
POEMAS:
Zoociológica amistad
Y ahora dime qué he hecho para que maltrates mi amistad de esa manera,
una razón y mi voz no tocará nunca más la faz de tus oídos,
un fundamento y tu córnea ya desde hoy apreciará el color de mi ausencia,
una palabra y nunca más ya sentirás mi aliento,
ni la atmósfera gris que envuelve mi alma,
ni el rocío amargo de tus ojos,
que es la cicuta de mi amistad
fatalidad azul que hastío nuestro camino.
Ahora entiendo cuando me decías que tu amistad no era sincera,
pues tus palabras eran el rumor y augurio de la hipocresía venidera,
ahora entiendo cuando me decías que no creyera en los políticos,
pues sus palabras eran huecas, cóncavas, malas, porquerías,
porque eran falacias entre las mentiras
y porque eso fue tu amistad simple politiquería.
Pero ya,
ya todo está dicho,
pues el viento agitó sus brazos
y mis ondas acústicas han tocado tu oído,
y mi laberinto óseo ha captado el eco de tus sentimientos,
falsos, inconclusos,
inconclusa hipótesis de tu falácica amistad.
Creí en ti,
creí que eras mis manos,
creí que eras mis piernas,
creí que eras la luz, la luz
y resultaste ser el costado abierto de mi alma,
que derrama furia y gotea desesperanza
aquel desgarro eterno,
cual Prometeo erguido,
que llevará mi corazón.
Tú hiciste que creyera en ti.
No. Yo creí en ti,
en tu imagen falsía,
espejismo de mi necesidad,
mi necesidad,
necesidad de ser entendida,
de ser escuchada,
de ser protegida,
tú, mi gran caballero de hojalata
de armaduras de trapos,
y de armas de cristal.
Traté de que la nada llenara mi vacío
y no me di cuenta que era imposible,
que era imposible que mi ángel de fuego fuera también de cristal,
pues si era de fuego
me consumiría en su cruel y estúpida maldad,
y si fuese de cristal me resquebrajaría
en sus falácicas alas continentes de oscuridad celestial.
Ángel de la oscuridad
Milagros Meza Ozejo- La fierita
Muero por tus rayos inclementes de oscuridad
A una Princesa Vampira.
Muero si algún día toqué tu espalda de rosas salpicadas
De pétalos helados quebrantables,
Muero si algún día toqué tus labios de terciopelo rojo
Como el néctar que has de beber de mi infinita ternura mezclado de odio y amor
Tú criatura siniestra que has burlado la inteligencia de mi ser
Tú que con tus ansias locas calmaste mis angustias,
Que con tu vaga, pero poderosa ilusión calmaste mi soledad
Y mis pequeños, aunque grandes momentos de depresión.
Acaso las alas que te di
Te han alejado de mí para siempre, como el azote de las alas perdidas
De tu pálida piel salpicada con un toque de vino tinto que da color a tu sonrisa
De gata celosa de la luna y hiel
Oh! Tu Reina de mis horas negras
Palidecidas ante el sol de tu radiante mañana
Tú nunca me dejes mi ángel de fragilidad infinita
Tú mi Princesa Vampira
Que muerdes envolviéndome en tu atmósfera gris
Que mi córnea capta como el rojo herido
De la piel de terciopelo negro
Que mi dolor grita al espectro de ser doliente
Que nace al amanecer
Tú mi gran reina de oscuridad ven a mi y muere ante mi sombra
Criatura siniestra como de Cristos caídos
Criatura siniestra que alimentas mi calvario,
De mis largos pasos empuñados por cadenas,
Cadenas de amor, odio y sufrimiento,
Que me liberan con tu fulgor perpetuo de esperanza fallida.
Criatura de amor que reposas en mi ser,
Que te entrecruzas en los lazos grotescos de mi alma,
Del medio escabroso que reposa en tu querer
Que basta para nutrirme de tu escondida alma.
Criatura escabrosa que revuelve mis entrañas,
Que en su largo caminar enerva mis sentidos,
De tus labios tristes como de Cristos caídos
Que enmudecen mi alma para recibir tus amores.
Si acaso el sentido de mi ser más profundo,
No te amara tanto como te ama hasta ahora,
¡Oh criatura siniestra, Oh criatura perpetua!
Morirías de amor, en tu lúgubre hueco de odio y desesperanza.
Momentos
En momentos como éste mi vida llora
como el llanto del cielo perpetuo,
como el seno que embriaga al hambriento,
como el rocío amargo de tus ojos
como el sudor que emanan las nubes transportadas a mis frías cumbres.
En momentos como estos te amo,
con la intensidad del fuego y la fuerza del mar
con la fuerzas del odio ajeno que rebalsa por los poros del mal,
con los párpados caídos del día
y la noche albina del lugar.
En momentos como estos te odio,
porque mi corazón bota lágrimas de bilis
ya que mi ira esta abierta
y mi corazón reniega del grandísimo amor que te tengo.
En momentos como esos hay una fuerte confusión en mi ser,
un desdoblamiento tremendo de mi alma,
donde mis ansias juegan y me hacen presa de la desesperación,
donde mi frustración y depresión corren presas del temor
por los pasillos de mi enigmático miedo al encierro.
En momentos como esos cuando estoy en el péndulo del todo y la nada
entre el cielo y la muerte, entre el ser y el no ser
entro en un shock profundo y mi corazón se desdobla,
te llama, te busca, camina y pregunta por ti pero tú no estas,
sí, sí estas, pero estas a lo lejos contemplando el desdoblamiento de mi ser,
asustado pero lejos,
lejos aunque cerca, muy cerca tocando mi cuerpo,
rogándome que vuelva , que no te deje,
pero lejos,
lejos porque tus gritos apenas los oigo
y tus caricias aun tocan solo mi pseudo piel,
mi primera piel
y no llega el fondo de mi alma, la piel de mi pequeño ser,
mi pequeño pero gran ser.
Entonces mi alma rompe en llanto
y grita hasta que la velocidad del sonido abarca el laberinto eterno de mi alma
Entonces me echo, me desgarro y me muero, pero me levanto,
Y la soledad me mata y tu amor me mata y mi odio te ama
Y solo veo paz al lado tuyo, aunque tu amor sea el veneno eterno que me mate.
Cuando el amor y el odio son separados por finos hilos de hiel,
Mi bilis se vuelve licor de miel
y mi amor cicuta mortal que embriaga tus sentidos
Entonces vuelves a mí
Y te amo con la intensidad de los miedos de mi alma
Con toda la fuerza de mis entrañas, te amo.
XI
A Alejandra Pizarnik
Hay Alejandra;
Te he buscado,
Tras cada letra suicida,
Colgándose de un hilo de sangre
En un precipicio de angustia,
Y no te encontré.
Te he buscado,
En la hoja herida que solloza furia,
En tus hombrecitos negros que me matan a diario,
En tu epíteto de oscuridad pintada,
Y no te encontré.
Te he buscado,
En el laberinto de mis frustraciones,
En cada pasadizo de mi desilusión,
Junto a cada miedo lúgubre de mi alma,
Y por fin te encontré.
MENCIONADA POR:
Wilver Moreno Tineo
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