sé:
detrás de las palabras y sus velas
el mundo se vuelve sueño.

Por eso devoraba
el lácteo hálito de los crepúsculos
como un Diablo o Sicuri en trance fatal.
Me sumergía en el nácar
de su hálito serpentino,
pero me enternecía
apenas el alba tocaba mis labios
y huía detrás de las tapias derruidas
que abundan en esta urbe
con nombre de ciudad.

4.
Ahora Ella dormita en mis venas.

Todas las veces que su sonrisa
de plata me mostraba sus ojos
relucientes, yo esperaba sus potrancas
con la lúcida pureza de los álamos erigidos.
Ensillaba sus fauces de bestia
por cielos e infiernos desconocidos
hasta despertar, lívido, al toque
de los sikus, helicones y bombos
de una madrugada en febrero.

Frágil, divina, pez del silencio.
Todavía sus solanas ahuyentan
el instante mismo de la muerte.
Y yo, otra vez:
totora erguida en el más dulce pantano
que vive bajo el lago de sus ojos.

5.
Por último
susurré a sus oídos pocas palabras
como haikus o harawis leves
que por momentos
me devolvieron sus voces
de ángel desterrado.
Y de nuevo la acera fría de estas
noches calcáreas.


País

Mis ojos desatados en nubes alargadas

Mis manos que exhiben un corazón de cernícalo

Mi cabeza que tiene la forma
De un país agujereado por el miedo y la tristeza,
De vez en cuando muestra
A sus arcángeles y demonios escarlata
Y siempre que puede inventa una columna de humo
En señal de bienvenida o despedida.



POÉTICA:

Considero que mi poética esta signada por la búsqueda, hallazgo y construcción de un lenguaje que pueda emparentar vida y poesía, realidad e imagen. Es decir, la poesía como una forma de concebir el arte, la vida y la realidad en un espacio de libertad. Sin embargo, como puneño creo estar ligado a una gran tradición literaria. En ese sentido, mi poesía también es un intento por continuar esa especie de columna vertebral signada por insularidades y colectividades que ha dado el proceso literario puneño, caso Orkopata, Oquendo, Efraín Miranda, o la misma Promoción Intelectual “Carlos Oquendo de Amat”. Trabajo que, como nos enseñaron nuestros venerables abuelos, Churata u Oquendo, no deja de lado las corrientes occidentales o las nuevas posibilidades expresivas, sean nacionales o extranjeras.



BIO/BIBLIO:

Luis Pacho (Laraqueri-Puno, 1969). Es profesor de educación secundaria y abogado por la Universidad Nacional del Altiplano de Puno. Tiene publicado el poemario Geografía de la Distancia (Arteidea, 2004). Actualmente codirige la Revista de literatura PEZ DE ORO y la Revista de Cultura y otras rarezas OJO DE SAURIO. Obtuvo el Primer Premio en los VI Juegos Florales de la UNA de Puno en el 2001.



MENCIONADO POR:

Miguel Ildelfonso



MENCIONA A:

Darwin Bedoya Bautista, Victor Villegas, Simón Samuel Rodríguez Cruz, Fidel Mendoza Paredes

Publicado por Jorge A. Vargas Prado:: 9:45 PM ::

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