J. Estiven Medina Ortiz




POEMAS:

Escribo, dejo en blanco, aparezco y desparezco, de golpe de pronto súbito e inesperado. Logro y fracaso, en ambos casos, unidos por una cuerda que es la desnudez que es la honestidad que es la más vil mentira colgada de una viga. Escribo des/escribo, voy y vuelvo y me pierdo. Espero y avanzo impaciente, temo firme, camino, paso a paso a ningún lado, a todos lados, nave oxidada y chirriante, ebrio conmovido manotea el aire, abraza allí escupe allá. Cálmese, déjese de tanta tontería, no sea absurdo. Relájese. Lluvia de dientes relámpagos de cabellos ríos con tu nombre ahogado. Escribo, tecleo y oyes el tac tac tac tac del cuerpo que construyo, un manotazo de tiempo estremece  tu tranquilidad y soy yo soy yo soy tu voz tu boca mordiendo el aire, tus dientes lloviendo dentro de la hoja, mi espalda calentándose con el sol de tu mirada. Ametrallo el cielo con las palabras que salen de mi ojo izquierdo, luego me largo a hacer pis y vuelvo y escribo y miento pero soy honesto en el fondo. Ojalá valga la pena fracasar. Estamos abajo como si nos hubieran secuestrado y abandonado en un sótano, digo sótano de luz pero nada se enciende. A veces las palabras son bombillas quemadas. Todos los escritores del mundo han venido a cumplir el rol elucubrado por un escritor supremo que esconde algo en su sótano nebuloso, todos los escritores del mundo aportan algo con sus indagaciones sobre cómo ser un buen esquizofrénico y beber un café sin llorar ni sentir nostalgia por algo que no pasó. En algún punto de la existencia la realidad se hace esa parte del cuerpo que más se adormece. Introduzco mi cabeza en una bolsa de plástico y me dispongo a pronunciar el discurso que preparé con motivo de  la premiación con la que me honran. Inesperadamente mi cuerpo se reduce a una cabeza gigantesca que habita una habitación entera, una habitación grande pero muy chica para que la cabeza logre moverse lo suficiente. Saltan dos ojos sobradamente tímidos para volverse a su lugar. Cómo se llegó aquí y qué hay más allá.
Se asfixia, se adormece, se une al plástico, se despide, teclea, escribe chau, pero no se quiebra y comprende que no es frágil, que la sensibilidad es un convenio con el tedio.  Me asfixio, me adormezco, me uno al plástico, me despido, tecleo, escribo chau, pero no me quiebro y comprendo que no soy frágil, que la sensibilidad es un convenio con el tedio y que soy sensible en el silencio quemado.
De “Podrido”.






Madre sorpréndeme cantando, cantando como un loco gozando de su cordura. No estudio cuando escapo de los deberes diciendo que lo haré, oh madre, sorpréndeme también por eso.  Canto porque mi voz ha sido arrebatada por el tiempo, tajoneada por eso que llaman madurar, como ir a un lugar mejor que quizá no es mejor. Madre, mírame el sudor que cae cuando caigo y me lastimo de ti, del viejo, del desorden de mi cuarto que es, créeme, lo que mejor me explica en la  calma. ¿Si muriera un tipo que ha corrido cansado? ¿Muere o descansa?
Madre, he sentido los dientes de mi voz clavándome en la cabeza como cuando un cachorrito es llevado por su madre a un lugar lejos de la lluvia. Pero mi voz también es la lluvia, de colores, de distintos tonos rojos, ay la sangre, un accidente del sueño, de la mañana, del sol, un accidente aéreo mi voz, atrápame cantando me emborrachaba entre sus brazos, ella nunca bebía  ni la vi llorando.
Madre quiero ser cantante precisamente porque no puedo cantar, porque mi voz es atroz pero quizá haya algo hermoso bajo esa tragedia, un gusanito de ojos conmovidos que aletea sus alas vacías e irreales. Por favor sólo quiero matarla, a punta de navajas, besándola una vez más.

¿Sabes lo que soñé el viernes pasado? Que me masturbada frenéticamente y que luego, ah no, espera, eso pasó antes de estar dormido. Bueno, estaba parado en algo parecido a un escenario, todo iluminado de bombillas púrpuras. En el fondo un tipo que era el baterista dio una señal que no comprendí y de golpe de alguna sombra agonizante un guitarrista agitó su guitarra a manotazos, parecía una tontería pero oía a épico, luego el bajista tocó y yo al medio detrás de un micro que tenía pinta de antiguo y abrí la boca un poco y explotó el estadio, porque estaba en un estadio o algo parecido, algo más grande quizá y la gente enloquecía y era la peste del amor y la pasión y la fe. Y canté, para sorpresa mía, con mi voz real y nadie se espantaba, ¿me oyes? Nadie. Yo creo que fue  una revelación.

De “Podrido”.






UN POEMA DE AMOR QUE EN REALIDAD ES UN FRAGMENTO DE LA  NOVELA “PODRIDO” DEL NOVELISTA J. ESTIVEN MEDINA ORTIZ.
Hola me llamo Esteban, tengo 23 años y soy escritor. Empecé a escribir profesionalmente a los 8, estaba muy enamorado de Sandra, mi compañera de clase e hija de mi dentista, y yo era tímido. A esa edad uno se hace escritor porque la boca le tiembla, porque el amor hace añicos los nervios y las palabras son remedos vergonzantes del corazón que convirtiéndose en  una mosca se da contra el vidrio de la ventana en su intento por ser libre.
Me hice escritor porque no encontré otro modo de acercarme a ella o porque todavía no sabía lo que era la masturbación, da lo mismo.
A Sandra le robé un beso en los labios luego de mostrarle mi cuadernito azul manchado de poemas y cuentos en donde ella y yo éramos muy felices para siempre, le convenció la contundencia de mi prosa y la honestidad de mi lírica, me lo dijo con esas precisas palabras, es más, escribió un ensayo sobre mi obra en la superficie de mis labios.
Tiempo después me enteré de que Sandrita había muerto y sentí que parte de esa muerte había sido mi culpa, que la había aplastado con tanta felicidad dulzona, le había envenenado la sangre con tanto amor, ella ya estaba lejos de mí para cuando había enfermado, pero nuestro amor era una promesa vigilada por las nubes, luego ella murió sin avisarme, sin prepararme al desconsuelo de la viudez, lloré tanto que mi cuadernito azul se ahogó.
 Así como su madre me reparó los dientes, Sandrita me había reparado los labios que son, ya se sabe, una prolongación del  corazón.
De “Podrido”.




TÚ SÓLO ME QUIERES PORQUE APARECÍ DE PRONTO Y NO PUDISTE HACER NADA

¿En verdad crees que la ciudad es el suburbio del cielo? (me pregunto)
Soy un poeta que tiene inédito un traje azul hecho de un trozo de cielo que logré arrebatar de sus custodios en un viaje que realicé cuando estaba ebrio.
-media hora después-
Sólo es una desesperada mentira/ he podrido mi cabeza y la he lanzado contra todo/ pero no es agresión/ es búsqueda/ eclosión  de un nuevo día a partir de un día que voy muriendo/ respirar en tu pecho mientras el mundo explota eternamente/
No me quedan palabras pero sí abismos entre ellas y el papel/ No me quedan sonrisas pero siempre estoy tropezando con tus pies en este limpio baile de encontrarnos y conversar nada por el ruido por los autos que atropellan nuestros sueños por las mariposas que revientan nuestros ojos por esa curiosidad que no  perfora nuestro refugio de timidez/ y no quiero abandonar este fragmento del poema porque después no sé lo que vendrá/ tal vez lluevan ojos desde una boca hambrienta/ tal vez los ojos pueblen mi desnudez sólo para comprobar que no estoy desnudo/ y ese sea el paisaje que tenga que devastar y ofrendarme entre dudas y mis muertos de papel/ tal vez me quede suspendido en la catatonia repitiendo tal vez tal vez tal vez es otra forma de buscar de hallar un cadáver y diseccionarlo porque en realidad es un museo de manos atadas entre sí que guardan todo lo bello que alguna vez pude haber soñado.
¿En verdad crees que soy lo que más has querido?
He tropezado con tus pies después de hurgarte hasta el mínimo gesto/ he forzado el rumbo de tus manos en mi cuerpo/ he sido unos labios desangrándose entre tu piel y mi costra y aún así tu mirada es limpia/ y se agolpa con la turbidez de la mía/ somos una constelación que se engaña/ que se miente porque no hay más donde buscar que en la ficción de nuestro encuentro/ porque me quieres y me arriesgo a decir (con humor) que soy querido con la solidez de tu palpitante fósil corazón que trascendió el mar del hartazgo/ que me quieres aferrada al último significado de vivir: Estar a punto de morir/ y agrego: a mi lado.
Porque me has querido cuando yo nacía de entre mi cansancio y mi horizonte perdido/ porque me has querido desde aquella vez en donde yo solté un poema desde mi vida hasta la mía.

De “Hablemos de mí, mientras las hormigas devoran el sol”.





BIOGRAFÍA:
J. Estiven Medina Ortiz (1995). Pintor expresionista abstracto. Tiene un poemario inédito titulado “Hablemos de mí, mientras las hormigas devoran el sol” y escribe una novela que ha llamado provisionalmente “Podrido”.


MENCIONADO POR:


MENCIONA A:
José Taipe Agreda, Jesus Lévano, JulioBarco.


Martín Zúñiga

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