Diego Otero

1/27/2007






















POEMAS:


El campeón de tiro

Amamos los poemas con balaceras
pero odiamos las balaceras,
dijo el tipo que fumaba cigarros con pitillo en la aparente calma
.............................. de una terraza soleada.

Ahora es de noche, sin embargo,
y la neblina aplasta el paisaje de edificios
y estira las luces de las hileras
de los postes.

La escena del crimen parece tan desoladora
que no hay ni asesino ni víctima ni móvil–

.................. Pero si miras bien,
me vas a ver parado justo en el centro de esa intersección,
........................ con los ojos abiertos…

............ –La puta madre:
..................esto no es en modo alguno
lo que quería decir.

...... ¿Alguien sabe, pregunto,
por qué se nos han hecho imprescindibles
esos trucos de respiración y de postura
para siquiera soñar con pegarle al plato que lleva inscrita la palabra verdad,
la palabra sentido?


El campeón de tiro, en todo caso, sueña que flota sobre el barrio
...... a media altura,
y reconoce con alivio que ese cuerpo marcado en tiza sobre
.............................. la pista
no es el suyo.

.................. Pero no solo eso.
Reconoce tus ojos. (Sí, tus ojos).
Y sabe que si miras hacia arriba
por un instante
vas a ver las luces rojas y azules de los patrulleros
reflejándose en su piel.

........................ Y sabe que te parecerá una imagen gratuita
........................ y bella.
.................. O monstruosa.



(inédito)

***

Simulador de vuelo

........................–Retomando:

la ciudad, desde aquí arriba, parece solo un papel borroneado
con líneas grises, luces
y manchas.

.................. Y pensar
que todas las historias
hierven
tras muros largos, altísimos
............o se desplazan
en buses iluminados por una lánguida
fluorescencia.

............En el jardín más amplio de un barrio exclusivo,
.................. como siempre,
hay una fiesta de
..................despedida.
..............................Ojos, piernas
y ansiedad.

Tres mozos impecablemente uniformados
ofrecen cerveza, Coca Cola
y whisky
..................como si ofrecieran
una especie de lubricante
para que los invitados sientan
que fluyen
con
naturalidad.

.................. “Las mujeres–
no las chicas–”,
canta una voz chirriante
........................y virtuosa,
“gobiernan mi
mundo”.

Al interior de la casa,
mientras tanto,
un tipo echa llave al lavabo,
cierra el puño
y golpea el espejo
........................ con los nudillos.

Lo hace
para palpar sus rasgos verdaderos, esos

........................ que intuye
pero que no alcanza a ver.

Sangra y se palpa. (El brazo
está dentro del espejo).

Los añicos de vidrio: ahora no solo siente sus
.................. facciones
sino que también las
escucha:
suenan como arena en su mejilla,
en las comisuras
de sus labios.

.................. (La música al fondo, opacada).

Entonces
el tipo al fin se
reconoce...

–empieza
el dolor.


“Todos los remedios
genéricos”, dice una chica equis
con su cerveza en la mano. “La neblina,
las drogas blandas, nadar sola”.

Qué curioso:
ayer soñé que los verdugos y las víctimas tenían máscaras
idénticas.
.................. Blancas, sonrientes.

Y me acerco a todos mis amigos
y los abrazo
(como constatándolos, no sé si
.................. me estoy dejando entender)
entre las luces cortadas, el sonido de los
rasgueos y
los loops,
las piernas que se
mueven,
............ el sudor.

........................ “Qué verdugos, oye. Qué
....................................te pasa”.

Desde arriba,
pensándolo bien,
la ciudad se ve preciosa.

***

Moviola

Para Arianna y Valeria

1

Alguien se detiene al final
de la última calle
de la ciudad.
De una bolsa
de tela marrón
extrae todas las letras del abecedario
–pequeñas, ligeras,
recortadas con absoluto
esmero–
y las dispone sobre la pista
cuidadosamente.
Y sopla.

Yo lo miro con algo de
pena e impudicia
mientras él espera
que en el aire se forme la palabra rayo,
la palabra compasión,
la palabra muerte.

2

La noche podría ser
una cascada de cuervos
alejándose.
Pero no.

Hemos corrido las cortinas
con tal desesperación,
que el paisaje se ha desvanecido
para siempre–

sobre la pista apenas se distingue
un montículo de palabras que no significa
nada.

3

Dejemos que ingrese entonces
ese tenue rayo de luz
en la moviola:

Yo soy ahora un niño extraviado en la oscuridad
de un centro comercial
a medianoche.

Solo advierto mis pasos, dubitativos,
y un frío que me inunda las manos desde
adentro.


En los anaqueles,
cubiertos por una capa de
sombra,
los juguetes exhiben su costado ominoso.
Ese gesto de furia, de dolor o de miedo
escondido en un ángulo del
plástico.

Y sin embargo tomo uno
de ellos–
el robot plateado que despliega las alas si se aprieta el botón
de su espalda.

Y le obligo a decir que no hay por qué temer,
que éste es un planeta oscuro
y que hemos llegado hasta acá para
encenderlo.

El robot vuela sostenido por mis manos.

Mis zapatillas rechinan
en el piso de acrílico.
Y corro.
Y se me agrandan las pupilas
increíblemente.


Afuera, la noche podría ser una cascada
de cuervos
acercándose.
Pero no.

4

La persona que fui
se aproxima lentamente al
ataúd de todos mis balbuceos
con una flor eterna
o artificial
entre las manos.

El amanecer rodea cada uno de los postes del
alumbrado público–

desata los nudos de la luz.

***

El bisabuelo

A la memoria de
Luis Navarro Neyra



Ingmar Bergman entró a mi
habitación (no recuerdo exactamente, pero
supongo que dejé la puerta abierta cuando
fui a sacar la basura)
y me dijo:
“El espejo
se ha destrozado, pero
qué reflejan los restos”.

Entonces le puse mute al
televisor y le respondí en perfecto
sueco:
a lo mejor reflejan la historia
del padre de mi abuela. Lo único malo
es que de él solo
conozco algunos datos, las páginas de un libro
de poemas que se perdió en
el tiempo,
una foto de periódico,
y un punto final
y repentino:
la muerte pintándose los labios
con un lápiz de pólvora.

“¿Qué literario, no?”, comentó Bergman,
y después se quedó callado, mirando la muda sucesión de
imágenes
en la pantalla.

En ese instante
se apagaron todas las luces de la ciudad
y no se me ocurrió nada mejor
que cerrar los ojos
e intentar dormir.

Cuando desperté
estaba en Ica,
parado frente a un algarrobo
que hundía sus raíces en el borde de un enorme
acantilado.

El árbol parecía prenderse de la tierra
con una especie de
estática desesperación.

Y entonces (no sé cómo)
recordé los versos del bisabuelo
y los repetí en voz baja:

“Si a veces me ha invadido
esa nostalgia de la edad primera,
por ti ha sido, algarrobo solitario,
nacido en la pendiente de la cresta”.

Luego vino un viento atroz
que sujetó las palabras que salían de mi cabeza,
las remeció y
desgarró
como si fueran ramas enfermas,
y las arrojó al abismo.

Sentí como si me hubiesen sellado los labios y sentí
el arrepentimiento:
alguien creándome una boca
a cuchillazos.

Pasado el vértigo,
solo puedo decir que últimamente sufro de insomnio
y que sobre el bisabuelo no sé
mucho.

Es más,
los datos que conozco son escasos e inconexos:
una tesis de 1904 que defendía los
derechos
de la mujer,
González Prada escribiendo con letra oscura y
rigurosa
la palabra anarquía.
El periodismo, el miedo,
los murmullos
de los hombres que frotaban, como excitados,
la esfera dorada
del poder.

El bisabuelo murió a los 32 años,
en la puerta de su casa.

Un pariente conserva el sombrero de copa
que llevaba ese día:
está intacto, salvo por el agujero
circular
de la bala.



(poemas de Temporal)



POÉTICA:

Sobre la poesía puedo decir pocas cosas. Me interesa cuando es intensa, divertida e inteligente, y cuando no huele a libro empolvado o a discurso pontificante o populista.



BIO/BIBLIO:

Diego Otero nació en Lima, en 1973. Ha publicado los libros de poemas Cinema Fulgor (Colmillo Blanco, 1998) y Temporal (Solar, 2005). A fines del 2006 realizó, junto al diseñador gráfico José Antonio Mesones y al músico Santiago Pillado-Matheu, el proyecto artístico en formato de libro denominado La Grabadora-The Sound Of Periferia. Se dedica al periodismo cultural, y ha publicado artículos, poemas y traducciones de poesía estadounidense en revistas como Quimera y Lateral en España; La mujer de mi vida, Quehacer, Lienzo, Mesa Redonda y Debate en Perú.



MENCIONADO POR:

Martín Rodríguez Gaona, Eduardo Chirinos, Gabriela Wiener, Ana María Milla, Ana Carolina Quiñonez Salpietro



MENCIONA A:

Jaime Rodríguez, Martín Rodríguez-Gaona, Carlos López Degregori, Mario Montalbetti, Julio Llerena, José Carlos Yrigoyen, Rodrigo Quijano, Gastón Agurto

2 comentarios:

  1. Anónimo dijo...:

    este muchacho tiene un pluma muy fina aunque su mirada puede ser tan pertubadora a veces...

  1. Anónimo dijo...:

    nocturama, el último libro de diego otero, es notable. de lo mejor de los últimos años.