Alexander Comundo























POEMAS:


Sin titulo I

Mi carne arde,
se despluma,
mi lanza se parte,
se hunde el disparo
y cien látigos viscosos
me suavizan.

Pero estoy vivo,
me cuesta levantarme,
tirar la piedra
hacia el tiempo de venganza
que poco a poco es tangible.

La batalla duró
pedacitos de luna,
deliciosas confesiones,
amores y odios
entrecruzados
(tejidos delicadamente),
la maldad más artística
y ni qué decir
de la derrota
tan malintencionada.

Se desaparecieron el uno al otro.


Sombra enjaulada

Hermosa flor de noche la sombra
cuando salen la bestias,
tribunal de enemigos,
de las jaulas abiertas en tus manos abiertas
para escapar de tus manos
donde canta el avecilla
con sus puntos de sal
y el delicioso cuervo
de nervios congelados
hasta el impacto
de la sentencia y el reencuentro
que vuela en toda mi alma
de horizonte temprano
sin huellas ni dientes incrustados
en el ritmo que agita el viento y el agua
porcentual de la sangre
donde nace, crece y madura
el inicio subterráneo de la muerte.

La hermosa flor intocable.


Sin título II

Aumenta la ración
como para un elefante amaestrado
y divisa el cristal que perdoné
para escribir sobre él: ¿me buscas?

Por favor, pídele la respuesta
y repite ¿me buscas?.
Viejas creencias que se rompen
como una vena de mi cuello
que cuelga y sangra baba.

Pero no le digas dónde estabas
ni cuándo sucedió.
Dile que vi a su madre muerta
dile que le manda saludos
como un mínimo detalle.

Después de todo, el mar que recuerdo
y destroza mis oídos
bajó la ración como para un elefante amaestrado.


Remordimientos

¿Y lo que hice en el pasado no es acaso este deseo
de silenciar el futuro en su pensamiento?

¿Por qué tanta desesperación si puedo retroceder
hasta lo que escuché y puedo decírmelo?

Lidiando muy cerca de los abismos voluntarios
y mis defectos tranquilos.
Estos últimos defectos tranquilos que ya vendrán.

Todo apartado en la imposibilidad del silencio
quiero figuras inmóviles caminando por mis ojos,
quiero apartarme viendo hacia atrás,
llegar a donde pueda seguir viéndolas.

Un pensamiento perfecto a la medida de falsos conjuros,
como si existiera la magia entre los dos.
Me sorprenden tú y tu poder de cegar a la otra persona que soy yo.


Sin título III

Es un placer
tocar mi sexo en las noches.
Se diría que mis manos son de seda
pero no recuerdo la seda.
La seda debe ser un líquido blanco,
suave y tibio
como la espuma del mar
en un día agitado.
Y como el mar
debe cubrir la seda todo el cuerpo
y brillar
como brillan al sol
las telas de las arañas
con sus bichos atrapados.




POÉTICA:

Siempre estar de incógnito. Si se descubre el verdadero nombre de la poesía, no importa. La poesía termina si todo tiene un solo nombre, una sola poesía.



BIO/BIBLIO:

Alexander Comundo (Lima 1982) estudiante de literatura de la UNMSM. Ha publicado en la antología Generación del 2000?(muestra de poesía joven) de la editorial Círculo Abierto Editores.


MENCIONADO POR:

Eberth Munárriz

Martín Zúñiga

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