Roberto Valdivia







POEMAS:


Ritchie Valens falleció a los 17 años el día que murió la música

Voy a salir con una sonaja escondida en el brazo
No quiero estar en casa hoy
             Hay que salir esta noche
Habrá un recital en el centro de Lima
                                                                 En el micro un vendedor ambulante nos comenta que
Michael Jackson murió en su departamento por una complicación cardiovascular
Hay que salir esta noche
Tengo dos amigos a mi lado izquierdo tres a la derecha
Uno de ellos palpa las paredes de un edificio y describe a la perfección a una chica que se acomoda el sostén en el quinto piso de ese edificio
El resto de nosotros abre una botella de libélulas escondidas en una botella de yogurt
   Estamos en un auto prestado manejando a medianoche
                         Hemos perdido la fe en los semáforos
       Porque la biblia así lo dice
 Mis amigos y yo comemos plátanos que robamos de un supermercado
 Te encontré en la Abancay parada como un obelisco al lado de la biblioteca
Cuando nos saludamos tu mano se evapora como el humo de los autos al entrar en mis pulmones
 Veo diez personas llorando mientras el televisor suena
           No quiero estar en casa esta noche
Porque no tengo a nadie en casa esta noche
                  Buddy Holly está colgado de un crucifijo frente a mi colchón
            Gritándome
    DAMOCLES-DAMOCLES
                       Mis amigos dicen
Los mejores poemas fueron los que recitó un señor de cuarenta años que estaba sentado al lado izquierdo de la primera mesa
Pisaste un charco
   Tus piernas tienen dos vías lácteas por pies
    Tu boca es un cráter donde un río ha nacido y lo ha hecho suave
No he podido hacer más que repetir comentarios sobre una canción antigua de Ritchie Valens
Morir a los diecisiete años debe ser horrible
Te diría que si el auto choca hoy cuando crucemos la avenida Arequipa a toda velocidad
             Me ahogaré en el airbag si te sobrevivo
         Pero no he podido decirte nada estando tan cerca
Tengo el timón en las manos y mi boca deja su volumen en 0 porque no he dicho nada importante
No he podido mover las rocas con telepatía
Apagaré la radio

En el asiento de atrás mis amigos cantan


This will be the day that I ll die
  This will be the day that I ll die







si de pronto

me creciera una cabeza de león en el hombro izquierdo

y esta empezara a rugir y a intentar morder mis extremidades

sería

un excelente tema de conversación

de seguro podría superar el inconveniente de los rugidos con tapones de látex en los oídos

y atraer mucha gente fascinada como ante un superhéroe de marvel

pero si luego un doctor viniera a analizar mi cabeza de león

poniendo sus estetoscopios ordenando ponerle a mi cabeza de león una camisa de fuerza o una máscara de fuerza mejor dicho

entonces empezarían las tomografías

los estudios revisando

casos en los que a un estudiante de pronto

le hubiera brotado una cabeza de león

y tendría una bata celeste de enfermo pero yo les diría me siento bien

y haber tenido esa cabeza de león sería lo más aburrido de la vida

el médico luego de extirparla  me la traería para que me divierta

y/o consolara

pero yo le diría maldita sea haces que me sienta como el hombre elefante

pasaría dos años en un manicomio como el de la montaña mágica

y al salir estaría vivo

se me asignaría una llave a un cubículo de oficina

donde estaré encerrado de por vida

comiendo carne cruda por voluntad propia

a ver si las cosas que pasaron antes
                                                                                
vuelven a suceder de nuevo






2.4.002         
CANCIÓN DE JEANNETTE


¿Por qué pensar en géneros sexuales? ¿Por qué pensar en una diferencia mientras el gemido se produce? Es el coito el medio perfecto para encontrar la confianza, se derriban muros, revienta con trompetas de cristal, Jericó. Por otro lado, ya es trasnochado perennizar razonamientos binarios. A veces siento que soy un megáfono, uno de la época posmoderna y mis manos son pedazos de periódicos donde se anuncia un nuevo paquetazo, un nuevo incremento de sueldos. Vivo atascada en la sensación de lo antiguo y el choque/fascinación de una verdad antes encubierta. Siento que soy una pieza saltando por la orden de un dado cada escalón en un Monopoly. A veces voy a la cárcel. A veces me perciben sucia y me condenan. Cuando esto sucede mis senos se esconden y me arrodillo. Caracol pequeño. Siendo un caracol pequeño repito incontables veces (como un Mantra) No quiero pensar en géneros de ningún tipo. No quiero caminar con los ojos cerrados y sin embargo intentar mirarlo todo. No deseo colgar mi cuello de una soga en el último piso de un rascacielos mientras los oficinistas de Wall Street venden cada pedazo de mi cadáver a través de acciones. Ellos me señalan. Es solo una Mujer. Al ahorcado a mi diestra, es solo un Hombre. Tener una identidad nos castra. Estoy confundida por las manifestaciones que se realizan delante de mi cadáver. Sucede el slogan de una vida mejor. Las adolescentes abren sus piernas, desnudan sus senos y reclaman, los hombres abren sus piernas, desnudan sus falos y reclaman. “Soy (sólo) un hombre” “Soy (sólo) una mujer”. Las identidades son caprichos alocados, alguien las inventó, no nosotros. Nadie nace siendo algo más que un ser humano. Es niño, niña, mapuche, judío, etc. porque se le ha asignado una identidad. Es su acta de bautismo en un sistema de poder que se basa en la relación categoría/valor, ya sea estatal, racial, religioso, etc. En este momento no tienen ningún sentido pensar en hombre-mujer. Tiene sentido mirar con totalidad. Mi cadáver yace delante de las miles de personas, se cuelga como un péndulo delante de las marchas de los pacifistas, delante de las marchas LGBT. Mis manos sangran y me vuelvo pálida, tímida flor de invierno que perece líquida. Pero siento que ahora soy perfume. Sería reptil en otro momento, tal vez mi esqueleto lo alcancé pero yo seré un perfume y me desgastaré junto a mi esencia. A mi diestra el cadáver habla en un trance por desesperación. Los invito a venir y descomponerse para recomponerse de otro modo. También reflexiono, todo cambio es doloroso. Cierro los ojos y delante de mi sala existe un cordel donde un libro de matemáticas está colgado bajo las órdenes de Marcel Duchamp. Él me ordena no interferir y dejar que la intemperie enseñe al libro conceptos que solo alcanza teóricamente y jamás en praxis. Soy un perfume conociendo el viento, las direcciones de sur-este-oeste-norte. Sin embargo, me siento confundida. Toda delimitación es un hilo de oro que han lanzado los hombres con la idea/esperanza de ir avanzando a buen puerto. Por eso es fácil para quien se lo proponga encontrar cada pieza del universo encajando en su lugar indicado. La falencia se ubica en la percepción antropocentrista que la ciencia habrá de reemplazar. Es mejor reconocer la fragilidad. Sobre ella caminaremos como Cristo sobre el agua, milagrosamente vivos debajo de una bruma que desciende hasta el mar y por la cual tenemos que caminar a la fuerza. Al otro lado de la niebla está la playa de nuestra infancia. Nuestros hermanos y padres nos gritan para guiarnos. Mi cadáver ha desaparecido. Soy perfume y me evaporo. Mientras escribo esto me propongo no caer de nuevo en el lugar de las fronteras. La poesía no tiene por qué acabar en un terreno solamente lírico ni en un terreno solamente narrativo, la narrativa además, no tiene por qué creer en la linealidad ni en el tiempo ni en el espacio para representar un mundo que no es lineal ni se estructura en tiempo y en espacio como factores externos, sino internos. Nuestros versos serán poderosos ensayos astrofísicos que lo resuman todo. Creo que la poesía puede decir absolutamente todo. Creo que todo lenguaje es poetisable. Creo que cuando los extraterrestres aterricen nuestra poesía se enriquecerá con nuevos idiomas, de igual manera que cuando los robots tengan la autonomía total para realizar un lenguaje perfecto y lógico. Creo que todo es poesía y no hay mayor burla para la identidad que la voz polifónica de un poeta que intenta decir a través de una voz-Dios de una voz-hombre de una voz-robot de una voz- insecto de una voz-paloma todo lo posible. No soy un yo solo, soy Yos. Cuando desechemos estas visiones parcializadas podremos visualizarnos completos. Mi amor ya no servirá a nada más que a sí mismo. Poeta que vendrá, hombre del siglo XXX, tu cabeza me recordará a Arquíloco entre un desierto de huesos. Celebremos el deceso de la poesía, celebremos la literatura agonizando. Démosle la bienvenida al  nuevo día el poeta andrógino el poeta filósofo el poeta astronauta el poeta Dios el poeta mendigo el poeta físico nuclear el poeta que vendrá y su cabeza será un sintetizador moog tocando las más bellas romanzas de la época: Los invito a venir y descomponerse para recomponerse de otro modo





te amo Lisa

Cuando desperté mi niño estaba colgado con marcas lilas en el cuello ahorcado de una viga con los cables de un teléfono de los años 70s. Dentro de una cabina telefónica chorreando semen por las axilas eres una estrella reventada de un puntapié en la entrepierna. Mi niño es un cadáver flotando en un mar negro junto a miles de peces muertos por un accidente petrolero con la boca reventada abierta siendo un espejo del sol metiéndose en él como una coca cola. Tirito frente al cadáver de mi niño cuando la noche se abalanza sobre nosotros llenándonos de recuerdos montañas rotas a mordidas por dioses falsos. Mis ojos están fríos como tus palmas tus vaginas hinchándose de muerte boa morada con sus víctimas adentro barco tragado por la marea te observo:


Mi niño está loco. A mi niño le gustan las horas del mediodía escondiéndose entre las esquinas mientras espía a las escolares de faldas a cuadros azules y negros que salen a comprar caramelos y chocolates y algodones de azúcar. Mi niño está loco. Se sienta en una pileta municipal a echar maíces a las escolares sueña con un meteorito que se estrella contra la luna y estalla y en ese meteorito está el germen de un nuevo hombre que puebla la luna. Selenitas. Yo le aconsejo, la caída es más dura cuando has estado ondeando tu bandera en el Reichstag y ahora te toca irte con la frente en suelo y tu corazón es una cucaracha que va de aquí hacia allá bola de billar corriendo en el suelo verde.
Mi niño está loco. Dibuja una bandada de luces de navidad en su traje azul y salta como una burbuja entre las sillas canta mirando el cielo verde. Mi niño crece como un árbol estrellado en la pista y florece hacia arriba sus zapatillas son dos hermosas calabazas de Halloween cada una decorada con motivos incas. Mi niño persigue a las escolares por toda la ciudad llevando una moneda en la boca hasta que tropieza yo lo encuentro borracho en las esquinas del ministerio de justicia. Te quiero me susurra, yo escuché debajo de sus fotos el crujido de un reptil que salía a la superficie luego del letargo. Morirás por siempre. Asistes a un concierto de música experimental a escuchar lágrimas y veo como dibujas esas lágrimas en grafitis por toda la vía expresa los autos chocan estas ebrio y vomitas en el parabrisas de un bus a toda velocidad y los buses se estrellan las nubes lloran el espasmo del universo se desequilibra y caes para siempre apestas a llanto y mocos.


Tú estás escrita en un mensaje de texto. Mi niño duerme en mi regazo cuando veo en la televisión las noticias sobre un huayco en la sierra. Sé que tus dientes blancos no son en absoluto causa alguna de estas explosiones. Te mandé una servilleta con inscripciones en jeroglíficos egipcios que dicen: No hay porqué llorar. Sé que resulta estúpido pero existen momentos en que el lenguaje debe ser parábola y no línea recta. Ahora estamos en este triste aullido trinchera mi niño esta desmayado por la fiebre y tú nos escuchas desde el otro lado de la línea Maginot mi voz es el sonido ligero de un telégrafo. Mi niño tiene las piernas flacas en la oscuridad parece un fantasma del color del Doctor Manhattan. Cuelgan condones usados de sus cabellos envueltos en trenzas. Sé que afuera hay mujeres y hombres con cabezas en sus cinturones reducidas con técnicas ancestrales de tribus ecuatorianas. Pero yo no quiero salir a hacer mi caza, no quiero degollar cabras en el matadero ni comer ni arar la sangre de un perro aplastado por un camión de Pepsi ni hacer reportajes sobre gatos incendiados por miembros del kukluxklan. No quiero esculpir mis palabras sobre las llagas de un esclavo negro vendido en Abisinia. Yo no quiero levantarme ardiendo en mis pulgares un odio estúpido. Estamos solos bebiendo de una olla de cerámica, rondando en círculos el cadáver de Kon, lamiendo los llantos de nuestras mejillas lamentándonos en silencio el dolor mil veces hecho puerta en las casas de los hombres






te amo shiva

*
Conocí a una chica estupenda debajo de un zigurat de Mesopotamia, la luz caía vertical sobre su rostro redondo y al momento de fijar la vista en mí la luz del sol la del zigurat y ella formaban un hermoso tridente
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Conocí a una chica estupenda llevando un cántaro por las orillas del Nilo mientras cantaba una canción antigua que decía tres veces la palabra pájaro cuatro veces la palabra vida y una vez la palabra beso
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Conocí a una chica estupenda en el desfiladero de las Termópilas. El sol de las tres de la tarde ascendía detrás de ella y su figura era una silueta negra ante el sol inmenso, cuando cerraba los ojos las flechas de los persas subían arrasando la luz, un sol negro de muerte. Le rogábamos que nunca durmiera.
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Conocí a una chica estupenda balanceándose en el puente colgante que unía dos castillos feudales. Ella tenía la voz de un onagro reventando una muralla bizantina y cuando caminaba el agua no la reflejaba en ningún momento.
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Conocí a una chica estupenda escribiendo un tratado astronómico junto a cinco persas, ella los comandaba a todos y les revelaba las futuras desgracias que azotarían Bagdad. Dormía de pie y al despertar los cinco persas se arrodillaban en simultáneo dejando estiradas el rojo púrpura de sus capas y turbantes.
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Conocí a una chica estupenda conversando con sus mecenas delante de un puente en Venecia. La luna tímida se asomaba en el agua y amenazaba con tragarlo todo. Ella, impávida, se recostaba en la pared y se acariciaba el cabello.



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Conocí a una chica estupenda que caminaba por un sendero de provincia francesa mientras mordía una magdalena con los dientes de adelante. Yo le preguntaba por el cielo de Boujion y ella se desvanecía como una fuente quebrada por la caída de un ángel, un ángel del siglo treinta.
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Conocí a una chica estupenda que miraba las manchas de petróleo que dejaban los submarinos alemanes mientras partían rumbo a la guerra. Cada vez que señalaba con el dedo el horizonte pequeñas chispas reventaban en el triángulo de las Bermudas.
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Conocí a una chica estupenda que recitaba poemas a toda velocidad mientras la gente corría desesperada en las calles de La Habana mientras los aviones U2 guiaban los barcos que incendiaban el mar a torpedazos, luces de sol en medio de una quimera de ceniza.
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Conocí a una chica estupenda recostada en una escalera impulsada por basalto. Un apagón había anochecido la ciudad roja y las naves interespaciales se dejaban caer mientras ella anotaba los nombres de los muertos en una libreta escolar.
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Conocí a una chica estupenda cuya mente era un espiral como un caracol y al momento de entrar en los primeros escalones de su mente se perdía para siempre  la noción de arriba-abajo y había que tomar xanax día y noche para no caer rendido en el piso como una sombra derretida por la angustia.
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Conocí a una chica estupenda, su rostro ovalado y bello miraba a la humanidad desde un obelisco gigante. Llevaba una falda blanca como un hongo nuclear que resplandecía mientras el mundo se incendiaba. Bajó la mirada y cayó el cielo.



 BIOGRAFÍA: 
Roberto Valdivia (1995) Lima. Soy editor de la revista de poesía joven Poesía Sub25. Acabo de escribir mi primer poemario MP3, próximo a ser publicado. Trabajo en varios poemarios de los cuales se desprenden los poemas aquí publicados, exceptuando el primero que pertenece a MP3.



Jesús Lévano, Carlos Rojas Camacho, J Estiven Medina Ortiz, Jorge Bracamonte, Yhan Koronel,    Eduardo Pucho, Jorge Castillo, Mario Morquencho. 

Martín Zúñiga

1 comentario:

Anónimo dijo...

La lluvia usa la misma forma que la acuosa parábola descendiendo desde el falo. Atrás mío un carro estaciona, Cristobal Colón, decepcionado, se entera que encalló en mis bajas pasiones.