
POEMAS:
1
En el templo de “la luna y la sombra”
La muerte de Yoshitada me llena de pesadumbre. Abrumado por la soledad recorro el templo de Zuiganji, fundado por el trigésimo segundo patriarca de Makabe a su regreso de China. En una de sus paredes reconozco la escritura de un poema que reza:
Rodeado de flores, libo solo,
ante un jarro de vino.
Así alzo mi copa y convido a la luna,
y con mi sombra, ya somos tres.
¡Oh luna! ¡Oh sombra!
Serán mis inmortales amigas.
Ya nos reuniremos algún día
en el cristalino río del cielo.
La noche me alcanza meditando en estos versos. ¡Li Tai Po! –grita mi alma- ¿Cómo pudiste percibir mi sentimiento novecientos años antes que naciera?
Pensando en Yoshitada vierto un poco de sake en el suelo rocoso del templo. Al amanecer, escribo:
Li Po bebe conmigo.
En Zuiganji
la luna y la sombra.
2
Iniciar el viaje
Hoy es el quinto día del Quinto Mes. He remojado pétalos de lirio para limpiar mis pies cansados mientras observo a unos niños zarandear un muñeco vestido de senshi. El río Hirose no está lejos, y aunque hoy –más que nunca- sus carpas deben estar nadando contra la corriente, yo me consumo en remediar si es tiempo de emprender viaje en busca de Li Po.
Mi amigo Yoshitada diría, sin duda:
Una carpa de papel
más valerosa
en río bravo.
En su honor decido abandonar Sendai y Matsushima, para redescubrir mi espíritu en alguna ciudad olvidada por la memoria.
Como despedida, al iniciar el viaje, cuelgo estos versos en uno de los pilares de mi casa:
Hoy Kodomo no hi.
Pétalos de lirios
desatan mis pies.
4
Las compañías del sendero
He seguido mi camino por los montes de Gessan y Yudono. Mi acompañante ocasional, un joven aprendiz de bonzo –aficionado al juego de Go- me pregunta por el motivo de mi viaje a China: “Pertinente Dajin, he de encontrar en Dangtu a Li Tai Po”, le digo. Dajin, que aún no conoce el arte de la poesía, me interroga por aquel hombre, imaginándolo un santo. Así, le recito el poema de “la luna y la sombra”. Mi joven acompañante se desanima hondamente al conocer la verdad, y se aplica de nuevo en sus pensamientos, quizá en una partida inconclusa de Go, que le espera a su regreso, en Edo.
Ya me había prevenido años antes mi maestro Kitamura:
Que tu búsqueda
sea canto de grulla,
pero en verano.
5
Puerto de Sakata
Llego a la costa de Hiyoriyama en los primeros días del Sexto Mes. El aroma de los cerezos es definitivo, aún mucho después de la celebración del hanami. El mar seduce con melancolía cuando sus aguas golpean el paisaje del puerto. Para los viajeros el litoral siempre se presta al regocijo y la reflexión. Gozoso compongo este poema:
Los cerezos en flor
perfuman las olas:
playa del sosiego.
Es difícil abandonar Sakata si se dispone del espíritu suficiente para contemplar el monte Chokai o la desembocadura del Mogami. Así, en este embeleso, paso tres días. Al amanecer del cuarto, con el corazón cargado de “buen viento”, abordo el Kasefune, un navío mercante que me llevará a Niigata.
En el puerto repaso un poema de Li Po:
Aquí es donde debemos separarnos.
Mareas solitarias se agitan por doquiera:
nubes flotantes, pensamientos del viajero,
sol naciente, sentimientos del amigo.
Vierto unas lágrimas recordando a mi viejo compañero y me digo: cualquier camino es bueno si voy contigo, osananajimi.
Así partimos. La luz ya ocupa el naciente.
6
En altamar
El permanente ir y venir del Kasefune, sobre la marea, ha llenado de paz mi ánimo. Admiro la belleza del océano que desafía en hermosura al mismo cielo. Bien se dice que uno es el reflejo del otro: como dos firmamentos o dos mareas interminables. Qué agradable resulta pensar en ello.
En los veinte volúmenes del Kokin Shu abundan poemas de tema marino, pero en especial guardo uno en la memoria:
Como el mar que golpea
las orillas del cielo,
al regresar la marea,
el amor que siento por ti
se hace más y más hondo.
Me emociona imaginar que ese amor sólo es comparable a la pasión que deben sentir los dioses en las alturas. Considerablemente impresionado, disminuyo mi momentánea soledad recordando a Juteini, un amor fugaz que padecí en Kyoto. Reconociendo que soy humano, escribo:
Línea del horizonte:
qué fragilidad
la de los amantes.
BIO/BIBLIO:
Diego Alonso Sánchez. Lima, 1981. Soy bachiller en literatura peruana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fundé el Grupo de Creación y Publicación Literaria Sociedad Elefante en el año 2000, donde publiqué varias plaquetas de poesía y –finalmente- un conjunto de poemas bajo el título Mitsuya Nicolás y otros poemas (Sociedad Elefante, 2002). En la actualidad practico la docencia en un centro educativo escolar. Estoy trabajando mi libro Por el pequeño sendero interior; algunos de sus textos presento ahora.
POÉTICA:
La descubro cada día detrás de la sonrisa de mi hijo.
MENCIONADO POR:
Miguel Sanz
MENCIONA A:
Dante Ayllón Bulnes, Francisco Izquierdo Quea, Cecilia Podestá, Romy Sordómez Patiño, Miguel Sanz

1 comentario:
Oh, señor, su poesía es realmente hermosa.
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