Carlos Garrido Chalén

POEMAS:
CON SUS HUELLAS DIGITALES, LA PALABRA
El mío no es gemido de paloma
ni soplo de fuego en la fontana.
Calado hasta las orejas, no soy
un barandal de luna que delira
o abanico de colores y de cántaros.
Desde ningún lugar arenga este amor en llamas
un aliento interminable de cortinas
y un sonido sostenido de campanas.
Todos los montes debajo de los cielos
cubiertos fueron un día por mi aljaba
mi cuerno no resuena, se estremece,
en la casa de castores de la nada.
Yo no he venido aquí
para pedir su lumbre a la mandrágora,
como palo de ciego que se agita
o tren detenido en la montaña.
Mi sangría continua tiene un nombre
que repiten como himno las cigarras.
Debajo de la olla hay estrépito
y en mi torreón de navío un relicario;
he callado en todos los idiomas
como turón oteando los trigales.
En flecha viajé a la hojarasca
cerca del lauredal nació el relámpago
y en mi entraña de árbol se hizo arrullo
con sus huellas digitales, la palabra.
LLÉVAME COMO TALISMÁN
JUNTO A TU PECHO
Me hubiera gustado
fundar una ciudad o conquistar un Continente,
independizar algún pueblo esclavizado
o proclamar la rendición simultánea
de dos tribus que guerrean
(de repente me fumaba yo solo la pipa de la paz)
pero nada de eso he podio hacer
(ni me han dejado).
En realidad nací
cuando todas las ciudades estaban fundadas
y los Continentes conquistados.
Mas tú, eres mi ciudad, mi Continente,
mi pueblo, mi tribu y mi mañana
(para qué más)
y teniendo tu territorio
tengo la luz
y todas las ciudades y los Continentes
me pertenecen,
me los adjudico sin permiso alguno, los tomo
(así como me ven, con mi bandera blanca
y mis ojos de niño);
y amaso y hago panes cocidos debajo del rescoldo,
pues aunque se me rompa el corazón de tanto usarlo
quiero reconocerme en ti
hoy que regreso de mi exilio
y como un aguafiestas buscarme en tu alambique.
Y digo que es inútil soñar con proclamar
la paz entre dos tribus que pelean
si vengo ahora con mi nuevo disfraz de fantasma
y mi voz de Cacique
para pernoctar definitivamente en tu granero.
Pero recuerda que el mundo es un peligro amor;
de modo que cundo salgas a la calle
llévame de talismán junto a tu pecho.
ESCRIBIENDO LO QUE OTROS ESCRIBIRÁN RECIÉN MAÑANA
Como legionario de la nada
trepado en una higuera
intercedo por todos los que moran en el globo
y escribo lo que otros escribirán mañana
y mi lengua de colibrí hace florecer cucardas.
Diestro con el lazo, subido en una alondra
llevo mi fervor de ópalo a mi tálamo
y hago mi posada, justo en donde orla la ola
de todas las ventiscas.
Zahorí de páramos, pinzón de meandros
pueblo con imaginación de armero mis confines
y busco compañeros de cordada.
Como soy ave de costumbres singulares
en mi nao de soñador y capitán
jugando entre moras, me enternezco,
al son de mil tambores
y guitarras.
BOGANDO POR EL CIELO
EN MI BARCAZA
Tengo aroma de jazmín
para desorientar a mis enemigos
y con él, desde mi fuerte,
defendiendo las costas ocupadas por la tarde
me rebelo.
Marino del Universo
utilizo la vía de lagos para bogar el Cielo
subido en barcaza
y veo el mundo desde arriba
como los satélites
y de cara al mar o a la montaña
levanto muralla
para convencerme que existo.
Como conozco el arte de sobrevivir
me convierto en pájaro cantor
e imito el canto de otros pájaros.
Me apego al árbol elegido
y me disfrazo de algo cuando quiero
como orquídea que adquiere apariencia de abeja
para atraer al zángano en la bruma
y como también parezco monzón estival
portador de lluvias abundantes
me muevo a velocidades superiores a bala de rifle
y soy ráfaga de viento y zarzal eterno,
un ñu, un tejón y un fuego fatuo,
el iceberg desprendido del glaciar
que se va deslizando poco a poco.
En góndola fastuosa recorro paisajes de la tundra:
con una mano sostengo el tamboril
y con otra mi báculo de pastor y peregrino.
DESCIFRANDO EL IDIOMA QUE HABLAN LOS ESPEJOS
Antes que el sol relinche en el cielo
como viento encabritado
sobre los doce equinoccios de la nada
subido en el árbol de la mirística, sueño,
y al amanecer rodeo mi ciudad para engastarla de amor
con mis jacintos.
Vigía presto a captar cualquier ausencia extraña
purifico con mi magma la atmósfera
de la metrópoli
y produzco el mismo sonido de castañuelas que producen
los hilos en la rueca
y el que pone en depósito sin fondo
los abismos me encarga su rebaño.
Me vuelvo conforme a la promesa, corriente de agua
para calmar su sed
entonces bato mis alas 250 veces
por segundo
y sobre una pira de sándalo me levanto
para predecir la vida,
y así es como entiendo el idioma
que hablan los espejos.
Tengo el aroma de barniz
de un restaurador de antigüedades
y como grillos, mi propio chirrido, mi propio viento
mi propia travesía.
Soy relámpago con cola de cometa,
una perla, un castor, un lagunato.
BIO/BIBLIO:
Carlos Garrido Chalén (Tumbes, Perú, 1951). Poeta, abogado y periodista. Premio Nacional de Poesía. Presidente de la Unión Hispanoamericana de Escritores, Embajador Universal de la Paz en el Perú del Cìrculo de Embajadores de la Paz de Ginebra, Suiza; Past Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Tumbes. Tiene publicados, entre otros: Itinerario del Amor en Vallejo (ensayo, 1991); y, de poesía, El sol nunca se pone en mis dominios (1993); Confesiones de un árbol (1997); Memorias de un Ángel (2003). Ha obtenido diferentes premios y distinciones nacionales e internacionales
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