M.Fernanda Munizaga Ghersi


























POEMAS:


Al mediodía,
un interminable estremecimiento

una histórica documentación de aquello que yace en lava marmólea
y se aleja en corrientes de mariposas.

Subsistes entre saqueos
de oro, tierra, fiambre pardo,

mientras estrías de arena entumecen tus pies
y los hacen ondas que regresan.

Tomas una mano,

juegas al cacique,

buscas entre empalizadas tu cuerpo vestido de harapos,

quitas las telas ralas que te cubren
el manto amortaja tu piedra.

Finges sorpresa ante el descubrimiento.

Ambos sabíamos esa nota
música de antenas

vacío de cuerpo

emplasto de tiras de mortaja.



Tu mirada, atribulada de recuerdos felices,

con colores infantiles de aire

con planes engendrados entre telas de araña

- y la casita fría, al fondo del patio, guardando esa flor junto al rastrillo.



Ya no estás en la huerta,

ahora te espera una nevera de aires artificiales,
un viento frío que te alcanza entre los vegetales.

Encuentras la sangría del esposo medieval
carcomido de celos, te haces de ejércitos capaces,
pasas bajo una lluvia de cojines,
te entregas como un fruto.
Sabes que estarás ahí como guerrero inmortal
desviando la mirada.

No hay ojos tranquilos que te soporten

-comes un gran bocado –

eres el rey
te rinden culto en tus linderos,
y e temen en los otros.

Planeas como obtener más,
pagas con favores,

te pierdes
en un idus.



Ejemplo de mal poema

Una mano rugosa
Se introduce en el útero.

No hay feto que arrancar,
solo un deshecho de células.

Las uñas largas, retorcidas,
Escarban piel, músculo, venas, sangre

Dejan heridas

Y atacan otro pedazo de piel sano.
Se aseguran de no dejar milímetros sin rasgar.

Vienen a vengar a los óvulos sacros
A los que no han sido tocados
Y al mes siguiente
reinician su tarea.



Hombre de Brittia

Tomas las velas de los barcos
Las recoges enrolladas,
Remas con brazos inseguros
fuertes solo durante ese sueño

Y hundes una vez más tu remo en las aguas.
Tomas el aliento que te es dado
Por el impulso irracional que guía tu viaje.
Tu embarcación se descarga
sola, sin ayuda
mientras ruegas que tu nombre no sea dicho

Dejas los remos y desenrollas las velas.
Sabes que navegarás día y medio
A merced del viento.
Llegarás a tu hogar
Y esperarás la siguiente llamada.



La mujer imaginaria, la mujer concreta
A Jorge Edwards

Un guerrero en cuatro patas alisa tu camino
Te llena de pinceles y telas.

Encuentras el cuaderno de tu infancia quemado
El Ignacio José olvidado
- luego lelo, demacrado –
el hermano de rodillas ensangrentadas
el puente colgante a punto de caer.

Buscas el color que atestigüe los paseos llenos de pasto y barro.
Intentas otra vez
Y tu fortuna en detrimento
Te lleva por galerías mínimas

A exponer brochazos y colores
Sacados del primer cuaderno.



La burbuja rosada.
Hilos de fuego, de luz
de incertidumbre y humo.
se cuelan por tu espalda, la calientan
juegan en un vals de abrazos
se hacen uno
humo solido
que aspavienta la caperuza
de una niña imperceptible
y se hacen magma de manzana
y arroz de tortugas
caminan en tu prado
entre las morenas distancias de sal y agua
aparecen en garras doradas
con estrias de jarabe dulce.



un chal tejido por mil pequeñas arañas
abriga tu columna y se adhiere a tu nuca
se pega a tu costado
atrapa tus brazos
cubre tu pecho
se ajusta...
se ajusta a tu abdomen
y revive una fantasia
de asfalto cristalizado
en una falla geografica.



Te confundo entre las garzas,
mientras volamos por aires acuosos con lluvias de tabaco
y cal y sierpes y sobres y cartas y mensajes
dejados en una contestadora que no responde
porque nos deja cruzarnos en algodones dulces como pasos
sobre pasos
y sobre huellas
porque nos cruzamos entre nubes de algodon dulce
y pisas mis pasos
y piso tus huellas
pero no las vemos.
aramos con nuestros dedos
las plantas de los zapatos
y escogemos rieles de agenda
que nos lleven
- sin pensarlo más -
a la orilla del abismo.



Es dificil escribir con burbujas en los dedos - dijiste
las mariposas en mis brazos, nadando entre mis musculos
como un apuntalamiento de alfileres de barro
un conjunto de hormigas infatigables con pequeñas bocas picudas
recorriendome la piel
y un gorgojo amarillo que encerrado en el muscuclo que nunca para, quiere salir de su carcel
de sus paredes y no renuncia, aunque sin salida,
a regresar a casa,
contigo.



sabe a mermelada
corres tras una mariposa
pides una prohibicion
llamas a tu nuca
volteas buscando el zafiro
retrocedes
y regresas
al antiguo.



Escritura de Historia
Espirales de metal
lluvia ácida que los corroe
y vuelves a escribir
como mala de la cabeza
como irracional obsesiva
- los hechos ya no importan -
lo mismo de siempre.



Cansancio
Un olor reseco
cuando parabas y temblabas
desenvolviendo el capullo de barro
- estás cansada de correr -
Respirabas
contenías el aire
tragabas
las mirabas lejos y brillando.
En la tv está el noticiero,
contandote lo mismo de siempre.



Desliz
Escuchas el caer de la unica gota que llega al piso
vuelves a escucharla
y esta vez resuena el eco cansado.
La sientes en tus pies
y te moja los empeines,
lo azulado se te sube por las piernas
llega a tu pelvis
contagia tus caderas
sube por tu vientre
abarca tu cintura
empapa tu pecho, tus axilas, tus brazos
sube por tus hombros
camina por tu cuello

avanza hacia tu cara
llega a tu frente y se detiene en tu coronilla.
Disolviéndote como sal.



La duda
Morigera en tus barbas la duda
¿te será fiel este hombre
- elegido entre muchos,
sabio, crítico, cuestionador -
aunque poseas todos los poderes
menos el de la salvación,
temido Mefistófeles?



El otro hombre bicentenario
Es hora de envejecer
tu cuerpo deja de latir,
el poder de los infiernos carcomió tu juventud.
Y, sin embargo,
ahora miras hacia atrás
te arrepientes,
tu conciencia se retuerce
entre confesiones no hechas
.
Sabes que tus buenas acciones no cambiarán tu destino,
pero te empeñas en dejar una buena obra a los que vienen detrás.
Te sabes condenado
- ¿siempre deben recordarte que firmaste el contrato? -
pues eres el infausto
Fausto.



El otro Fausto
Buscas entre lágrimas de papel de seda
el amargor del caramelo,
los cojines de tu abuela
el retrato de tu madre
la cometa de tu abuelo.
Buscas en la paja
la aguja con que cosiste
el libro de pergaminos,
la flor de tela,
el zapato del niño.
Encuentras, entre sábanas viejas
el contrato que firmaste.



Otra vez, Fausto
Pasas la hoja
- llueve miel -
buscas las letras
tu sangre se disuelve.
Y, al final de tus dias,
sabes
- te enteras -
que no hubo Mefistófeles.



Tu danza

Saturas
el espacio.
Destrozas trenzas,
madeja perezosas.
Deslazas
- nube, nube-
desplazas, desenlazas
tu oleo terroso
en bravas olas
tu hombro de perfumes.
Remangas tu tinte
lo derramas sobre sí
y lo envuelves
- arena -.
Y terminas la función.



BIO/BIBLIO:

M.Fernanda Munizaga Ghersi



MENCIONADA POR:

Eberth Munárriz, Andrea Cabel

Martín Zúñiga

1 comentario:

El Doc dijo...

Mucha mitología y mucho movimiento. Fuerza, pasión y dolor. Me gustó, sobre todo Tu danza: Remangas tu tinte / lo derramas sobre sí / y lo envuelves / - arena -. /
Y terminas la función.


Veo en sus textos una sucesión de imágenes, casi como una película en cámara no tan lenta.

Me gusta, me gusta.