POEMAS:
CEREMONIA
I
Y la poesía es entonces,
el amor, la muerte ,
la redención del hombre.
Javier Heraud
Escucho el acartonado sonido de la puerta;
entras con tus libros que cojo para cicatrizar nuestra adolescencia
en una madrugada de café / hierbaluisa / menta que calentaron mi interior.
A la mierda con todo;
me preocupo,
esto sí es más serio,
Heraud,
de la herida que asciende a mis manos.
Ya no estás poeta,
recuerdas al viejo alfarero,
sí, el de la calle poética desaparecida.
Hoy somos una sola carne y desgajamos tus versos proféticos.
¿ Por qué te exiliaste con tus pájaros?
Decidiste unirte
a tu río / el mar / a ti mismo.
Otra vez estás
conversando de la revolución en las plazas,
leyendo y
concertando citas con Machado;
y yo en el encementado desierto,
recordando...
II
Buscando algunos versos perdidos he visitado los más encantadores arrabales,
Sólo se me acercó Verástegui, siempre melenudo, cantando a Lezama:
Llevo un sol en los bolsillos
Pero ya no tengo nada en mí...
Me aconseja, mientras caminamos por el mercado, que visite baños / ómnibus /públicos
para encontrar los graffiti / la ciudad ( dedicada hoy a la cacería de moscas.)
Aparecemos comiendo cebiche de caballa en la carretilla de Don Pantaleón y su / / Princesa;
La charla contamina mis arterias con carbono existencial,
Las jaurías nos hacen tragar polvo trajinado y esteras tostadas,
Frustrando la aparición del viento marítimo que busca picar su cascarón acuoso.
Si la vida se ausentara, por un segundo, del escatol sería soportable,
No llegaríamos a mear los monumentos citadinos,
A aumentar la poesía de las paredes abandonadas.
De repente ya estamos en la Plaza de Armas y nos da una cagadera de risa,
La tarde disfraza sus manecillas y el aserrín de las cantinas nos persigue;
Traemos unas llantas llameantes,
La gente les da vasos de gasolina y comienza a bailar sus hambres íntimos.
Allí están los orcos de la justicia / del orden
Nos quieren mazamorrear,
Dejarnos ateridos con dos mendrugos ( ellos tienen tres)
La huida comienza y nos arrojamos a la avenida Grau,
Ingresamos a un café, pero las monedas se escaparon,
Los bolsillos están mas rotos que de costumbre.
Mejora nos vamos por la Loreto mirando letreros taiwaineses en lupanares / repletos.
A esta hora dan ganas de leer a Vallejo,
Me acuerdo que sus libros cayeron prisioneros en una emboscada orca.
- Después me hicieron conocer pulgas / ratas / olor penetrante de orín -
llegamos a una vieja esquina
aparecen los conquistadores españoles,
pasan lustrosos, en sus caballos a fundar este recinto de arena,
condenado al barro y el sol de los siglos.
Es medianoche, nos volvemos más noctámbulos que nunca,
Comienza el descubrimiento de nuestras mochilas trashumantes.
Más tarde tomaremos emoliente amargo,
continuará la guerra sórdida.
LOS OTROS Y LAS VIEJAS PLAZUELAS
La Ciudad Solar es devorada diariamente sin piedad,
Le arrancan las tripas,
La resucitan junto a Los Otros
Que calibran versos en una vieja plazuela.
Los Otros
aparecieron de repente,
no les quedó otro lugar en el mundo donde morar,
sólo las viejas plazuelas.
Las habitaron y no salieron de ellas jamás.
- Qué más dan las primaveras
sin una musa de gamuza – decía un flacucho.
Juntaban sus almas con el borgoña al atardecer,
las canciones rodaban por el suelo como las lluvias de julio,
los poemas transitaban libremente,
se sentaban en las bancas,
esperaban que cualquier muchacha los llevara en sus carteras,
y Los Otros quedaban tristes.
El borgoña / los poemas / Los Otros
recorriendo las calles,
explorando desde cada esquina el desierto / 1950
para volver a las viejas plazuelas.
BIO/BIBLIO:
Fabián Bruno
Colán. Piura. 1983. Estudió Lengua y Literatura en la Facultad de Ciencias Sociales y Educación de la Universidad Nacional de Piura. Integró el circulo literario “Café de Artistas” y “Aula 34”.
Ha publicado en las revistas literarias “Sietevientos”, “Aula 34” y ”Plazuela Merino”.
MENCIONADO POR:
Cesar Gutierrez Alva
MENCIONA A:
Róger Santiváñez, Lúber Ipanaqué, Dany Cruz Guerrero, José María Gahona, César Ángeles

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