POEMAS:
Viaje
Fumo
como
quién repite el mito del hombre en las cavernas
Poseo
un corazón que puede desdoblarse
Habitar
en ti y en todos a los que me aferro
Con
las uñas y la carne
A
los que me hundo
hasta
fundirme en un solo movimiento
por
el miedo a que mi sangre
fuese
un espacio vacío entre mis venas.
Eso
mismo es el taller del espanto
Sangre
de mi sangre
Cuerpo
de mi cuerpo
Un
cántico cerrado
Desde
mi boca hasta el estomago.
No
te olvido
Y
habito en otros
Hasta
encontrarte.
Ciudad
Tu
ciudad es una piedra helada, donde se aglutinan hombres como peces en un cesto.
Sin calor sin alma y demasiada sal.
Mientras yo he dado tantas vueltas por el bosque que he perdido el
rastro de vuelta. Perdí la voz, y solo quedo tu nombre para el viento, este me
ha acompañado resonando durante el viaje. Tu ciudad seguirá siendo el mito de
mujeres traspapeladas y animales mediterráneos. Un caballete abandonado y la
pintura aún fresca en el piso de esta casa, un gran cesto de peces en medio de
la habitación. No me llevé nada más del viaje. Ahora una sensación de
desconsuelo y un teatro de vírgenes que se desgarran las piernas me circundan.
Me hallo en una casa oculta tras el estigma de arboles si copa. Una vieja casa
de palisandro, donde las mujeres yacen extenuadas y frías. Aquí hay más mujeres
para enterrar. Nada de limpiar ni zurcir, solo enterrar. Las mañanas y la tarde
me sofocan porque el credo de esta casa son aullidos y voces pantanosas. Mis voces guardadas en el secreto de estos
muros. He dormido toda la tarde, aún queriendo no hacerlo recurrí a invocar a
las montañas un designio, una veta, una salida. La filosofía y los cerros
guardan el fragor de las batallas perdidas, solo enseñanzas reciclables. Me
voy. Me voy azotando las puertas con mi cuerpo, aun así, no estarás a seguirme.
Te he pateado tanto en la espalda, las piernas y el rostro que mis falanges han
desubicado su orden natural. Sé que andas escupiendo sangre, desbordando el
amor por la boca. Casi al final de la aparición de la muerte, los peces escupen
el anzuelo, otros simplemente son encontrados con el anzuelo en las entrañas.
Escupirás tanto, que cuando tus labios sientan agrio ya me habrás de odiar. Me
voy. Estoy yendo lejos y no necesito compañía si algún día me encuentras, no la
necesitaré hasta que yo misma rompa mis costillas y no pueda caminar. Reventaré
mis costillas de tantas caídas que me propinaré. Haré de mi cuerpo un barco
abandonado, un barco sin capitán, marinero ni pirata. Un barco que en otros
tiempos fue de guerra, pero que ahora vence a diario un naufragio y que solo es
habitado por ratas como símbolo de existencia.
PATRICIA LEYTON
I
("Oh Señor, no es
de la muerte que quiero huir sino de sus
terribles modos")
terribles modos")
José Watanabe
Patricia
Leyton se miró al espejo
se quitó la
ropa y se acostó frente al reloj
mientras
recordaba la imagen de su cuerpo
no podía
acostarse sola
necesitaba
conservar la luz del mundo
entre sus
dos piernas;
y al
tocar sus pezones
soñar con la
gracia matinal
de la
dulzura tibia del amor negado
de ningún
hijo
que se le
fue arrebatado por esas 20 mujeres
que su
marido
ahogó entre
sus sábanas.
Ella no
podía dormir en esa cama
combinar su
aroma con el hedor
de los demás
roedores
que se
alimentaban de los rezagos
del cuerpo
de su marido,
tampoco
podía
mezclar sus
cabellos
con el
pelaje de las fieras vencidas
ni henchir
su ego
con la
importancia de llamarse Patricia
a pesar de
tener 40 años
y haber
matado a su marido
conservar el
mismo cuerpo de los 20
con huellas
que nadie podía percibir
más que su
espejo
su tacto
y sus enceguecidos ojos.
“Mamá, no es de la muerte de lo que
te hablo
sino en el terror que me acoge
al pensar en sus formas;
hoy te abrazo
y mañana abrazarás
mi lápida de mil colores
no me llamaré Patricia
y los hijos que no tuve
se reducirán con los gusanos
perdidos entre el humus
y mi alma crepitando en el cajón
y mi último cuerpo…
Yo me pregunto
si la luz nunca se la di a nadie
entre mis dos piernas
y mis senos
no tienen la dulzura matinal
sino el pergamino arrebatado
y el morbo de mi marido
abandonado frente al espejo…
¿Qué ha habrá quedado de mi
en su memoria
¿Qué habrá quedado en la memoria
de esas 20 mujeres
que nunca conocieron
el amor?
nadie ha ganado nada
en este duelo de animales
nadie conoció el amor.
Despertar de
20 infames años de matrimonio
para desaparecer de nuevo
que solas estamos, madre”
Difícil
camino que
Patricia se
lleva entre sus cabellos
Y los ojos:
la ceguera
heredada
de las
mujeres
de otros tiempos.
BIO/BIBLIO:
Indira L. Anampa Santa Cruz (Lima 1989).
Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad San Martin de Porres. Perteneció al Colectivo Comunidad Poesía en el Sur (Villa el Salvador-Lima). Publicó su plaqueta Noche en Marte (Ángeles del Papel Editores, Lima, 2009). Es parte de la Primera Muestra Colectiva de Lima Sur, Poesía en el Sur (Urbano Marginal- Editores, Lima, 2009). Parte de su poesía apareció en antologías nacionales e internacionales poéticas como: "Entre exilio y desierto-una muestra poética del cono sur de Lima"(Unión libre Ediciones), De quenas y bandoneones 70 voces femeninas Perú-Argentina (Casa del Poeta Peruano), Suicidas Sub-21, Como verdes guitarras de eucalipto (Casa del Poeta Peruano), Nueva Antología Peruana Post-Hora (Ediciones Espartako), etc. Otros de sus poemas aparecieron en diversos medios literarios, como Marea Cultural, Plumas y Pinceles, La Tortuga Ecuestre, Espartako, Vicio Perpetuo, Pohemia lux, etcétera. Ha participado como Co-Locutora Radial del Espacio de Literatura y Arte, Sólo para Locos (Radio Planicie). Próximamente publicará su primer poemario Patricia Leyton
MENCIONADA POR: Efraín Altamirano Cáceres
MENCIONA A:
Mixha Zizek, Virginia Benavides, Victoria Larco, Karina Valcárcel, Arianna Catañeda, Sandra Enciso, Victor Coral, John Martinez, Jorge Flores y César Sánchez.


1 comentario:
Un lugar que me gusta, poemas que resaltan calidez y profundidad! Vendré muy seguido!
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