Jack Farfán Cedrón

9/29/2006



























POEMAS:


SODOMIZO AL ENEMIGO QUE ME HABITA



Quién es la estrella que desaparece
Cada insomnio lunar sin vagidos
Que no dejan al cuerpo no ser con su luz enjundiosa
Para que ilusorias suposiciones adelanten
El vagido de la bestia
Humo de azufre esputo de fuego cópula de arena
Quien gira su infierno precedente
Cede
Y este fuego de frutos podridos al sol
Pasados por el movimiento rápido repetido de los ojos
Ese querubín que con espada vigilaba
En el Génesis ¿que existe?
La no función de ánimas creadas
O delaciones perversas en la puerta de oro
A qué uñas a qué desgarros
Sin hórreo desparramado de perlas sexuales
Las tetas del abismo jamás acabarán de manarte lujuria
Serás la conclusión el orto mismo de ese enemigo persiguiéndote
Hasta el final hasta el vuelto principio
No reversos reflejados en el ignoto infinito
Ni sábanas con bujías estáticas encaminadas al Reino Fulgente
Incendiado
La horda de los vencidos será un cuadro gótico para perecer
Copulando sin aliento sin aire sin lengua
Regido por las líneas que no se ven luego de abismarse a la imagen
Aparente
Luego de saberse ahí en la Casa del Horror
Con las manos abismadas de sangre
La baba en el filo de la rabia
La podredumbre abierta a dos lados de la piel hollada
Candente
Si el enemigo está en mí
Si el enemigo sueña por mis poros vivos
Abismados en ese mundo alrededor de los giros
Del pugnar aterrador de la bestia delatora




ﻼ ﻼ

El ave delatora que terminará con el infierno dador vital
La matriz cancerígena que me dio al ovillo detestado
Cerrará esta noche sus rezos de cocodrilo sus lágrimas beatas
Yo reía en la mañana yo sentía el sol resplandeciente
En esta primavera de ruina en que el sol brilla en mi espíritu helado
Amargo
Terminará con estos gritos taladrantes
Será el fin del ruido de las bestias con lenguas
De la matriz sin límite para llorar abierto
A la desesperación del sintérmino
De este infierno que llorando sin lastre sin motivo de caer
Caído se levanta a su ruina


ﻼ ﻼ ﻼ

Qué reverso sin la brújula de una voluntad urdida en secreto
Prosigue desaparición pie delata aun los temblores del vencido
Amargas espinas velan su infierno secreto
Esa deflagración de las manos sudorosas
Esa caída sin término
En los días sin extensión sin noche delatora
Para que preclaras gárgolas siguientes vomiten
Al borde de la cópula
Anos feraces en su dormido placer se vencen
Prosiga la llama la quemante pestilencia del aliento
Halo infernal de claridades halo abierto de palabras desfondadas
Firma tu cita sin verte en la fuente


ﻼ ﻼ ﻼ ﻼ

Derramada la simiente del ahorcado
La risa despiadada ilusa en la transformación que no delata
Más presencia que la del pobre demonio sin éxito sin euforia
Sin muerte
Por entradas de un manual supe que en la demonología cáustica
Casi vencido por el sueño infame de quien respira y no gime
El Astado abrevaba en la corriente del sueño a sus vencidos
La víctima boqueaba esfínteres anhelaba su regreso
El astro guiñó en mi Este eyaculando


ﻼ ﻼ ﻼ ﻼ ﻼ

Babeado por la bestia oscura diminuta monstruosa
Me persigue me maldice me hace ceder incontrolable
A sus besos de lava de regreso
A sus babas a sus parásitos de energías sin medida
Sin los dedos de una razón que por las mañanas entra
Y me cose pianos a los ojos
Cabeceando en la violación de mi yo de mi bestia cercenada
Para entrar en tu hoyo vencido sangrante con heces
Velan ancianas su rayar prominente en la ventana
Caen al infierno de vigilia
De la casa rajada y su protección de fantasmas abiertos
Al meollo carne vibrante
Por la baba del desprecio
Por la baba despreciada
Moriré maldito con rencor con la conciencia abierta
A las sucesiones reencarnadas en mi lomo de bestia
Podrido hostigado reventado en un morado perecer
Por gritos
Otra vez
En la ilusa fantasía de regresar al perdón
Ceder el ano concediendo un movimiento
Un vagido viscoso al dedo de en medio
Que sierpe


ﻼ ﻼ ﻼ ﻼ ﻼ ﻼ

Borrarme de este seis hogar
Conflagrarme iluso a la estela bestial venial
De este infierno
Esta bestia que no me soporta ni arruina
El yo paralizado
Cuando al pacer de la luz cinco y derramada en la montaña flagrante
El venado ora su penumbra
A medianoche la criatura que llora esta poseída
Está vedada a las plegarias negras como rosas
Estallando en la desgracia ombligo de un templo orgiástico
Llamando a la parte que se hunde
A la parte cubierta que se mece y se pudre en vaivén
Anulándome el chorro lácteo y de fuego
Ceder primero proferir el grito la maldición del después
O la ruina de quedarse adentro


ﻼ ﻼ ﻼ ﻼ ﻼ ﻼ ﻼ

Repetí 666 666 veces la maldición que me existía
Vi que repitiendo la frase volvía a descifrar todo cuanto debería saber
Para borrarme
Nadie tranca las penas si cede al perdón
A la débil baba de los buenos
Soy el vencido el arruinado
El poderoso
Este mi infierno
Esta mi guarida de estrellas reventadas por dentro
Moveré mis fauces para terminar con la sangre
Aquí termina el juego del sueño
Aquí termina de roerme la bestia que me crea

[Gravitación del amor; UNC, 2010]


Water ego del mongol de mierda

Coronar al fin la historia
compararla con la sucesión fantasiosa de un pasado
cerrar al fin la nota inconclusa de cerdo disléxico
y su complejo de violado en fiesta patronal de pueblo serrano
derrocarla con la cera tachonada
sepultando cartas para siempre
en unos rojos galopantes latidos
carteros que se leyeron las cartas
y fueron esas vidas

En un olvido herrumbroso vagué por praderas
eriales
escorias
de comarcas incinerándose
en las láminas de las ánimas
a cuento
conexamente al viento de la derrota en banderas cruzadas
blasones de un pueblo fantasma
adelante
buscando dorar los objetos de plomo
con la manzana filosofal del gañote
la amnésica tonada desnuda
sin garganta
sin sombra
sin pasado ni fuego carcomiendo distancias
aterrados por el poderoso poder
distante
educida fuente húmica
lastrada
en cuerpos crucificados por una santa agonía
de vana sucesión de dolores voluntarios
el ardor de la concha de las putas

Aterrarse
zaherirse
desollarse la piel en la búsqueda remota
en una amada que no existe
o que en los acantilados grisáceos herrumbrosos de la muerte
arrastra al fin su boca de sangre
de baba poderosa
pertinaz
venenosa otra vez
manando la fuente de las más caras decepciones
soterradas a una paja abyecta
como remedio al insomnio aterrador
precedido por gritos maternos
atronadores
como una tromba voluntaria capaz de ser soportada
hasta el final de toda la existencia

Sin temblor
sin conciencia
sin razón
amnésico
insolado
blanco esqueleto de pez varado por el repunte
sobre una enorme roca soleada
amnésico
por haberme soplado
en una noche de paraíso
todos los tomos de la Biblioteca de Babel
toda la puta Internet de una sola bocarada
por haberme fumado todos los cigarrillos
que hicieron vomitar a los escritores cancerados
pasado a todos los culos poderosos
dueños de pasarelas y compañías transnacionales
todos los culos del mundo
todos los sueños del mundo
arrastrados al falo del loco
del enfermo de la mente
y de la pinga
detestada por la arrechura de vanales mujeres sin futuro
más que el único e inmediato
bajarse el calzón
la entrega involuntaria a un marido
que pára la olla y dice
“ponte cómoda, mujer”
por las noches

Locos emergiendo de la habitación de violados
de torturados por gritos de un retardado y recio muchacho
con una rubia hermana preciosa
que en la visita de las tardes juega al Yo-yo con el hermano mongol
le tiene paciencia
lo acaricia
lo humedece con las tibias
claras esferas compasivas de sus ojos
que algo a fondo siempre callan
a lo largo del campo verde y desolado
donde maquinan muecas informes
los demás pacientes con esquizofrenia
y la tardía ternura de la vieja que teje un chal negro
raído
no pasa como pasa la adolescente con una curiosidad
por el más guapo de los locos
el que dibujó una esfinge a lápiz que luego regaló al psiquiatra
que luego vio que era el estigma de la celebridad tardía
y justa de los genios

Suele preguntarle a una muchacha
esperando a su novio que juega pelota
si realmente lo ve normal como a los demás
que vagan afuera de este recinto de los desesperados
con su plato y su vaso descartable
vacío
para mendigar unas gotas de gaseosa
a la hora que las rotondas son más espaciosas que nunca
para incomodar a la familia con el lunar al acostado
el enfermo de la mente
¡tener un hijo mongol!
para putear unas migas
un troncho despavorido en la banca
sombreada de palomas que luego devorarán los gatos desde el fuste
seducen el espacio entre mendicantes de palabras
intercambiadas con la cruz de la familia
el que calla
el que a ratos medita
por qué a él
y no a tanto desgraciado sodomizado por el poder
por la sombra asalariada difuminando su negro resplandor
en media avenida de neón y claxons
de cargas sobrenaturales con todo el oro de una república pacifista
reputada por sus símbolos patrios reproducidos a escala
por niños obreros
en escuelas fiscales
abusados por la ley de
“La puta letra entra con sangre”

Escarapelas en pechitos de trabajadoras con falda
duchas en la práctica desmedida del ángulo recto
patada al foco
empiernadas
en las oficinas
y
por su claro
el corneteo infalible hasta fálicas y elefantiásicas pingas
irrumándolas con todo y lápiz labial
en los baños institucionales
donde poco falta para que aditamenten pichulas mamables
en los baños
para el estrés de las secretarias
con humedad intrapiernosa
y se gasten una buena mamada
un helado malteado
caliente
con cabeza fálica
para el calor que no las deja arrancarse las faldas
y entregarle el culo al primer mongol que las mira.

                        [Nada si no tocas –inédito]


MI DOMINIO DESCARNADO

En la negra avenida los restos.
Perros desperdigados en las ruinas.
Y la blasfemia guardada en la billetera.
El caos acechando se nombra en sus huestes de plumas sangrientas.
Podrías pasar por esta precariedad canina de dormir frente al hambre de sabernos solos.
Podrías revolcarte en tu sagrada indiferencia de ver podrirse al mundo.
Sin apagar sus llamas o develar las manos.
A los flancos por seguir, sin más cola que esta duda arrepentida.
El animal que ríe y traga su miseria.
Los restos acamparán en las huestes del frío.
Como por saber nada aceche la intuición del que dormita en el micro.
Si ya percibe por la ventana los campos del infierno con sus sodomitas culeándose hasta la idiotez orgásmica del vicioso.
Torna el abordaje de la pluma precaria de una lucidez pasada.
En lo que fuera nombrarte.
Por una reconciliación de puertas cerradas inaugurando un caído paraíso.
Sin nombre.
Alternan los brazos sus heridas, magulladuras, por acción perseverante de lo vil, lo acompañante.
En el efímero espejo corriendo un líquido negro desde los ojos. 
Deciros a puño limpio se abre la gran selva por desenmarañar.
Tu mundo perdido.
Sería la más iluminada mentira que acaece en lo precario del árbol quemado.
Muchos que cayendo por cansancio, muchos entregando las tablas roídas por la mugre de la unción sagrada de seguir al pie de la letra.
La palabra que existe en su mundo.
Por una cuestión de enterrar el pico, hundir la testa en el polvo sangriento.

El mundo no es para los débiles.
Y los que tienen la voluntaria unción de los justos.
Bebe la copa de la ruina.
La sangre infecta de un vampiro que día a día te alimenta.
En la noche perdida del puro canto de tu amante derrota.
La palabra.
En su mundo, lejos de la practicidad que ha hecho lo que es hoy el mundo.
Aquí en tus brazos a traspiés con la danza de unos lobos desesperados.
En la sangre.
La contienda abre sus puertas instantáneas en el porvenir de los hombres vampiros al borde las ruinas.
Esperando otro ocaso como perros tirados en los restos.
De la negra avenida.
Al azar me nombro, a ver si una de las cristales cuentas cae y de una vez se revela el rayo que partirá el milagro de la muchacha Mona Lisa.
Y desaparece lo que es y no muestra su apariencia.
Leve precipitarse de la piel primera, muda, obligada, de una voluntad fácil al devenir del fenómeno en cuestión.
Y en la piedra descansa el escriba royendo la transparencia del río.
Lágrimas contaminantes.
Interrupción, ataraxia, cuneiforme tabla de sentencias.
Que cojean.
El diente filudo cortando la noche estrellada de luciérnagas.
Unas en alfombra mágica extienden su sábana de luz.
A la aurora inconmovible.
El caos del silencio.
Ensordeciendo el remolino corazón que siempre converge en sí mismo.
Unitario ser que no perdonas.
Y sigues la ruta de los desaparecidos.
Como al pasarnos algo, nada suele importar que nos muramos.
Que nos veamos reflejados en la sombra líquida.
No reconociendo ayer.
Lluvia de los desesperados.
Nada.
Ni la sangre de los justos.
Ni la paz de los malvados que ha hecho crecer espinas.
En el campo maldito.
Ni el dolor instaura sus magros acontecimientos.
Cuando por frialdad o indiferencia se ha aprendido a colgar de la razón los sentidos gratuitos.
Para seguir en lo mismo, recorrido en sus más infinitas variaciones.
Hasta la locura, hasta el desgarramiento, hasta el polvo que en la nada esparce por su propio viento la memoria irrevocable.
Del que no existe.
De lo sido que es, del hecho que ya es pasado.
Al inútil parpadeo.
De lo pernoctado descalzo.
En una senda de brasas los sentidos se afinan hasta el río que transcurre, inmutable.
Como en el Trópico del suicida lúcido que vive en cada uno de nosotros.
Como en la cruz atravesada en la espalda.
Nada es tan justo que morir en el vano esfuerzo que llena al espíritu.
Sin nadie en nosotros.
Sin justezas, sin reclamos.
Sólo ir al lado del espíritu que llena.
Y trasciende.
Desde la mañana el río transcurre y ya nada lo detiene.  
Si existiese la alegría, hace rato que sería el mismo cerdo recibiendo las perlas de otros, enfangándolas en el olvido que estuviera en mis pezuñas conformistas.
Rico y sucio puerco enfangado hasta la conciencia.
Del que ríe sin sudarle ya los surcos cutáneos.
Del que no roe la luz de sus huesos.
Hasta desaparecer en tal bienestar que lo situara en el primate imbécil que mientras masca sus semillas, ni así caiga un rayo y casi se vislumbre la verdad que estaba esperando, levanta la mirada.
Para que de una vez en el converger de todo acto puro de revolucionar la partida sin luces.
Para que de una vez el águila destace a su presa.
En el silencio de las montañas suspendidas.
Mientras la sangre derramada sustenta en la roca.
La más inamovible indiferencia enarbolando mi dominio.  

                        [Las consecuencias del infierno –inédito]





BIO/BIBLIO:
Jack Farfán Cedrón [Perú, 1973] ha publicado Pasajero irreal y Vironte, (2005); Cartas y la serie de plaquettes Al Castor (2006); Ángel, Las ramas de la noche y El leve resquicio del amor (2007); Ángeluz, La Hendidura del Vacío y Series absurdas (2009); Gravitación del amor y Aves pestañas vaticinando el horror de las lágrimas (2010); El Cristo enamorado y Amar en la desaparición innombrable (2011). Modera los blogs ‘El Águila de Zaratustra’ & ‘Exquioc’, y edita la revista on-line Kcreatinn, en la que prepara un especial a Emil Cioran. Textos suyos han aparecido en Periódico de poesía (UNAM, México); Letralia (Venezuela); Revista de Letras; La comuna de los desheredados; La comunidad inconfesable (España); Destiempos (México) y Letras hispanas.




MENCIONADO POR:

Salomón Valderrama Cruz, Martín Zúñiga Chávez, Eberth Munárriz



MENCIONA A:

Denisse Vega Farfán, Paúl Guillén, Illich Quispe, Salomón Valderrama Cruz, Miguel Ildefonso, Martín Zúñiga Chávez, Andrea Cabel, Orlando Bedoya, Edgar Saavedra

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