Hugo Rodríguez Guzmán































POEMAS:


Como un hilo rosado en mi chompa
Al final de un ilusorio momento,
(cuando cesa de bailar en tu corazón la maravilla)
se dejan palabras profundas.
Como el suspiro de un niño,
al terminar de escuchar un cuento.

Ese final de la primera huella en el monte;
de la alegría, que se ahogaba en un vaso de licor,
que naufragaba entre besos,
y que moría en la primera palabra de amor.

Ese ilusorio momento:
como la sonrisa de la madrugada
en el insomne enamorado
que correspondía con aires de ebriedad
al fresco olor de la mañana,
ese suspiro febril, por los viejos años,
que apaga las anacrónicas velas
de nuestra nostalgia.
Esa amarga saliva,
de la despedida del último beso,
esa débil melancolía del otoño
que se transmite por temblorosos abrazos.

Ese papel que se arruga dentro de tu puño,
cuando tu corazón desesperado
busca resucitar con mi latido.

Es el final de un ilusorio momento,
se quedan, un lugar, una escritura,
y una estrella feliz del ayer, muy solas,
se pondrán tristes cuando se haga de noche
y no nos encontremos.
Y yo esté por una tiniebla,
y tú, bajo un arco iris muy lejos;
y hasta el tiempo se pondrá triste
como un hilo rosado,
pequeño y solitario,
sobre el gris de mi chompa.



Yo quería tocar la campana

Quería sentir la orfandad
de sus intensos sonidos,
quería entristecerme
con el golpe de su tiempo.

Yo quería conocer ese opaco color del abandono,
que fuera una canción de penas inservibles
la que tanto extrañé como nube
y me sonría como un cielo.

Yo quería asir el pasado,
colgándome tierno de su soga,
conocer ese pasado que se derrumba
en un suspiro,
que rebalsa de mi sueño.

Yo quería tocar la campana,
sacudir a los fantasmas,
celebrar el onomástico de la estrella
de los miedos.

Quería que los tesoros olvidados
hicieran parir a los baúles.

Que su tañido fuera un himno de “te quieros”,
quería que bailen en ese grave grito
de relentes, y de noche,
que el agónico reflejo del amor
me comparta una sonrisa y el olor a maravilla
de la simpleza de algún rústico perfume.

Yo quería alegrar con vientos insurrectos
a los fantasmas,
que del sonido de mi campana
se escriba en las paredes desoladas
de esos recintos que se olvidan,
de esos recintos que se extrañan.



Te encontraré en el instante

Te encontraré en el instante
en que se encenderán las velas de tu miedo,
y te pediré, nada más, una sincera sonrisa.
Estarás más bella en mis ojos
renaciendo en el agua asustada
que refleja tu mirada
con ese brillo de rayo de luna
que enciende dulces escarchas
en tu cara.
Estarás rebelde princesa
dibujando arbolitos en los viejos papeles
donde escribí tristes poemas,
e inventarás una melodía que consuele
a los aciagos silencios de mis noches.

Estarás sentada a mi costado,
quejándote sonriente
de ese frío de setiembre,
escuchándome contar de mis nostálgicos regresos
a la infancia,
y me mirarás confundida,
enamorada de ese aire melancólico
del tiempo,
que te harán sentir las historias de mi pueblo.

Y antes de dormir, estaremos
cada uno desde su ventana,
respirando enamorados, contentos,
pensándonos inevitablemente,
adivinándonos las mordidas del amor
en cada una de nuestras almas.
Y nos repartiremos ese tesoro obsoleto
que socavaremos de la tierra solitaria
donde el destino termina y comienza.



Por los cementerios

Un niño compone canciones en los cementerios,
con los helados estertores, que entristecieron a
las sombras exánimes de los muertos.
Una piedra, con su amor ha caído
cubriendo una huella fresca,
de rocío en la tierra,
esperando que amanezca.

Se ha sentado, aquel niño,
en el lugar donde solían llorar
los mendigos,
y es de los muertos esa canción
que despacio silba el viento.

Hay ruidos lejanos, en las lápidas,
de mariposas contentas,
hay también un bramido amargo
que se escucha del pasado,
como si el río reconociera,
en ese lamento, toda su
nostalgia.

Se hacen más frescos, la humedad
y el miedo;
la luna parece que se embriaga
de un amarillo violento.
Al niño le vuelan en su voz las golondrinas,
y se puebla de tinieblas
el invierno;
en su corazón, se lleva,
las alegres sensaciones
que vivieron (alguna vez)
en los corazones de los muertos.

Se lleva también una moneda,
que le rozaba con su brillo
a su zapato,
se lleva el miedo en las alforjas,
donde guarda su destino
y su retrato;
y conserva su vejez escrita en una hoja.

Se lleva su cuerpo,
más protegido por su alma,
se lleva sus ojos de niño,
se lleva en un poema que escribió

un poco de tinieblas (un espejismo de azúcar),
y se lleva un beso
de algún fantasma.



Cuentito

Él era tímido, y es porque ella era bella,

ya él la vio de niño

y la sintió como un río,

ella nunca notó la fijación

o el engrandecimiento visual,

nunca se supo luna.

Él soñó veredas mugrientas,

callejones de tradición inútil,

calles que ahondan con oscuridad su vacío,

por las que ella,

como una soledad,

reconociendo los pasados más heridos

transitaba indefensa.

Sus rastros de dulzura

enfriaron los setiembres.

Padecieron también tardes entumecidas,

con cigarrillos ansiosos

que oxidaron en él las ganas de conocerla,

y fue un aire antiguo el poema en la ventana.

Ella sólo se encargaba de ser y brillar

íntegra en las esencias naturales,

era una confundida fantasía

que le robaba al amor un suspiro.

Él se conformaba (viéndola)

con las caridades de su lejos,

a cambio conservó silencio.

Un día lunes, el corazón de él despertó

(desconocidamente) atrevido,

y aquella mañana que tenía en el cielo

nubes con formas de tristes palomas,

él tocó, con la levedad que impone el nerviosismo,

por detrás, el hombro de ella,

ella llenó de maravilla la mirada de él

cuando volteó para verlo,

y le entregó como una sencilla oración su voz,

(en un límpido hola)

y él creyó en eso de la moneda en la fuente.



BIO/BIBLIO:

Hugo Rodríguez Guzmán, nació en Ica, el 9 de Febrero de 1981. Los primeros años de su vida los vivió en la provincia de Nazca, donde estudió la Educación Primaria en el colegio "Enrique Fracchia".
la Educación Secundaria la realiza en Ica, en el Colegio Particular "Arbulú", y culmina en el colegio "San Luis Gonzaga" de Ica.
Inmerso siempre en los designios de la creación literaria, en esta oportunidad nos presenta su primera obra poética: "Así debe ser el amor" escrita el 2005,y publicada el año 2006.
La presentación oficial de este libro se llevo acabo el día 31 de Agosto del año 2006 en el Auditorio del Instituto Nacional de Cultura de Ica, Posteriormente recibió un elogioso comentario del Sr. José G. Vargas, Presidente de la Casa del Poeta Peruano, catalogándolo como un prominente valor de la poética iqueña.
Actualmente radica en la ciudad de Gravellona, en Italia.



MENCIONADO POR:

Hans Arancibia

Martín Zúñiga

1 comentario:

Anónimo dijo...

felicitaciones poeta.