POEMAS:
Testimonio
Todo
está oculto
como en el principio
si todavía
me ves
no le creas a los colores
a la maleza
que ahora me protege
no le creas……………..no le creas
………………..al grito
cuando ya gobierna el silencio
estoy
negándome
como el último culpable
se niega
ante el cadáver del último hombre
cómo era respirar
dar picotazos y escupir el forraje
la noche
el tiempo atrapado en las alas
aquí
alguien todavía llora
pero ya todo es una gran carcajada de sal
cómo era
ser
testigo del relámpago
y contarlo todo
sin arder desde las ramas hasta la raíz
cómo era pintar
peces ciegos en los muros
sentir frío
y vomitar viento por las branquias
cómo era abrigarse
con hojas
cenizas
retazos de nada
aquí alguien se rebela
y no hay contra qué / contra quién
cómo era
no tener palabras
para decir:
Estamos creciendo solos
Hoy me he volteado a verte
y he visto que hay una selva que te nace
en la médula espinal
(un león está alojado justo en tu coronilla
y un ave revolotea sobre tu ombligo).
Me he cubierto los ojos por respeto a tu pudor
y —para no alarmarte— te he dicho:
Estamos creciendo solos
ausentes del mundo
desnudos, sin rumbo, solos, solos.
Y tú has estallado en llanto
porque (sólo hay leones y aves y alucinaciones)
no hay cataplasma frío para la fiebre
ni madres deseándonos las buenas noches.
Estamos creciendo solos
huérfanos, resignados, tristes, tristes.
Nos estamos haciendo salvajes
dándole a las rocas para
ver nacer el fuego.
Lo que hiciera falta
Integro al poema
el lúpulo
el oso pardo, la hormiga atómica
el hombre sano que será desahuciado (esta tarde
las patrullas de invierno
los mil años de espera
el bolígrafo misil
la sentencia, el acusador, la apelación
la niña antes de cambiarle los dientes
el anciano con sus incisivos
el reloj en reversa
el hombre feo que será bello
la madre sustituta
el medio hermano, el padre putativo
la familia en pleno (La Sagrada Familia
el culpable cuando inocente
la mala hora
el mal paso
la leche magra
la fecha de caducidad
el amor correspondido
un tecate con lima
la cadena perpetua
the mexican moon
la estampita, alguna madrugada
la tragedia que pudo evitarse
estas palabras absortas (el acuse de recibo
el antes y el después
todo, todo
pero, ¿por qué?, aún nada: nada.
De cómo evolucionamos para entendernos
Hubo días en que dije «cuerpo» y me entendieron cuerpo
decía «madre» y ella venía, pedía comida y me la traían
probaba con un «ábrete, Sésamo» y se abría una puerta. Era increíble,
la palabra sed estaba ennoviada con el agua y yo era su luna de miel.
Todo era tan diáfano que hasta tuve sueños como todos,
pero una mañana desperté siendo la extranjera
la que habla un idioma intraducible
la otra, la ajena, a la que hay que vigilar por si acaso.
De pronto habitaba una marisma y me alimentaba de algas e insectos,
procuré no perder la calma, y aprendí a ser un poco feliz
entre moluscos, larvas y hombres inofensivos pero indiferentes;
cuando se reunían hablaban sin parar de cosas que jamás entendía,
quizá urdían un plan político porque movían mucho los brazos
y sonreían a los extraños antes que se les petrificara de nuevo el rostro.
No los odiaba, pero tampoco aprendí a quererlos;
a veces me oía a mí misma pronunciando las mismas palabras que ellos
pero, igual, no me entendían ni siquiera el saludo.
Tomé una falda plisada, un manojo de algas, un abrigo y me marché;
viajé días y noches de regreso al país de mis semejantes,
me detenía en cada puerto a verme en ellos como si fueran un espejo
y nunca lo eran: hablaban un idioma desconocido,
se alegraban de sus muertos
y usaban a sus niños para experimentos terribles.
Una mañana, en una parada, presentí a una mujer semejante
el hombre que la acompañaba me saludó con un «hola, bienvenida»;
los he encontrado, pensé, pero apenas alcancé el primer pueblo
todos se veían otra vez distintos y se comunicaban con sonidos extraños.
Cansada, decidí quedarme con ellos y ensayar a parecerme,
ellos cooperaron también, con reuniones de camaradería, fiestas
y juramentos de fidelidad.
Cuando ya nos parecíamos tanto,
les dije: «los quiero», y en respuesta me azotaron
como si hubiese lanzado el insulto más hiriente;
les dije: «perdón» y, aún más agraviados, me llevaron a la plaza
y llamaron a todos para hacer justicia pública;
les dije: «¡deténganse!, soy como ustedes»
y se convirtieron en culebras, cuervos, leopardos, fierecillas,
entonces decidí no hablarles más.
A veces, cuando me entraba la nostalgia, rugía
y daba zarpazos con las manos.
Mientras ellos se hacían cada vez más humanos y semejantes,
yo me fui quedando animal;
pero así nos entendíamos al fin:
ellos me mostraban los dientes; yo las garras.
BIO/BIBLIO:
(Cusco, Perú). Poeta y escritora. A los diez años ideó y condujo su primer programa de radio para grandes. Participó en festivales de poesía y narrativa en México y Venezuela. Ha sido finalista del concurso El Cuento de las Mil Palabras (2008). Obtuvo una maestría de periodismo en una universidad, pero se considera autodidacta. Cree con fervor en la música, pero no baila. Desde hace unos años, su obra literaria permanece inédita por voluntad propia. Radica en Lima.
MENCIONADA POR:
Martín Zúñiga
Testimonio
Todo
está oculto
como en el principio
si todavía
me ves
no le creas a los colores
a la maleza
que ahora me protege
no le creas……………..no le creas
………………..al grito
cuando ya gobierna el silencio
estoy
negándome
como el último culpable
se niega
ante el cadáver del último hombre
cómo era respirar
dar picotazos y escupir el forraje
la noche
el tiempo atrapado en las alas
aquí
alguien todavía llora
pero ya todo es una gran carcajada de sal
cómo era
ser
testigo del relámpago
y contarlo todo
sin arder desde las ramas hasta la raíz
cómo era pintar
peces ciegos en los muros
sentir frío
y vomitar viento por las branquias
cómo era abrigarse
con hojas
cenizas
retazos de nada
aquí alguien se rebela
y no hay contra qué / contra quién
cómo era
no tener palabras
para decir:
Estamos creciendo solos
Hoy me he volteado a verte
y he visto que hay una selva que te nace
en la médula espinal
(un león está alojado justo en tu coronilla
y un ave revolotea sobre tu ombligo).
Me he cubierto los ojos por respeto a tu pudor
y —para no alarmarte— te he dicho:
Estamos creciendo solos
ausentes del mundo
desnudos, sin rumbo, solos, solos.
Y tú has estallado en llanto
porque (sólo hay leones y aves y alucinaciones)
no hay cataplasma frío para la fiebre
ni madres deseándonos las buenas noches.
Estamos creciendo solos
huérfanos, resignados, tristes, tristes.
Nos estamos haciendo salvajes
dándole a las rocas para
ver nacer el fuego.
Lo que hiciera falta
Integro al poema
el lúpulo
el oso pardo, la hormiga atómica
el hombre sano que será desahuciado (esta tarde
las patrullas de invierno
los mil años de espera
el bolígrafo misil
la sentencia, el acusador, la apelación
la niña antes de cambiarle los dientes
el anciano con sus incisivos
el reloj en reversa
el hombre feo que será bello
la madre sustituta
el medio hermano, el padre putativo
la familia en pleno (La Sagrada Familia
el culpable cuando inocente
la mala hora
el mal paso
la leche magra
la fecha de caducidad
el amor correspondido
un tecate con lima
la cadena perpetua
the mexican moon
la estampita, alguna madrugada
la tragedia que pudo evitarse
estas palabras absortas (el acuse de recibo
el antes y el después
todo, todo
pero, ¿por qué?, aún nada: nada.
De cómo evolucionamos para entendernos
Hubo días en que dije «cuerpo» y me entendieron cuerpo
decía «madre» y ella venía, pedía comida y me la traían
probaba con un «ábrete, Sésamo» y se abría una puerta. Era increíble,
la palabra sed estaba ennoviada con el agua y yo era su luna de miel.
Todo era tan diáfano que hasta tuve sueños como todos,
pero una mañana desperté siendo la extranjera
la que habla un idioma intraducible
la otra, la ajena, a la que hay que vigilar por si acaso.
De pronto habitaba una marisma y me alimentaba de algas e insectos,
procuré no perder la calma, y aprendí a ser un poco feliz
entre moluscos, larvas y hombres inofensivos pero indiferentes;
cuando se reunían hablaban sin parar de cosas que jamás entendía,
quizá urdían un plan político porque movían mucho los brazos
y sonreían a los extraños antes que se les petrificara de nuevo el rostro.
No los odiaba, pero tampoco aprendí a quererlos;
a veces me oía a mí misma pronunciando las mismas palabras que ellos
pero, igual, no me entendían ni siquiera el saludo.
Tomé una falda plisada, un manojo de algas, un abrigo y me marché;
viajé días y noches de regreso al país de mis semejantes,
me detenía en cada puerto a verme en ellos como si fueran un espejo
y nunca lo eran: hablaban un idioma desconocido,
se alegraban de sus muertos
y usaban a sus niños para experimentos terribles.
Una mañana, en una parada, presentí a una mujer semejante
el hombre que la acompañaba me saludó con un «hola, bienvenida»;
los he encontrado, pensé, pero apenas alcancé el primer pueblo
todos se veían otra vez distintos y se comunicaban con sonidos extraños.
Cansada, decidí quedarme con ellos y ensayar a parecerme,
ellos cooperaron también, con reuniones de camaradería, fiestas
y juramentos de fidelidad.
Cuando ya nos parecíamos tanto,
les dije: «los quiero», y en respuesta me azotaron
como si hubiese lanzado el insulto más hiriente;
les dije: «perdón» y, aún más agraviados, me llevaron a la plaza
y llamaron a todos para hacer justicia pública;
les dije: «¡deténganse!, soy como ustedes»
y se convirtieron en culebras, cuervos, leopardos, fierecillas,
entonces decidí no hablarles más.
A veces, cuando me entraba la nostalgia, rugía
y daba zarpazos con las manos.
Mientras ellos se hacían cada vez más humanos y semejantes,
yo me fui quedando animal;
pero así nos entendíamos al fin:
ellos me mostraban los dientes; yo las garras.
BIO/BIBLIO:
(Cusco, Perú). Poeta y escritora. A los diez años ideó y condujo su primer programa de radio para grandes. Participó en festivales de poesía y narrativa en México y Venezuela. Ha sido finalista del concurso El Cuento de las Mil Palabras (2008). Obtuvo una maestría de periodismo en una universidad, pero se considera autodidacta. Cree con fervor en la música, pero no baila. Desde hace unos años, su obra literaria permanece inédita por voluntad propia. Radica en Lima.
MENCIONADA POR:
Martín Zúñiga
1 comentario:
Hola, nunca he dado un comentario al final de leer un poema de los tantos autores que hay en esta pagina que por cierto son buenos, pero en estos instantes estoy fascinado con el poema "De como evolucionamos para entendernos" de la poeta Yamileth Latorre Quintana, desde aqui, el sur del pais Puno-Juliaca mis felicitaciones es un poema original de los pocos que se encuentran hoy en dia, felicidades y que sigan los exitos. Atte Carlos Mendoza
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