POEMAS:
Buscando un bar en Lima
En tiempos de Adán
podríamos haber tejido
el mapa de nuestras borracheras
envolviéndonos del frío
como un hato de miseria.
Pero ha muerto
y esta nada ansiosa
puede aseverarles
que no queda
ni un solo bar en Lima.
Existen solamente
artificios insulares
de tragos coloridos y precios
rascacielos;
y antros moreteados
y centros culturales
do recitan los poetas
sus fútiles huevadas.
Nunca tipos solitarios
buscando las plegarias
sino congregaciones
de imbéciles y sus
pródigos bolsillos.
Hace años
busco un bar en Lima
y sólo hallo
ficciones, apariencias, caca.
(de: Antología de la Literatura Bizarra del Perú “Abofetear a un cadáver” Bizarro Ediciones, Lima 2007)
Efímera compasión
-A mi papá lo mataron- me dice, mientras fumo.
Recuerda en sus ojos puros la tortura de la infancia:
cuerpos tirados junto a unas piedras
Huánuco, Tingo María
A mi madrina, mi tío y a su hijito- monologa.
Agradece a Dios que su madre viva
lejos, en otra tierra, no le importa.
Y huelo el perfume de su cuerpo:
a Cielo, como aquella que amé un día
pero a ella, a la huérfana, acabo de poseerla.
Antes de tocarla dijo que su cuarto espera al fondo
y ahora narra sus desgracias y siento lástima de mi rabia,
impotencia y oigo que maldice a unos fanáticos
-Que se pudran en el infierno- murmura
y le pido otro cerillo.
Mirándola, mirando las avellanas transparentes
y la flama bifurcando su retina, aun así
no veo malicia en su rostro.
Apenas ha dejado los catorce
y he anochecido en sus entrañas
sin conocerla
sin pensarlo.
Que se pudran en el infierno- repite.
Y comprendí su historia y su lamento en una fricción carnal,
en la eyaculación violenta de lo efímero.
-Hueles como alguien que conocí- recordé en voz alta
-Es Cielo- gimió ella entre jadeos mohínos.
La luz apagada, el miedo a que la descubran
en ese catre estrecho y cerril rodeado de trapos
junto a un manojo de sombras henchido de abandono.
He vapuleado sus vísceras porque así lo hemos querido
Ha labrado mi goce relamiendo mi sexo desesperadamente
Y sin nada a cambio, sólo la intención de volver a costarnos
tal vez de intercambiar soledades.
Algo así como fumar de a ratos
de un mismo cigarro.
Bella profana
Tu nombre
Acorde a tu perfume
Se escribe rebelión.
Huiste de casa
Llevando mi voz bajo tus brazos
Y una señera esperanza
De poder hallarnos.
No vislumbraste el fango
Congestionado en mis arterias
La insuficiencia de etílicos mares
Venciendo tu desconsuelo
A cambio de mi absoluta redención.
¿Para qué engañarse?
Sabíamos de nuestros días
esos tatuados excesivamente
por el deseo; ceremonias gozosas
que tu soledad rastrea,
esas voluntarias
violaciones a tu infancia
enterradas bajo sutiles
rasgos de pureza.
Tal vez pudo ser otro el camino
mi viciosa
sólo que gente como nosotros
de antemano está perdida;
Vivimos en lo ignoto
incendiando la vida
y cuando te volviste arte
firmé tu corrupción.
Luego, la distancia.
¡Huele mi distancia!
¡Huélela, perra!
El celo quema tu designio
Y nuevamente bendecimos
Esos hostales miserables
Donde acumulaste culpas
Embriagada por mi anhelo.
Ese que te ama no conoce
El despertar de tu lujuria,
Jamás ve en tu boca
La trágica aventura de
Renunciar al perdón.
Era tu increíble belleza
Desierto pontificio
a otros prometido
mientras bebía del inagotable oasis
zanjado entre tus piernas
secándote el amor.
(De: “Séptima Epístola a Martín Adán” Bizarro Ediciones, Lima 2008)
Vida. Noviembre 2007.
Los pintores que admiré están muertos o en museos
Buscarlos es adentrarse en un absurdo mayor al vivo.
Mis amigos terminaron encerrados en cubiles
Y cronogramas de pagos.
Las mujeres que amé
Casadas, de putas, o de empleadas de tal o cual empresa
De mierda.
Los lugares que conocí,
Convertidos en pollerías, en huevadas evangélicas
O cosas peores.
Las calles donde vagué
Enrejadas, en cada esquina guachimanes enanos y monótonos
Haciendo ruido con sus pitos a cada instante.
Los puteo,
Hacen más ruido. Los puteo. Hacen más ruido.
Al carajo.
Ésta es la ciudad más discriminadora del Mundo
Y parezco un loco. Un tipo se acerca a conversarme
Lárgate, huevonazo. Puras rejas, rejas y más rejas.
Incomprendido, vilipendiado y apartado
El invierno, el verano, el otoño, las galerías infectas
Las editoriales piojosas
Las notas en el periódico de los mismos de siempre.
En el televisor: un poto.
Reviento el timbre de mi casa,
Remato el televisor,
Mando a poner vidrios el triple de gruesos.
Pongo a Perujazz.
Una mujer y yo hacemos el amor,
No tengo la menor idea de quién es,
Dice que leyó mi nombre en un periódico, hace años
Que vio una entrevista. Te confundes, le digo.
Me pregunta con cuántas mujeres he estado,
¿Cómo coño voy a saber algo así? Mira los cuadros.
No tiene importancia. ¿Me pintarás? Silencio.
Susurra palabras dulces: pinga, perra, te amo. Luego se marcha.
Ingenuo, marco algún número, ofrezco un poco de charla
Y un par de botellas de vino.
No hay caso, tienen que preparar proyectos
Charlas, informes, clases, el hijo enfermo, la mujer enferma,
El esposo enfermo, la vida enferma, el florero enfermo.
Bah. ¿A dónde se fueron los poetas?
En los bolsillos, apenas tres monedas
Cuando en las elegantes galerías mis putas invendibles pinturas
No bajan de centenas verdes.
Al carajo,
Docto en lenguas muertas por las huevas
Entro a una discoteca sucia
Y pido una jarra
Y busco una mesa
Y escribo bagatelas como ésta
Rodeado de locas, marcianos
Y fantasmas.
(De: “Versos de un pintor joven, autodidacto, alcohólico y desconocido”, inédito)
BIO/BIBLIO:
Iván Fernández-Dávila (Lima, 1983). Pintor y poeta peruano. Mayor información: http://www.fernandez-davila.blogspot.com
MENCIONADO POR:
Anahí Vásquez-de-Velasco


Oquendo de Amat vuelve de la tumba en Historias asombrosas.