Roy Rengifo

























POEMAS:


I
A Nella

Eso de abandonarme a un rostro. Y de pronto encontrarme yo mismo diciéndome. Como si me fuera escribiendo yo mismo. Escribiéndome. Regalándome una noche en vela. Una noche en la que cualquier palabra se niega a ser escrita desde aquí. Tengo que dormir un día de estos. Todas las razones de mi ausencia, todas mis palabras, mi soledad entera esperando por un poema que nunca termino, y aun así sé que en realidad sólo espero tu cuerpo colgado de cada palabra mía. Mirarte a esos ojos sin querer saber qué reinvento cada noche, y de pronto, mirarte, tan así, tan sin saber, me harías falta para no querer morir. Nunca he entendido por qué esta necesidad de dolerme tanto, de herirme, de amor. La necesidad de un amor al cual amar. No entenderías. Tu rostro fue el poema más difícil, la quietud más inverosímil, más tierna. Tú no lo entenderías. Tus ojos, cuando yo hablaba, y decía, y contaba, la historia de tus ojos, siempre detenida aquí, conmigo, mientras yo iba diciéndome que un silencio así sería motivo para la más hermosa espera, si yo, si tu amor, una noche perfecta. Tu cielo abierto. Lento. Muy lentamente. A tu lado, cuando acercándome a tu cielo abierto yo. Esta vez quiero quererme anochecer contigo en otra parte. Y luego, tu voz cayendo desde el cielo, como un temblor inundándome cada espacio del cuerpo. Una voz que dice. Que llama. Mi voz entorpecida llamándote desde tan lejos. Eso de abandonarme a un rostro. Entonces. Ahora. Cada detalle de mi vida esperando por ti. Mi vida. Regalándome una noche, escribir, muy mal, sabiendo ¿qué cosa saber? Mi rostro y tu rostro buscando, desapareciendo. No. Quiero terminar. Quiero encontrarle un lugar a mi cuerpo vacío, a mi pequeña soledad abierta.


II

Para que mi piel aguarde el preciso instante en que se suceda la lluvia, para que mis labios se adhieran perfectamente a la imagen que dibujaban tus ojos, yo reunía, probaba la señal exacta de mi soledad buscando perseguir el sol mientras sólo podía pensar en esta quietud insomne o transparente, siempre mucho más allá, siempre demasiado lejos. Llévame- dije, para no tener que cubrirte de estas viejas palabras con las que jugamos a aprender sabiendo que de nada nos ha servido intentar decir que no podemos más, huir, respirar de esa ilusión caliente que nos prende el cuerpo. Y qué. Escribir y atarnos a esta habitación que también ahora resulta ser el espacio más ajeno del mundo para ir uniendo pequeñas frases que puedan caber en mi boca, armando todas las palabras que puedan viajar entre la niebla, de manera que abría, desplegaba mi memoria para que me reconocieras, te fui deteniendo silenciosamente para que tus labios movieran el aire, para que fueras curándome con tu voz. Sí, llévame. Yo imaginaba. Yo me acercaba a ese lugar que iluminaba tu cuerpo rehaciéndose mil veces mientras no podía entender si lo que se iba disolviendo era tal vez tu voz, sí, tu voz, inerme, brillándome, deteniéndose un segundo, adiós adiós.


III

A Edeysa

Yo intento dibujar el ofrecimiento de mis labios, propiciar el advenimiento de mi rostro en una hoja de papel, esculpirlo de manera que pueda producirse el milagro de mi voz haciéndose tangible, interminable. La gestación de la niebla que se agita doblándose mientras pueda equilibrar mi voz para que todo sea mis palabras aconteciendo en un espacio inconcluso que quiero contar sin tregua imaginable, la extraordinaria quietud de mi cuerpo en espera de una palabra que desate, que prolongue el indicio de mis palabras como su único momento posible, de manera que cada vez que iniciaba el retrato de un sol que diera lugar al presagio de mi cuerpo en plena indicación de partida, me desamparaba, me resumía esperando poder invocar hasta la inverosímil comparecencia de la lluvia. Y mi apresuramiento por intentar hablar lo que fuera necesario para no entender mis ojos como la mediación exacta para dejarme escribir, me vi a través de la calle apenas pudiendo corroborar palabras que ardían en mis labios. Así que opté por pensar que las había olvidado infinitamente a fin de que se evaporaran, de que se disiparan en la noche de la niebla, pero era el espacio del silencio afiliándose a mi voz para que desaparezca todo anuncio de mi memoria abriéndose a palabras nuevas, incluso confinarme a un orden mediante la creación de un lenguaje esencial que adhiera a mi boca el relato de mis palabras volviendo, retornando.
Premeditación, fervor, necesidad, omisión, una ilación de palabras ciñéndose al sonido de mi voz, sobre todo atribuirle la invención de un poema al recuerdo de las olas yendo y viniendo, eso fue alucinante. Esa noche no podría haber dejado de intuir cómo el viento iba demorando la escena de mis poemas apagándose para siempre, para nadie.


IV

Si pudiera atar la noche a mis palabras, iluminar a oscuras estas frases que nunca son lo que en verdad quisiera decir, sílabas amontonadas que no sirven para unirme más allá de una noche en la que no sé más que respirar de la necesidad que me obliga a nombrarme, a reconocerme en poemas que apenas puedo leer, entonces, la noche sería como gotas de silencio cantando por mí, simplemente la imagen de un poema escurriéndose en las hojas, como no encontrando, como no sucediendo en un lugar mejor, quiero decir, un poema apenas naciendo, respirando, mientras yo no comprendía si pedir, si gritar al borde de mi cama equivaldría de alguna manera a mi corazón, a mis labios deteniéndose, cada detalle de mi cuerpo esperando una señal, el avecinamiento de un poema que indique que no intento otra cosa que no sea anudar las palabras, como si se tratara de intentar evocar el sol, adherirle un pedazo de sol a cualquier cosa que vaya escribiendo, todo para cerrar los ojos, buscar cerrar la lluvia, el aliento de la lluvia cerrando mi garganta para siempre, y todavía, llorar perfectamente insomne, como si supiera de una vez que ya no sería posible amar un poema, armar un poema en toda mi vida. Conozco la noche como pequeñas flores muertas, la historia del sueño en mis ojos abiertos, que el cielo se abra, dije, que mi voz se quiebre, entonces yo escribiría algo así como un silencio, un ajuste de cuentas entre la ausencia y yo.



POÉTICA:

Escribir en todo caso sería algo así como un ajuste de cuentas, una especie de intento para poder curarse, aunque innegablemente tiene mucho de venganza también.



BIO/BIBLIO:

Roy Rengifo
Nació en Lima, 1986. Poeta. Insomne. Obsesivo. Ha sabido fingir de manera casi perfecta como profesor de inglés que es aparentemente la única forma de no resultar tan exasperadamente inútil. Actualmente es estudiante de francés. Ha participado en diversos recitales y conversas. Se encuentra preparando un poemario.



MENCIONADO POR:

Galia Gálvez Retamozo



MENCIONA A:

Carla Mosquera, Ángel Álvarez, Manuel Torres

Martín Zúñiga

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