Fernando Pomareda




















POEMAS:


balas en lurigancho
La casa no se quemó cuando la dejé. ¿Y tú? ¿Acaso le dijiste a alguien que me iba? Sería bueno hacerlo antes de que lleguen y desordenen lo que fue: el gato durmiendo en el fondo de la silla, aunque ya no pueda cuidarnos de lo que suena detrás de la cocina o de lo que corre detrás de la puerta.
Anoche sonaron balas y yo quería quedarme en la mitad de la cama y en la mitad de ti. ¡Que no se levante nadie! ¿Quién anda por ahí? Ellos corren muy de cerca.
La abuela me muestra el hueco en el techo diciéndome que el tigre lo ve todo. ¿Me verá en la mitad de ti? Que no se levante nadie porque ellos están corriendo.
Te pregunto nuevamente por alguien y te dejo. Afuera la luna se ha caído tras una bomba y todos podemos jugar a escondernos: las balas serán para otros más necesarios cuando me vaya a dormir.

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lima transfer
Me despierto en una ciudad que parece un acuario. Ahí nos esconderemos.
A veces fumamos, a veces alguien nos mira y los peces se hacen nubes sobre nuestro pelo. El invierno siempre llega y nos hace mierda. El verano regresa y las calles empiezan a apestar como gallinazos. No existe otra estación ni otra ciudad para recordar. Los que viven afuera ya estarán muertos.

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mamacha
En casa de los abuelos comer chancho es buena señal. Chancho que no come caca ni hace pluajj. Chancho de Canto Grande y no de poesía. Chancho de eucalipto y cajitas de lagartijas. Cajitas de corazones, cajitas de muebles. Café con leche y cola de chancho.
Mamacha de color castaño, ya no podremos vernos. Ya los corrales se han roto y tus nueve trenzas se han ido. Ya las avenidas cambiaron desde el último paseo y nuestros jardines han desaparecido. Mamacha de color castaño, será mejor ya dormir y pensar que aún no han llamado para el café con leche y la cola de chancho. Vayamos a dormir para que nadie venga, para que la calle no se venga. Ni los señores ni el policía. Ni el chancho que se muere. Ni el pluajj que nos empuja y nos caga la historia. Mamacha, mamacha de color castaño, ya vamos a dormir.

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clase del 85
Las mejores fotografías fueron las del primer año: piernas flacas y muertos de miedo. Los intentos fueron bellos, pero se arruinaron en el patio sin madrina para el equipo de fulbito. Éramos simples, pero no fáciles. Éramos con pelos en los bolsillos de los pantalones y cubiertos de sudor. Éramos expulsados por ser enanos, débiles y con mucho pelo. Pelo en la cara, pelo en las camisas, pelo en las loncheras y en la bragueta.
Pelo en los cuadernos de control, en los pasadores y en las insignias. Pelo en los padres que se quedaron en la puerta, en la foto, en el arco del patio y en todo lo posible para olvidarnos, porque para entrar al paraíso se debe ser como un delfín sin pelos, nadando en una pileta con mierda.

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1992 era una fiesta
Las balas siguieron esa noche. La luna se había caído sobre los cerros llena de huecos. Afuera, siguieron caminando. Buscaban a los más necesarios. Los gatos nos siguieron hasta lo alto de los eucaliptos y ahí nos taparon las orejas. No pudimos ver las luces prenderse y apagarse.
Los más necesarios se fueron robándose cada uno una estrella. Cuando amaneció, la luna seguía sobre los cerros y nosotros caíamos de los eucaliptos.

De: Lurigancho (inédito)



BIO/BIBLIO:

Nací en Barrios Altos en 1980. Me crié en San Juan de Lurigancho y ahora vivo en Cusco.



MENCIONADO POR:

Ilich Quispe, Martí­n Zúñiga

Martín Zúñiga

3 comentarios:

AfonsoHRAlves dijo...

quantas casas voce adentra...
interessante tempo e espaço que vive

Pepefina dijo...

Ese "Vs" muy Cisneros, no?
Me gusta =)

Rocío Santillana dijo...

no conozco lurigancho, pero parece que vale la pena dejarse habitar por su vecindario y sus testigos. gracias, mamacho.