Luis M. Hermoza























POEMAS:


De CUERPOS INFANTILES

i.

Cuerpo de embudo.
Niño embudo.
No llames tanto ni grites
que todos están dormidos;
ya nos dejaron solos.
Hasta la penosa sombra se ha perdido
en toda esta inmensa sombra.
No te pares detrás de las puertas a esperar,
ni me busques con tus brazos levantados.
Niño embudo,
es mejor que duermas.
Pero cuenta buques pero con cuidado.
Recuerda que el tigre aún duerme detrás tuyo
y el lobo aúlla tus palabras
lejos
siempre
a estas mismas horas.

De Cuerpos Infantiles


Casi desencajado

Hay veces,
hay voces,
hay vacíos que guardan
y que aguardan.

Hay veces en las voces vacías,
y mujeres que duermen con sus vacíos
y que luego van al mercado al despertarse
y se llevan a los niños a menudo.

Hay mercados vacíos también:
personas inmóviles con sus cuchillos bien afilados,
un poco de vacío para el almuerzo pediría yo,
pero ella pide pescado.

La noche,
la luna, la ventana,
y la ventana que se tragaría la noche
la luna si por mi fuera.
Una ventana vale más que un faro,
y un faro sería más revelador
si en vez de luz
tuviese un grito dando vueltas.
-No se alza la voz en la mesa.
(Como todas las noches,
hay que respetar al difunto, pienso).
-¿Me pasarías la lechuga para que todo
esté
perfecto?
Si supieras que ni me gustas, pescado,
que sólo te incrusto el cubierto porque
quieren los grandes, entonces
sentirías más triste tu muerte (supongo)
y la de los tuyos (también lo supongo).
Diría que saliste temprano, a jugar no sé qué cosa,
ni siquiera supiste de la red que te arrastraba;
aunque los que queden griten,
tú ya estabas perdido.

Hubiese sido mejor hacerle caso a tu madre,
¿tú qué crees?
Pero en todo caso, pescado,
no tiene verdadero caso
ahora.

[La casa en la playa que construimos...]

La casa en la playa que construimos
vuelve a ser
la misma casa olvidada que dejamos en el desierto.
Hoy lo pensé de nuevo mientras caminaba
de la carretera
a la orilla.

El mar es hermoso.
El horizonte enceguecedor.
Pierdo la vista donde van a parar las gaviotas,
los pescadores con los delfines,
las intenciones.
Puede parecer extraño,
pero introducir las manos en la arena tibia
es como introducir mis manos en mi memoria.

A pesar de todo, te podría decir
que se conserva como la dejamos:
las paredes siguen siendo blancas
y las cortinas trasparentes continúan ondeándose
al compás
del viento.
El viento abre y cierra las puertas,
las ventanas rotas, a su antojo; los cristales lo hieren
pero necio vuelve a levantar la arena que se cuela
por la cerradura.

Nuestro espacio sigue en el rincón cálido de la casa,
pero ahora una capa de arena lo cubre,
así que me cuesta encontrar
el rincón cálido de la casa.
Entonces saco las manos de la arena,
y vuelvo a mirar el horizonte.

Cuando se hace de noche y todos regresamos
yo miro el desierto. El viento es duro,
y despierta y mueve las dunas
como gigantes sonámbulas.
De lejos la casa se ve casi transparente,
pero no lo es, sigue allí.

(Me pregunto quién de los dos estará ahora)

Entonces, una duna
con vestido largo pasa bailando y dando vueltas
frente a casa. Es un espectáculo enternecedor.
Pero el viento es duro.
Algún día introducir las manos en la arena tibia
será
como introducir las manos en la arena tibia.


MI MURCIÉLAGO

Mi murciélago se cuelga,
se abriga con sus amplias axilas
y espera
que ninguna pulga le moleste el sueño.
Así pasa las horas de los días
mientras yo me visto y tú te vistes
y salimos juntos a trabajar
y comemos
y tomamos el metro y regresamos.

Después de cenar te suelto,
y pareciera que no quisieras irte
si no fuera porque bostezas
y te rascas
con el dedo de tu axila
la cabeza.

En el fondo me gusta verte salir de casa,
esquivar la lámpara de madera
que coloco de nuevo al centro
(aunque bien en el fondo).
Tú no lo notas nunca
pero siempre dejas un polvo amarillo por el cuarto,
de tu puerta a la ventana.
Si no supiera tu lamentable aspecto pensaría
que por aquí pasa una mariposa.

Siempre me pregunto,
por qué regresas siempre
como me lo pregunto a esta jaula
antes de que despunte el alba y te convierta
consecuentemente en ceniza,
Por qué si hay tantos lugares más oscuros
que este cuarto, nuestro cuarto.

* * *

El sueño me agobia temprano y tú lo notas,
aunque de cabeza lo notas. Pero a ti también.
Me lavo los dientes
y miro frente al espejo
la navaja cada vez menos dura.

Mi murciélago me mira de cabeza,
me mira desayunar de cabeza
después de salir del baño.
Yo no pienso que lo haces por cariño;
tu mirada se me aparece tan pequeña
mientras mastico
el pan.
Antes de salir cierro tu jaula,
cierro mi puerta,
rejas, rejas, rejas.
Seguro lo haces para conciliar el sueño.
Pero como siempre no te culpo de nuevo.



PÓÉTICA:

Antes creía que la poesía era el fin de mi vida, el motor. Hoy le he perdido la fe. Hace dos años que no escribo un poema que conserve. He escrito poquísimos desde entonces y los he tirado. Los escribí por juego, simple juego de alguien que sabe que si quiere puede escribir un poema cuando le da la gana. Ni siquiera me apetece ahora publicar los dos libros que tengo acabados. Cuando me veo tentado siempre me cuestiono el por qué y una brutal pereza me obliga a desistir. Supongo que los publicaré un día y nada, nada habrá cambiado ni en mí ni en el resto. Me he pasado a la narrativa. Creo que se puede ser más superficial con ella, más frívolo; y eso me gusta.



BIO/BIBLIO:

Luis M. Hermoza (Trujillo, Perú, 1977)
A los 6 años me mudé a Lima. A los 22 a Barcelona, España. Su alejamiento del Perú le significó un fuerte desprendimiento al punto de que casi le cuesta la vida. Lo superó, lo que lo enorgullece : podría no volver más al Perú. Se licenció en Filología Románica por la Univerdidad de Barcelona. Ha realizado estudios de literatura hispanoamericana en la Pontificia Universidad Católica del Perú. No ha publicado ningún libro de poesía pese ha que ha escrito mucho. Dirige la revista virtual “La Siega. Literatura, arte y cultura” (www.lasiega.org). Integra el equipo de redacción de la revista “Paralelo Sur”. Quiere vivir en París, Vienna, Budapest y Tokyo.



MENCIONADO POR:

Andrea Cabel



MENCIONA A:

Alfredo Cárdenas Cruz, Gabriela Wiener, Jaime Rodríguez Z., Lena Retamoso, Arturo Sulca Muñoz, Julio del Valle, Gabriela Ibáñez Oviedo, Moisés Sánchez Franco, M. Fernanda Munizaga Ghersi, Juan José Sandoval Zapata

Martín Zúñiga

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