POEMAS:
1
Me encuentro lejos, como portando grillos, distante de la lectura necesaria, de
una buena charla, del análisis
profundo, de la autonomía terrena. Yo, que desprecié a tiempo a las
generaciones anteriores y no
estudié a los clásicos (estoy cansado). Represento a un rostro en
palabras de una cultura sin progresión, desgaste.
No me dormiré, se lo merecen: el lector, mi ego, la poesía,
el profético extravío de la partícula de dios (así será). Se lo merecen: el perro,
el gorrión, la figura del siamés deforme, tu espera y mi cama que se agranda
cuando ahí no estoy.
Todo lo que observo se destruye, cae y no vuelve sobre su
lugar. Todo lo que toco se destruye, a mi tacto, desaparece. Sólo permanecen
mis palabras en el tiempo que me toma pronunciarlas.
Me salto al ojo almendrado, me quedo con el bizco de
orzuelos. Trueco al arco iris por el voltaico. Le cierro mis ojos al cisne, me
alejo del lago. Voy al basural y miro gorriones. Cambio al hada por una
cucaracha. Niego al celeste. Beso smog.
Yo no conozco el andamio, mi hoja lo sabe, no escribo,
solamente escupo. Le digo las cosas, traspaso los temas, descerrajo la guarda
del códice. A futuro breve los muertos de papel que no se escriben volando
frente a mí sabiendo que yo no sé de andamiaje, que salgo corriendo, que no
escribo, que solamente escupo, que me siento triste cuando leo poesía y estoy
lejos, que me hago silencio sin saber seguir.
Poema
1, Sec. 1-10 De: VEINTIOCHO (Ediciones
OREM, Trujillo, Julio 2013)
5
Resultaron dos, por turnos, mirándose, tocándose las caras
por distintas razones. Uno que se tocaba las manos: uña debajo de la uña,
frente a unos ojos que no dormían. Otro tranquilo controlando las cosas. Otro
temiendo, llorándolo todo con ira. Él fue dejando de vivir para vivir según la
usanza. Lo ilegal era la voz de ella, su presencia, su mirar, su estarse
quieta; su saber, con preguntas, cercar a la bestia y separarla del hombre. Le
ayudaba tener una basta de días y semanas. Su catre de tubo daba tumbos y
brincos de silla sobre su espalda. Era demasiado oírle decir casi maldiciendo:
María, así te llamas y yo no tengo nombre. Ella dormía como siempre
plácidamente en su equilibrio. Él permanecía despierto en un trajín de ganas
para seguir encendiendo luz pasando el meridiano. Digitaba en el ordenador
entre media diéresis visible, dos puntos sobre un nombre y algo menos
intestinal para leer por la mañana: Me rasco la cabeza, me rasco la cabeza y
escribo, no duermo.
Poema 5, Sec. 11-21 De: VEINTIOCHO (Ediciones OREM, Trujillo, Julio
2013)
7
Desperté y teñí de manos sucias el agua de mis ojos. Y qué
si tu nombre me remonta a las entrañas de una mujer. Ya me voy de la tarde a
temblar.
Yo partí sin despedirme, destino de tu voz, y eras tenue y
me perdía. Partí desde el sonido para oírte y me perdía. Me mantuve
desprendiendo olivos, desmembrando higueras, enjugándome los ojos con tu sangre
de nube triste. El recuento de tu vista me detenía las piernas y yo andaba. Tu
sonido de brisa me incitaba al oeste, pero yo andaba tendiendo siempre mis
oídos al recuesto de una montaña.
En el regalo del dolor y en la habilidad prensil que la
vida le negó a mi zurda, tengo como único camino y con los puños cerrados: el
reír y el soñar contra la vida hecha. Me debo repetir en acudir de
atento, tocar sino mis pertenencias, seguir dormido o dormitando. Seas
apareciendo tú, sea intermitente yo, o seamos los dos en apariencias que
se quedan y se van. Tú misma lloviéndome en los ojos, o yo mismo cayendo
alrededor de un día y de tus horas.
En mis cirios de cebo negro, de cera animal llorona, hay un
reflejo oscilante. Hay un ruido molesto, —de casas— pedazos que se
sobreponen. Terracota de manos. Hay una riega con mentada de sienes; hay ojos
llenos de verde y pinos. Tu pelo, ha rebasado otra tapia, provocarme un valle
es poca cosa. Mi visión tributa en la extensión de tus días.
Me asalta la desgracia como me asalta tu pelo en su hondo
caminar, depresivo, en gravedad, como una danza de rocas que ha caído sobre un
pueblo faldero. Las techumbres rotas, los niños muertos en la prisa. Las casas
abiertas, sin muros, cerradas las puertas y todas las calles llenas
de un cerro desprendido.
Llegas cantando la dorsal irrepetible y sus siempre mil
pasos atrás, como historias en personas que aún viven. Canción del
yo quiero saberte, del quiero toparme con tu piel, asonarme de tu rostro y
colorear en tu ojo entreabierto. No has tropezado en el salto de mis
pesadillas al hacerte presente.
El plural amor de un corazón y su raíz de árbol. Sauce
diferente de ratos interminables, pila de hojas sostenidas. El amor de un
corazón plural, retazos cortos de toda una vida, pizpiretas recortables,
plantas de archivo ceniza. El corazón de un amor plural, centro de todo y
origen, falencia en color de color, augur que señalan las aves. Tiempo sin
cabida entre maldad y hombre nuevo. Mi cabeza en tu plato.
Poema 7, Sec. 22-28 De: VEINTIOCHO (Ediciones OREM, Trujillo, Julio
2013)
1
Sobre
Desperté pensando que la hora de la desintegración es por
la mañana. Ahora, por la tarde, repaso el recorrido de tus manos en la
escritura de tu nombre. Tu firma en la declaración de aduana, seña donde dice:
regalo, fecha de mayo: tres. Tilde en tu segundo apellido. La escritura de mi
nombre en mayúsculas, mis apellidos, de manera normal.
El sudor de mi frente se acerca a mis ojos complicando mi
lectura. —No tengo más que
mangas de camisa para solucionar el problema—.
Nace un manierismo moderno, vulgar y transgresor de la
atención femenina —paños de papel y manos atentas que ahora recuerdo—.
Va el movimiento de antebrazo en friega de envés y revés. Su posterior mancha
cuestiona el ideal de belleza.
Momento presente: Desde aquí se extiende la sierpe que me
lleva y retorna de y a climas distintos, a plazas con templos en refracción, a
pisos pulidos en ocre y a mascarillas con filtros ineficaces.
No se trata de líneas oscuras: un pequeño cuadro, antes de
encajar, ha caído.
Retengo a Estela, la imagino renovando su cocina sin saber
qué más hacer en ella. Se parece a mi costumbre de cortarme el cabello cuando
no sé qué más hacer al interior de mi mente.
2:38 pm. Y no ocurre la aparición de mi clienta
para retornar a la ciudad. El pedazo de papel que uso como marcador de hojas está
entre mis labios mientras voy leyendo.
Amos va concluyendo su libro. Retiro el papel de mi boca y
separo el último capítulo para una posterior lectura. Al otro lado del mundo,
María³ charla con sus suegros. A poco de salir de la casa prepara como siempre
una amable despedida. Ella busca su mirada, él no evita pensar en la salida,
comprende su inquietud, es complaciente, ahora también se interesa por su
poesía.
He perdido totalmente el interés por oír el calzado de la
mujer de leyes bajando la escalera del juzgado. El tiempo se ha cumplido y ya
no podré regresar a Trujillo por los doscientos kilómetros más de contrato que
he perdido.
———————
³ “Como una pequeña nube como la palma de la
mano de un hombre, que sube del mar.” Unida al mar como una Stella.
Supe de ella la primera vez que me cubrí de agua y sal, pero no la conocí
hasta el día que la vi en su retrato.
Poema 1, Sec
6-12 del Libro Inédito TREINTA Y TRES
BIOGRAFIA:
Parix Martín Cruzado Jiménez.
Trujillo-Perú 1979. Poemas suyos han sido publicados en revistas literarias,
físicas y virtuales como Letralía y Letrasértica y en libros colectivos como:
Lima, Visiones desde el dibujo y la poesía (2010), 20 Poetas, Muestra de poesía
contemporánea (2010); Poéticas, Artes poéticas por poetas peruanos
contemporáneos (2010), Convergencias, Río Negro (2011); Punto & Aparte,
Muestra de poesía hispanoamericana, Vicio Perpetuo (2012); Mil Poemas a César
Vallejo, Perú, Ministerio de Cultura; Concejo nacional de la cultura y las
artes, Gobierno de Chile (2012); Todas las voces, Muestra de poesía mundial;
Vicio Perpetuo (2013). Es autor del Libro, VEINTIOCHO, Editorial OREM, Julio
del 2013. Mantiene inédito el Libro de prosa poética TREINTA Y TRES
MENCIONADO POR:
MENCIONA A:
Carlos Santa María, Oscar Ramirez,
José Taipe Agreda, Jan Espinoza Pantigozo


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