Urbanotopia texto 2

Sofia Buchuck

1/12/2007






















POEMAS:


Pongo mi corazón entre tus manos
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Esta noche de estrellas solitarias,
De sonidos taciturnos,
Y fugaces luces entre alma de ladrones,
Desesperados por la vida,
Corriendo de la muerte.

Me embriago y pongo mi corazón entre tus manos,
Bebo la copa del último vino,
Dejo que conozcas los lugares mas obscuros de mi ser,
Me refugio entre tus ojos y el silencio de tu boca,
Mientras el amor se escapa de mis labios.

Transito transparente entre los pasos del olvido,
Al encuentro de tus brazos ausentes,
Alcanzo a ciegas la copa de la luna,
Y la acaricio con plumas y flores.
Me sujeto a tu lado,
Allí me exilio.

Es liviano el silencio en mi oído,
Tu aliento a hierba y a sueños.
Dejo mi corazón entre tus manos como un ave,
Las calles electrizantes de emociones miran,
En venta van todas las ilusiones.

Y dejo mi corazón una vez mas entre tus manos como un niño.

***

Te vas

La luz de los cóndores descansa,
Sobre la cabeza de mis antepasados.
Se me cae el corazón de las manos,
Cuando beso la frente ancha de tu piedra.

Quisiera pensar que todo es nuevo,
Pero bajo las pupilas, mi pueblo llora sobre la arena.
Los dioses duermen callados sus milenios.
Mientras te pierdes entre las sombras de la noche,
Otras veces llegas cargado de lirios y me amas de madrugada.

Soy la cantora que llora sobre tu canto,
La que trasunta peregrina sus sueños.
Me hermanan las fronteras de los ausentes,
Entre el viento y la lluvia de soledades multitudinarias.

Tu voz queda atascada entre los mares,
¿Donde habita tu silencio?
Veo en el espejo del agua,
Como mueren callados los átomos de mí sangre.

Miro la vereda de tu olvido,
A la luz de los autos que huyen mudos.
Nada de mi tutelar herencia te reclama,
Nada por que no serás mió,
Solo la sangre que bulle entre mis venas.

***

VENADO AZUL

Azul la madre,
“Toci” de dioses,
Sobre el mar y la tierra.
Más antigua que el tiempo,
Como el aliento de un recién nacido.

La madre cósmica y las abuelas son azules,
Wiracocha…
Azul y semilla misma.
El vientre de la madre azul cristalino,
Como el agua de la luna cíclica.

Azul el venado mitológico
Huichol…
Azul los labios sin amor,
Azul los sueños del exilio,
Azul… tu alma alcanzando la catarata eterna de la vida.

***

El árbol de la vida.

Alzado el árbol,
Sobre sus propias raíces.
Extiende sus brazos,
Hasta llegar al universo cósmico de los ancestros,
Interconectándose con la divinidad de dioses y estrellas.

Veo cada rama de este árbol como si fueran mis tíos y tías,
Mis hermanos mayores y hermanas,
Sobre ellos están otras ramas más pequeñas,
Ellos son mis primos y primas,
Mis sobrinos y sobrinas más grandes.

Los bebes sonríen desde su copa,
Ellos son sus nuevas hojas,
Flores frescas de la familia,
En fuertes naranjas y azules,
Colgando desde la corona misma del árbol orgulloso.

A veces veo a mi padre bajo la lluvia,
Camina solo y pensativo,
Mirando en silencio las diferentes generaciones de su entidad,
El cielo vierte entonces un leve suspiro,
Y del árbol emanan palabras sabias para sus nuevos pimpollos.

Al fondo del tronco,
Veo a mis abuelos y abuelas,
Abrazados descansan en el vientre de la tierra.
Veo el color violeta de la vida y de la muerte,
Entrelazándose como puentes entre las raíces mismas,
Hasta dispersarse para siempre en el vasto territorio de esta tierra.

***

Lo que heredaré

Heredaré de mi madre su cocina,
Los manteles bordados bajo la luna,
Las ollas de barro arrinconadas en el gallinero.
Aquellas gruesas de hollín de las que nunca se deshizo,
Aun en inundaciones y huaycos cargo con ellas,
Y callada,
Mi madre sabe que la fiesta es grande,
Y en ellas bullen los guisos más sabrosos.

Heredare los vasos altos y anchos,
Que entre cenas y velas se habían juntado de varios juegos, haciéndose familiares.
No aun no compres nada me dice a mis 33, con su voz de amapolas suaves.
Heredare también los cucharones de madera,
Que cuelgan ya gastados en un palo desde el techo de la cocina.
Las gallinas y sus polluelos, las mazorcas de maíz.
El danzarín pato, los cuyes,
Y el gallo volador.
Heredare además el plato hambriento de mi hermano.
La mesa con su yuca y la cafetera cantora.

Ella que había perdido tantas veces,
Ahora a sus 73 años decía que había de empezar de cero,
En algún lugar del planeta.
El perro brujo de ojos rojos,
Esperando por más de quince anos mí retorno,
Y ladra en la ladera resguardando a mi pueblo.
El patio de arcillas amarillas y oscuras,
Tendida como sabana de infancia sobre los pasos intactos.
El teal de aromáticos olores,
Alzado de verde sobre mis ojos.
Los nísperos y paltos antiguos,
Madurando al canto leve de mi madre,
Eso no heredaré.



BIO/BIBLIO:

http://www.sofiabuchuck.co.uk/



MENCIONADO POR:

Nora Alarcón



MENCIONA A:

Carlos Huamán López

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