
POEMAS:
he deseado el poema perfecto
he deseado el poema perfecto la perfecta armonía
la perfecta furia de mis dedos ácidos de nadas
de otras tantas / de éstas
pero ya no soy el de antes el de aquel tiempo
de vocablos azules como un picasso extático
no soy el de los astros oscilantes
y las plataformas de extravíos
hoy no soy
ni fui como haber hube de haber sido
ni tengo el poema perfecto en ninguno de mis dedos imperfectos
y la armonía es un vaso de agua derramada y lánguida
y las nadas
nadas son siempre
bajo mis brazos silentes y obstinados
los adjetivos caen como palomas en vuelo
ya nada
ya el sol solamente soledad registros de elocuencia muda
y un dulce despertar lunar de apariencias antiguas
es como un sueño
sólo que no es un sueño sino un despertar
de apariencias antiquísimas
un agridulce intercambio de fracasos y medallas falsas
y me va doliendo pronto a pronto haber deseado algo perfecto:
el poema / el sol / la armonía / los dedos
el ya no ser el soy
tal vez la diáfana probabilidad de ningún otro
y ese sólo insuficiente
que es la real realidad
que supervive
muy a su pesar
y poco al nuestro
pero ya no soy el de ayer
es obvio -pero es-:
el de venados puros
el de verdades serenas
el puro el casto el cándido animal
de especie extinguida
ni nadie creerá cuándo cómo en quién en dónde
fue a parar toda paz de llantos claros
Umbral
En helado y arcano umbral
posa una luz indefinible.
El cuerpo, sumergido en relámpagos,
descifra días como claves,
como rastros en medallas antiguas y roídos tapasoles.
No hay vientos que indiquen ni estrellas que guíen:
el camino es navío único entre lo diverso.
La memoria registra movimientos extraños en su seno,
el pasado es sumatoria de ceros indivisos,
el futuro emerge volcado hacia sí mismo y devuelto.
En helado y arcano umbral
se desesperan pacientes inquietudes.
Uno y lo posible, uno y lo temido, uno y el trayecto.
Y el incesante fluir que nunca cesa.
Y la violenta parsimonia del misterio abarcador.
Y el indomable espíritu en cárcel apacible.
Versos de versos que se versan,
hilvanados y dispersos.
En tal viaje momentáneo que no se detiene,
el cuerpo, sacudido en tempestades rituales,
enhebra fino una silueta
díscola y luminosa en todo frontispicio.
Postdata
Aunque la belleza
duro sólo lo que dure
es bella.
Aunque me arranquen
los ojos
seguiré viendo
sus alas violetas
en los párpados
empujando la vida
hacia la luz.
Aunque el dolor
consiga perpetuarse
no logrará
quemar
las naves,
coger el agua
con las manos.
Obrero de la palabra
Todos los días escribo
en el revés de las horas
líneas de tren extendidas
hilos conductores de una soledad
que callo.
Emprendo por las tardes
cuando nadie me ve –ni yo mismo–
un tránsito hacia el ocaso
longitudinal, pasivo,
por descarte
en el centro de mi gravedad
en mi destino.
Todos los días soy el obrero
de la palabra
detrás de los calendarios,
de las ojeras ocultas,
la otra cara de esta moneda
que circula manoseada,
envilecida.
Había soñado con mirar un mar
sin descanso, había soñado
con los atardeceres abúlicos
para llenarme de razones con cada respiro,
había soñado contigo que no existes
y sin embargo te enroscas
contra mi espalda preguntando
por mi silencio y mi vocación
insomne.
Pero en lugar de mí
llegué yo
que escribo con las uñas
en las paredes del tiempo.
(Lima, diciembre, 2005)
Rigor mortis
Mi muerte se sentó conmigo a discutir
el cielo entre los autobuses, la mirada ajena, los casos perdidos
y en su lógica sombría la desnuda mano,
descarnada angustia develando el diálogo interior
sentado en un balcón de nada hacia la nada,
de sonrisas pálidas, penumbras y paredes en ruinas.
Mi muerte me entregó su vida,
su dosis de paciencia, su esqueleto bien constituido
desde cada hueso y cada aplazamiento perentorio
que no llega siempre al mismo tiempo;
demora en las esquinas donde los amigos
puedan arrancarle una promesa eterna
como los enamorados en las plazas.
Mi muerte muere de pena al escucharme
hablar con entusiasmo de las tardes sin rumbo,
de las despedidas con pañuelo blanco en el deseo
y carne de cañón en la mirada, peso en la saliva,
dimensión sin desayuno, ni nombre, ni azul, ni memoria.
(Lima, setiembre del 2006)
Curriculum vitae
Esta elección de mi puño y letra
que me instala por mi cuenta y riesgo,
atado de pies y manos,
con su pro y su contra,
con su más y su menos,
en este aquí y ahora que me subleva,
para bien y para mal.
Esta elección ciega y sorda,
vista así desde su cara y sello,
sube y baja y deshilvana
su cortina de humo y luz
sobre mis ojos.
(Ica, octubre 2006)
POÉTICA:
En mi caso, la definición va por lo que yo llamo ‘el rol profético’, del poeta. Me explico: en la antigüedad, los profetas no eran los que predecían el futuro solamente. Los profetas hebreos, principalmente, se definían como tales como ‘portadores del mensaje divinamente inspirado’. Estos mensajes eran social, religiosa, política, existencial y estéticamente relevantes, una integridad semiótica que además era ajena al reduccionismo cultual: por eso se convirtieron en los adversarios del establishment religioso encarnado por los sacerdotes.
Esa enorme carga semiótica del mensaje profético necesitaba, por tanto, un lenguaje que pudiera ser lo suficientemente abarcador como para hacerle justicia. En su caso, el lenguaje servía al mensaje, pero no tardaron mucho en hacerse uno. El profeta era, además, un marginal, un ser que por la naturaleza de su oficio no podía transigir con el status quo, sino que se convertía en un elemento contracultural. De manera que el ‘falso profeta’ y el ‘verdadero profeta’ se definían por su fidelidad al mensaje divinamente inspirado, precisamente por el riesgo y costo que representaba sostener esa fidelidad.
Sostengo que el poeta ha heredado esa función histórica, si no es que más bien siempre la tuvo (no olvides que los poetas hebreos fueron todos grandes poetas en el sentido literario de la palabra, en cuanto a la expresión). Los profetas tenían algo relevante que decirle a los demás precisamente porque el mensaje estaba encarnado en ellos (ahí cabe la búsqueda interior de la que hablas, a través de la exploración). Eran uno con su mensaje, con su oráculo. La poesía no es más que el oráculo secular.
Sí creo que el poeta es un iluminado, pero no en función a una elección exógena, sino debido a una suma de factores que van desde lo genético, hasta la memoria colectiva y las experiencias primarias, así como los ritos de iniciación que suponen las lecturas primeras, en las cuáles se encuentra él mismo cifrado.
Por eso lo vez como sabiduría. Claro que hay sabiduría. El oráculo es sabio porque el profeta es un crisol de los tiempos, una voz que clama en el desierto”.
(Extracto de una conversación electrónica sostenida desde Lima por Manuel Cadenas con el poeta Iván Segura, en París, que Leoncio Luque publica en la Internet bajo el título de Crónicas Caterbianas)
BIO/BIBLIO:
MANUEL CADENAS MUJICA, PERÚ, 1966
Empezó a escribir poesía a los doce años, alentado por el poeta Jorge Bacacorzo, su profesor de Literatura.
Estudió Educación, en la especialidad de Lengua y Literatura, en la universidad Villarreal (1986-1990). En 1988, junto a Alan Morales y Rodrigo Manrique, publicó La Cresta del Murelio.
Se inició en el periodismo en 1988 publicando, con Alan Morales, la revista Neo Arts.
En 1990 funda con otros poetas la agrupación NOBLE KATERVA e inicia colaboraciones con las secciones de Cultura y Espectáculos en el diario Página Libre. Ha desarrollado una amplia carrera periodística en diarios y revistas como Novedades, Ayllu, Expreso, La Mañana, El Sol, El Mundo, Del País, La Razón,. Expreso y Extra, como redactor y editor de las páginas de Espectáculos, Culturales, Política y Opinión.
Fue editor general del diario Expreso y director del diario La Razón. Actualmente es editor general de la revista especializada en vinos, piscos y gastronomía Dionisos, en Lima.
En setiembre del 2006 editó bajo el sello Dionisos la primera Guía de Piscos del Perú, con fotografías de Eric Dañino.
Ha sido docente de periodismo y Lengua y Literatura en varios centros de estudios. Bachiller en Teología desde 2002, con estudios de lenguas bíblicas (griego y hebreo antiguos).
Compositor y cantante de la banda de rock Contrabando (disuelta en 1992), grabó en 1990 el álbum Ritmos oscuros, y ha seguido escribiendo canciones con las que prepara una producción.
Tiene escrita una novela (inédita), Patio de bestias, el poemario Palabra sobre Palabra y una antología personal, Los ojos del iluminado, de próxima aparición.
Actualmente termina de escribir su poemario Viaje de Abraham. También ha escrito cuentos, entre los que se destacan 90 Segundos (1990), Yo la quería, patita (1991) y Así son las cosas (2006).
MENCIONADO POR:
Gonzalo Málaga, Johnny Barbieri
MENCIONA A:
Leoncio Luque, Alan Morales, Rodrigo Manrique, Andrés Piñeiro, Iván Segura, Orson Laurente
1 comentario:
Escuchaba estrange brew de Cream y el ritmo de tus poemas iban bien. Cuando vi tu foto medio fintera pense que este podia ser un charlatan pero no, tan buenos los poemas
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