Alex Morillo Sotomayor





















POEMAS:


hombres de piedra

Pues toda efigie tiene
Dos pesares:
Existir sin que nadie la detenga,
Estarse muerta y sentirse amable.

Juan Gonzalo Rose


Tropezarme con hombres de piedra es un hecho cotidiano,
así como encontrarlos dialogando en medio de los gritos disecados
o rodeados de curiosos que se detienen agotados.

Que gobiernen las calles en lugar de nosotros es un hecho cotidiano,
cuando en las primeras horas todo suele ser distinto
y aparecen como recipientes gastados de la lluvia
o ceniceros oxidados de soles indigentes,
perpetuos
esperando señales de fuego de la siguiente avenida principal
o el ámbar dialéctico de los semáforos
o simplemente
adormecidos por la furia orgánica de las palomas.

Tropezarme con sus semblantes de siervos grises es un hecho cotidiano,
así como caer en medio de ellos
como pájaros cansados o adictos al cielo
reteniendo gestos que no nos pertenecen.

Y se convierten entonces
en los prisioneros históricos de los otros hombres,
de los que miran desde abajo con asombro,
de aquellos que despiertan y suelen convivir
con el sudor, la saliva y la renta básica
o para ser más precisos
los que apagan los corazones al final del día.

***

somos la creación

toda la noche el hombre quiere decir una sola
palabra, decir al fin su discurso hecho de
piedras desmoronadas,

Octavio Paz


Los signos nos cambian la humanidad
por sus márgenes redondos y de ángulo recto,
esperan que caigamos en el metabolismo incierto
de crear bolos sustanciosos de papel diariamente,
los signos quieren negociar la suerte del vacío
porque les estorba el aullido monótono
de los cuerpos anónimos
y quieren comprar todas las lenguas del mundo
para señalarlas con escorbutos imborrables.

Los signos temen que seamos
las criaturas que habitan todas las luces,
que procrean sus identidades entre sombras entrecortadas
y huyen del abandono de las mutilaciones
de los protocolos y de los sistemas,
de la condición de ser una pieza más
en el carnaval de las bestias que se despiertan para extinguirse,
los signos temen que seamos aquellas criaturas
dedicadas a la gestación virginal de la soledad enigmática
de despertarnos entre los seres y las palabras.

Los signos temen
porque padecen
de estremecimientos congénitos,
de tendencia obsesiva-compulsiva
y ansiedad generalizada, somnolencia y depresión
que combaten con dosis altas de clonazepam
y terapias cognitiva-conductuales.

***

criaturas del sol


Padecemos debajo de los disfraces cotidianos
porque buscamos la oración de la oscuridad
en las telas perfectamente recortadas
para ser hostiles a la transparencia,
buscamos el signo de la persecución en los pellejos silvestres
y no sabemos si han sido poseídos
en las ceremonias luminosas de las infancias perversas.

Nos imaginamos soldaduras eternas
y sólo nos atrevemos a la dilatación de los huesos
en el frío que nos arrebata la mezcla,
entonces allí recién creemos
en el engreimiento desatado de la luz
que nos recuerda que hemos nacido ciegos
y que sólo nos reunimos los tres primeros meses del año
para ser parte de la fábula de los desnudos masivos
en medio de la oscilación cromática de los fines de semana.

Si hay algún arrepentimiento, aún queda una alternativa:
amanecer en la gravedad exacta
donde nace la dicha de los labios perturbados
por las quemaduras del mediodía,
quizás sólo así olvidemos que seguimos siendo
siluetas bípedas colgando en el tanteo de las noches.

***

(paréntesis)


La delicia es la tentación de destruir todos los relojes
y arruinar la persecución de las agendas,
las llamadas impacientes
o las reuniones donde el apellido compuesto es lo que cuenta.

La delicia es cuando nos marcharnos al hotel más cercano
para poder adormecernos
con las contracciones de los dedos pulgares
y con el mareo inevitable
cuando imitamos elegantemente el celo de la fauna
de Nacional Geographic.

***

no me atrevo a poner un nombre

¿Pero, qué puedo yo decir del amor?...
Mejor sigo hablando de esta puerta.

Jorge Eduardo Eielson


Este poema es imposible
y las estadísticas no fallan
a pesar de los intentos,
de los muchos intentos.

Los romances en el cinema se multiplican incansablemente,
los hoteles tienen todas las habitaciones reservadas
para la segunda semana de febrero,
por esos días las bañeras son ocupadas masivamente
y todos deciden contrarrestar sutilmente el mal aliento.

Sin embargo, nadie ha mencionado hasta ahora
algún estatuto oficial
donde en pocas palabras
–y sin tarjetas musicales de por medio–
se nos diga realmente de qué se trata aquello
que no ha sido descubierto en las faldas
de una pirámide azteca o egipcia,
en el zócalo derruido de un coliseo romano,
en la mochila sospechosa de un huaquero cruzando la frontera
o en los besos iluminados que adornan las vitrinas
de los centros comerciales.

Por ello, se especula su apariencia
y todos son felices en el instante
donde se acercan a la respuesta.
Bendita sea la aproximación
porque el horizonte entre las manos
es una belleza perfectamente peligrosa.

***

comida para gatos

Te imagino aún intangible, Eva. Materia es tu apellido,
te imagino sin descanso
cuando la partida es anunciada en los altoparlantes,
cuando me convenzo de que eres
inservible para el amor y justa para el llanto,
te imagino como un ingrediente lejano
pero posible si tomo mis pastillas para la alergia
–esas que me suspenden y que tanto te disgustan–
te creo absurda para los roces de la semana,
irresistible para las sonrisas medicadas
pero rechazada para la charla después de la comida,
silenciosa para los gemidos rutinarios,
aunque ingeniosa para el tacto que desordena los pliegues a medida,
te imagino salpicada con rumores sagrados y cuentos ignorados
y dispuesta a sangrar para darme versos
que nacerán de la resaca feliz de beber de tu rostro.

Mientras tanto, espero tu aparición con los ojos cerrados:
una vez más imaginaba que brotabas como un canto embrionario
cayendo lentamente sobre los cuerpos de los desaparecidos,
porque llevabas la vida del mundo en tu desnudez indeleble.

Demoraste un poco pero apareciste
con el juego infantil de un llanto diagonal y tibio.
Entonces quise borrar este poema,
pero preferí usar esta hoja para depositar la comida del gato,
porque ya no era necesario rodearte con el alfabeto impuesto:
era mucho mejor contemplar al gato cuando comía
las sobras de ayer y las palabras que no conocerás.




BIO/BIBLIO:

Alex Morillo Sotomayor. Lima, 1984. Estudiante de literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, formó parte del comité organizador del JALLA-2004 (Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana). Ha publicado artículos y poemas en diversas revistas, periódicos y blogs de Lima y provincias. Forma parte de la muestra poética Generación 2000?. Es miembro del grupo cultural Nudo de Voces y parte del comité editorial de la revista de literatura Tinta Expresa. Prepara su primer poemario La fragilidad de lo visible.



MENCIONADO POR:

Patricia Colchado, MaryCarmen Ponce, Eberth Munárriz, Denisse Vega Farfán



MENCIONA A:

Erick Ramos Solano, Carlos Capellino Fuentes, Carlos Espíritu, Alberto Gonzales Alcántara, Paulo Peña Puyo, Lisby Ocaña Reyes, Juan Pablo Mejía

Martín Zúñiga

2 comentarios:

Suriel dijo...

Hola manyare . deseo darte un abrazo lejano y confundido por todos estos toques por debajo de la falda de este medio dia .

deseo invitarte tambien a un lugar donde puedas leer mis primeros escritos:

www.lamakay.tk

Serendipity dijo...

Prof. Alex Morillo Sotomayor.
La poesia CRIATURAS DEL SOL , me parecio completamente maravillosa. Asimismo he leido Fragilidad de lo Visible y los 17 poemas estuvieron estupendos, ya que expresaron esos instantes maravillosos de la vida.
La peor parte de la Tecnología es la forma en que te roba algunos instantes, esos pequeños descubrimientos incluso la intimidad. Aunque esta se encuentre implicada en tu propia de la Carrera.