Vanessa Martínez


























POEMAS:


Soy feo y me haré una amputación para ti
con frases para testamento,
donde tú, niña,
tendrás que percibirte agradecida
por toda esta magra carne
que huye en las tenebrosidades
de mondongos,
alcohol
y olor a ceviche sazonado
por hambrientos feligreses
entre
las piernas de las putas.

regresaré a casa todo macho pincho frío,
en mi taciturna ebriedad,
a darte las buenas noches.

qué cosa te queda:
querías el título
y, total, ahora eres la importante,
la freak del músico
y del Rock and Roll,
baby,
no te olvides
el puto Rock and Roll.


La edificación que dinamito en alucinaciones,
antenas, techos, grises pájaros
y el voyeurista de siempre;
aquel ejecutivo que llega a casa y no se enardece con nada
mas que con esa perra imagen del cuarto,
donde la niña, sin cortinas,
se tiende plácida,
drogada en sus deseos.

ambos insatisfechos,
perdidos
y
podridos,
se preparan para la función diaria:
excitarse con el show de luz.

pequeños fracasados,
ella se viste,
y
él
sólo espera la claridad matinal
y su boleto,
un mendrugo de papel higiénico.


La desgracia en este pocillo madera,
es que fermenta la felicidad de mi hembra travesía,
perdida por vástago amor.

una alquimia para un diurno sueño,
que se pierde en tu sierra,
manto verde tierra refleja tu encuentro.

dejo mi urbe y voy en el abandono borroso,
en ese plankton
donde me encuentro no habida,
me lanzo en el vacío
ese hoyo negro sin final.

descomponiéndonos,
sonrientes,
nos buscamos abandonados.


Una infanta disfrazada de realidad,
corre a través de paisajes etéreos,
tal vez porque es libre,
tal vez porque está huyendo.

los juguetes
-eróticos fetiches-
la esperan en casa
para derrocharse
y pernoctar en su tiempo infantil,
que se alimenta
de un sueño perverso.

¿entonces
de qué se avivan los sueños,
de alguien que sueña con ser nada?

la realidad es ella
y
ella
no existe:

se reinventa.


A veces colgados de brazos,
las venas excitadas,
no hay sangre en tu poesía.

derrochada en letrinas,
no querías ver bajo el agua
el infierno de tus sábanas,
las marcas ni se borran.

nunca me importaron las llamaradas de valor
y solo hoy
el tiempo del oro
nos da fortaleza.

nunca llegar a casa.

anfetas para poder cruzarla y ordenarla
robando al amor,
mejor comprándolo,
nada más seguro y torturador que volver al agua,
y seguir ardiendo a vapor;
ahora sí avanzo,
me escabullo
y te encuentro debajo de otros cuerpos.

transpiración entre vodka, vino, segregación
y el olor de un animal muerto que nos delata;
rapiñas a carroñear
es la hora de cenar
un plato tibio
para mi pequeño híbrido.


La hija del Carnicero

No he podido profesar,
la luminaria y el silencio cómodo
de habitar feliz
y emplacebada en este piso machihembrado a pata calata,
he caminado como ganadora del Nóbel,
directo a la cocina,
donde tantas veces te guisé besos y
pedazos de senos.

no he dejado de sonreír
y apoyándome tambaleante
he visualizado tu magnífica fisonomía,
he localizado con mí índice trotamundos
en este atlas de cuerpo moldeado por ti,
el ancladero donde quisquillan efervescentes insectos.

y justo allí donde hallo el vértigo de tu amor,
me he estacionado,
he abierto la gaveta
y me he clavado el cuchillo,
para no olvidarme de esto.


Nunca espero aliento extraño de tu noche,
siempre hay una puerta tras otra en esta casa roja.

fluctúo con un sabor nuevo en el aire,
es el condimento que no esperaba,
la mentira de la realidad
nos llamaba vida.

siempre hay una puerta tras otra en esta casa roja.

tu contorsión distante
apretuja la mirada,
es la corriente la que atavía estos ejes
contra ti
asesinando presiones.

siempre hay una puerta tras otra en esta casa roja,
un diálogo desesperado aterriza en el vacío,
son guardias severas
para mi brillante loco diamante.

y una vez más
Pink Floyd.

(De: La Hija del Carnicero)





BIO/BIBLIO:

Nació en lima en febrero de 1979. Estudió en la Escuela de Arte Dramático (La Libertad) y en 4 Tablas, de Lima. Comenzó a escribir en silencio, en Trujillo, ciudad donde radicó gran parte de su vida. Escribía secretamente; hasta que cuando tenía 17 años, el periodista Nivardo Córdova sustrae de uno de sus cuadernos sus poemas y empieza a publicar notas sobre ella desde el anonimato. Después publica dos plaquetas de poesía: Poemas del olvido y Amencia nata, gracias a Tomás Ruiz y a los dibujos de Oscar Alarcón. Posteriormente aparece en una compilación de poetas del norte, preparada por David Novoa; desde entonces participa en casi todos los festivales de la Alianza Francesa de Trujillo, en el ciclo de Poetas al Ataque. Estuvo en el taller de poesía del poeta piurano Alberto Alarcón. Ha residido en Cajamarca, Lima, Santiago de Chile, ahora de nuevo en Lima. La hija del carnicero es su viejo primer poemario.



MENCIONADA POR:

José Pancorvo, Roy Dávatoc

Martín Zúñiga

2 comentarios:

Garo dijo...

Me parece ineresante como en la poesia el toque crudo, visceral y tremendo tiene armonía con el ritmo y la elegancia de tu lirica

Anónimo dijo...

Juan Ojeda, te dice algo?
Sergio.