POEMAS:
Miradas
I
Hay un color negro a través del cual todo se hace claro,
la revelación del silencio de una presencia,
como traer sin ver lo que siempre está allí,
como una corriente de aguas clarísimas que fluye desnudando los contornos.
Mis ojos se borran,
mi frente se sumerge en una corriente de negra claridad;
un negror, que revela la sangre de los seres,
trae frente a mí lo que era, lo que es, y será mi rostro.
Mis ojos se borran,
pero puedo ver más ahora:
A través del negro uno puede atisbar la entraña de las cosas,
entrar a la claridad de lo negro que no abandona nada.
Mis manos morirán,
pero a través de lo negro las veo
con el aceite del tiempo ajándolas,
con su olor a muchas camas
que las aguijonea;
veo también que flotan en esa corriente de oscuridad,
que yo floto.
Los pensamientos son blancos: poner pestillos y aldabas al día.
Las palabras son blancas: una muralla que grita.
El cuerpo no tiene color: puede ser blanco o negro o nada.
Todo lo que hago es un blanco rodeo
lejos del oscuro claror del camino.
Recuerdo de ellas
I
Una espiral de vapor empaña mis ojos,
nunca termina por desaparecer en mis pensamientos tu rostro.
¿Quién eres que has tejido en mí un silencioso lugar?,
una laguna escondida donde ceden las hojas a la corriente marchita y sedosa.
Sentí tu tacto pacífico,
aunque en esta ciudad no haya aves
tú eres su tacto,
el tacto de una ausencia que vuela.
Has traído paz a los vestíbulos de estos edificios que secan la piel,
que arrugan los pasos como un maniático arruga su boca.
Sé que el neón no es solo abandono,
pero jamás será la piel materna del pasto.
Antes de conocerte, creía que vivir
era arrancarle un bocado al olor amarillo
que impregna a la gente.
Arrancar siempre, a través de las flores,
lo que convenía a mi temperatura desahuciada.
¿Por qué me has dado esta paz que no reconozco?
Esta paz que revuela extrañamente en mi perfil.
¿Por qué me acompaña tu mirada rubia
y una sensación de que el día mana en ti
como una savia tierna y oscura?
II
Cómo he llegado a respirar esta lentitud en mi pecho:
que no todo debe pertenecerme,
que hay algo que no puedo usurpar en tu ternura.
No ha sido la belleza ni siquiera el relumbre azul y rubio de tu cuerpo,
no han sido tus manos que terminan en un racimo cálido que no se abre del todo,
ni el soplo de tus pensamientos que se mezclan con los míos.
Hay algo que acompaña a tu ternura,
como un estremecimiento leve que despierta
una paz que acaba por envolverme.
Apenas he socavado la tierra alrededor de mí
y su sabor venía mezclado con mi encierro y mi ceguera,
¿por qué esta gozosa paz
es una ventana por la que recibo el aire de mi mirada perdida?
BIO/BIBLIO:
Raúl Burneo Barreto (Lima, 1972) es estudiante del programa de doctorado del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Georgetown. Asimismo, se desempeña como profesor de español y literatura hispanoamericana en esa misma casa de estudios. En el año 2000 salió a la luz su poemario El canto desde la frente y una edición crítica de una antología de las Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma bajo el sello Santillana.
MENCIONADO POR:
Lorenzo Helguero
MENCIONA A:
Xavier Echarri, José Luis Falconi, Arturo Higa Taira, Francisco Melgar, Bruno Mendizábal, José Carlos Yrigoyen


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