José Boris Arrunategui Fernández





POEMAS:



ENLUTADOS FRAGMENTOS

Prorrogar mi muerte, no tiene sentido

es aquí, donde me ato

de cadenas al tiempo.

¿Acaso, cambiaría en el gesto ...

O la última consonante de mi nombre ?.

Ni el mismo adiós, ha de sonar más fuerte

que pueda reproducir, otro llanto plañidero.

Y sí acaso un cisne se posara sobre mi capa,

decidle que ya me fui,

que ya no balanceo de un hilo, que juegue mi historia.

Es aquí, donde me deshago en definitiva

de estampa,

de mirar a hurtadillas,

de los sueños en desuso,

de pisadas en desorden

a algún lugar, a ordenarlo todo

tal cual lo planeado.

Aquí vierto el cansado trajín

sobre mi muda espalda

sin cantos de media noche

ni el humo del cigarro sobre mi copa de vino.

Bajo los espasmos incoherentes

de esta lucidez, donde escribo

sin lazos, sin fronteras,

sólo, a rienda suelta bajo los confines de este abismo

sin tiempo de llegada ni reserva de habitación

a la que estuve acostumbrado.

Pálido de golpe y de golpe sin presagio

donde no dejo riquezas sobre mis espinas

acaso sí,

enlutados fragmentos.





   ADIÓS A ESCONDIDAS

Llegada la hora, del cruce de manos sobre mi pecho

no quiero cerrar los ojos, bajo algún atardecer

raspando el sol, y orillado entre los riscos.

Para luego asomar, intermitentemente

como quien va o no va

sin jolgorio sus pasos beduinos

de crepúsculo en crepúsculo.

Con veces de ser o no ser,

antagonista y protagónico,

zigzagueante, parco, lerdo,

impropio de mi,

anclado en mis curvas

sin cerrar el círculo,

ni tus piernas en mis espaldas.

Descalzonado y aporreado, de limbo en limbo

como no llegando a tí,

y no ser el primero, ni el final de tu texto.

Sólo un sexto, que no cierra tu semana santa,

mientras un judas, devora mi última cena.

Caeré un día, como cae el tiempo sobre mi

y no quiero un jueves, temeroso en el estribo

que no ha de cabalgar mi sepultura.

Esperare,

como lo hacen los amantes

danzando entre páginas azules

sin abordar el viernes,

que carga el dolor de Vallejo.

Ha de ser un sábado, por la noche

nebuloso y de bohemia

mientras el resto se divierte

y poder irme, por la puerta trasera.

A escondidas,

con pasitos de ballet,

de puntitas,

sin giros alternos.

Y soltaré, al filo de la noche

con el rostro cubierto, a este loco suicida

a saltar de este sueño, donde nadie lo llama.

A cruzar los semáforos

hasta perder el sentido,

hasta que caiga su luz,

como caen sus sueños

cuando se le niegan tus ojos.

Moribundo,

como un soldado en retiro

que busca el filo de la noche

para piedra de sepulcro, en su última morada.

Sera una noche incierta

donde nada, nada me pertenezca

ni el poema, que escribí para tí,

ni la tilde con que acentúo mi corazón.

Vientral y uterina

sin el apuro de engendrarlo todo

que se pueda preñar

y devolverme, en un próximo parto.

De sombras afiladas, que puedan dar fe,

de mi sensual divorcio con el mundo.

Sin nadie,

sin nadie que pida la palabra

o calle para siempre.




     AUSENCIA

Tu ausencia me mira

con ojos de fuego

desde todos los rincones

donde te has ido quedando.

Dolida, callada,

dormida e imperceptible a otros ojos

en tanto yo,

puedo ver tu imagen

(dulce consuelo a la melancolía )

dibujando los silencios

a las ansias de mis ojos.

Oigo tu voz, elevarse como el verso,

el susurro y el detalle

cuando callas

para luego izar los hombros

con ese mohín perverso, que ahora extraño.

En este silencio acústico

que ha congelado tu sonrisa

como queriendo castigarme.

Ahora tengo que soñar tu risa,

ahora tengo que soñar ternura,

ahora tengo que soñarte toda.

Soñarte niña,

soñarte mujer,

soñarte ... amor.

La misma mesa,

las tazas del café,

también han callado.

Parecen mostrarme filosos cuchillos

diciéndome: ...

¡CRETINO!... No te sientes ante mi.

Y hasta el mismo gato

maúlla tristezas.

A menudo te recuerdo

en mis días ausentes

ocultos bajo las faldas de alguna tarde.

En mis noches solas,

sin aromas de café,

cortadas, sin adioses

en agitadas manos, ni besos volados.

Mientras caminas

eterna y ausente, llevando tus pasos.

Dulce, tierna, callada

flotando en el silencio

en cada palabra,

en cada sonrisa,

en cada lágrima.

Encendida en la nostalgia

de algún rostro.

Trigal que te quedaste

en el pan de mis suspiros

durmiendo en los espacios

que me hablan de ti,

que me huelen a ti,

que me piensan en ti,

en esta soledad,

que hoy, se abraza a tu ausencia

mientras la lluvia

enjuaga tus caricias.





      CEGUERA

Ni siquiera notas, que vengo cargado

cuando me das la espalda

y me quintas el verso.

Y yo desciendo

desde el corazón hasta el alma

sin ninguna plegaria armada

para empezar esta oración.

Para que el sujeto mío,

no hable mal de tu predicado

aunque me pierda,

en una sintaxis hepática

al ver como muerdes

con cólera tus antojos, de hembra en celo

y no me muerdes a mi

cuando muerdes mis labios.

Y yo entro, con el celo bajo la corbata

sin levantar la curiosidad

en las yemas de tus ojos.

Mientras sigo lavando la espalda

del busto en la mentira

hasta que no escriba

tu nombre en las paredes

con esta mano, que lleva al defecto

por donde acaba mi palabra

que se pierde

en el plural, de tus tacones.






     DESPUÉS DE TODO

¿Y después de todo

qué somos, al final de la vida ...

Detrás del pomo de la puerta

que como una bóveda, a todos nos acoge ?...

Sólo el calmado impulso de un halo vencido

negado a la salida del crepúsculo,

perdido en la ligera línea, al dibujo de las sombras,

escapado del peso y del volumen.

Detrás de la luz,

qué encendemos para visualizarnos

en esta oscuridad madre

que tan-poco nos ilumina.

Detrás de la voz,

detrás de este coro que grita y se exhala

como un vaho, queriendo impregnarlo todo,

tratando de empotrar el día, en un instante.

Y sólo somos, una piedra angular, buscando forma,

una minúscula particular en el inmenso infinito,

en el enigmático carrusel, de este sueño,

de esta orfandad, que nos lleva

a seguir haciendo sumas y restas

y postergar el resultado.

Mientras seguimos otoñando,

hacía el silencio eterno

para irnos entre acordes y desbalances

como quien va, hacía los siglos

espoleando las sendas del olvido,

como un suspiro,

como un rayar de aurora,

como un viento helado

qué ya, no abriga la metamorfosis.

Solo polvo y cenizas

de un ocaso que asomo, en un sueño de vida. 

Donde la soberbia

sin un espejo para medir sus culpas

ya no es tan fuerte como antes.

Impresentable en el banquillo

sin voz,

para un alegato de defensa

en un juicio inapelable.

Con un silencio puro

e inocente

como un lobo, que funge de oveja

haciendo puños el culito

tratando de esconder la cola. 

Incautos e inconsolables viajeros

con el itinerario vencido

excomulgados de penas,

postulantes y elegidos

a cara o cruz

en la oquedad del tiempo

que como un gran remolino

se traga hasta el recuerdo

que queda,

balbuceando entre sus fauces.

Como este balbuceo mio,

que ya no etiqueta ni mi sombra.

Porque después de todo

y al final de todo

como una broma de mal gusto

no somos nada,

después de tanto, verso gastado.





     EL ESCRIBIDOR

En este grito, que se escarcha en sus cenizas,

en esta agitación, sin maquillaje ante el espejo,

en este cuerpo pálido, que se agrede en sus pezuñas,

que se busca y se arquea, ebrio en sus diciembres,

se carga este cimarrón, bajo las rampas de la vida.

Como un cadáver, para hacerse la autopsia

y ver entre lo borroso

sí todavía le quedan, algunos retazos de ingenio

que puedan ver, más allá de su esencia

y saber, lo que no ha tenido.

Mientras la mala hierba, crece sobre sus escombros

él sueña, con los caballeros de la mesa redonda.

Con esa etnia, con esa cofradía

que de tiempo en tiempo, arde en las venas del mundo

colapsando de vida, para vivir de muerte.

Como sí fuese un pretexto el extraviarse

para lanzarnos sus hojas, desde la otra puerta.

- Anótese aquí, con letras en rojo, para que suene la alarma -

Y no le den un like,

a la llegada de un bardo

que con el auspicio de la calle

y en bares de mala muerte

se graduó, de escribidor

proclamando la independencia de su lengua.

Porque no escribo ni de antojo ni a destajo,

ni me pagan horas extras.

Porque noche a noche rebusco

en el saco de desechos orgánicos

como sí fuese mi caja de pándora.

Que froto y froto

mientras el genio vacaciona

en las playas de cancún.

Y no me emborracho en este cáliz

donde bebo, las horas de mi muerte.

Y miro a través de mis noches

como me agrieto, sumergido en mis canas

y en esta frente que se desordena,

mientras camino, subterráneo y lento

sin miedo al cansancio ni al derrumbe.

Porque aquí, náufrago, aquí salvo el alma

y aquí, me da la locura.

Mientras el mundo rueda y rueda

yo, trocho mi camino,

con el viento que me sopla

hacía algún árbol sin dueño.

 Con las manos trepadas al mundo,
en este delirium tremens,
condenado a seguir escribiendo
 por cadena perpetua,
 en este peregrinaje, de chasqui vallejiano.
Proclamado como "ESCRIBIDOR."
Él mal llamado, él mal pagado,
 él mal seriado, él de todos los males,
incluyendo el ébola.
Y sí tuviera que rescatar, algo de mi,
 hablaría, de la pureza de la hostia
 en la lengua de mi madre,
 o de la suerte, de no encontrar todavía
la soga para colgarme.
Por eso me enjuago
 y me santiguo en mi verbo
 para morir, como en un pico, de botella.



BIOGRAFÍA:

José Boris Arrunategui Fernández. Chiclayo (Departamento. Lambayeque) 195 ?...Escribe desde la adolescencia. Escribidor y Declamador autodidacta. Estudio novel en la calle. Recién el 2007, da a conocer sus escritos en recitales. No se considera poeta, aunque sus escritos reflejen lo contrario. Prefiere que lo consideren un simple Escribidor. Es cofundador de la Comunidad Poesía en el Sur. Textos suyos han sido publicados en : Antología Poética de Miraflores ( 2008 ), Comunidad Poesía en el Sur-Muestra Poética de Lima Sur ( 2009 ), Pohemia Lux ( 2010 ), Antología de Enero en la Palabra 2014 (Festival de Poesía del sur Andino ). Actualmente prepara un libro de antología, de sus escritos. Que debe de estar saliendo antes junio de este año.

MENCIONADO POR:

Mirtha Pecho

MENCIONA A:

Virginia Benavides .


Martín Zúñiga

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