Ricardo Ayllón

























POEMAS:


humedad y sombras

1
Te espero, mujer, como a la noche; espero lo que no sé rehusar y me detengo a detallar lo que la noche y yo conocemos de ti.

Sirve de almohada el brazo en dos que respira como animal adormecido, sirve de sábanas la sombra enorme que lucha en la ventana por no ser pobre ceniza. Sirve de piel el aire que atrapo para ti, mujer, que rasgará tu olor aún ileso.

Fumo de pie, sin mirar la nube infectada que la noche está desechándonos. Paladeo en un baile la imagen de tus ojos, raspo mis rodillas en toda la habitación, dibujo tus muecas genitales, esparzo mi saliva con la memoria de tus vellos.

La noche es la hija de los minutos abiertos y desesperados.

2
Digo, a la sombra entera, que estás hecha del coágulo del cielo a la hora de su olor letal a noche. Digo que cabalgo en un grito a tu llegada humeante, a tu sahumerio, a tu danza paciente de mujer oscura sin sonrisa neta.

Como salida del mar, eres espuma, alga divina y húmeda. La noche sabe bien de ti y me revela tus meneos mojados para amar.

La noche es una ciudad sin forma, una exclamación que renuncia a tus caricias y me da la espalda, me oye gimiendo desde fuera, desde donde ya no logro leer sus ojos que solían versarte, mujer.

Pero yo no renuncio, pues tú eres la araña con sentido que me teje un suéter de respuestas, luna de fibras que la noche no me brinda, lucero para mi piel sin razones.

Has llegado y pronunciado una palabra sabor a lengua que se traduce a nivel de tus pliegues, cuando la noche se retuerce lejana en su poder y nosotros la ignoramos, mujer.

3
No escuchamos el descanso, la contemplación pasiva de los cuerpos. Negamos el juego bruto y reducido que nos quiere hacer caer como en hielo, como espíritus vencidos en rincones.

¿Para qué la paz si nosotros somos universo y noche alborozada? De lejos nos aplauden acordes de penumbra como tributo, como lucecillas encendidas en nombre del deseo.

No nos hemos detenido en espacios, entre hojas o fatiga con que nos tiente la noche. Nosotros somos horizonte, firmamento estallando en sombras.

No nos han de molestar más los flojos susurros del detenimiento, ni el canto inútil que los hombres le aprendieron a la noche. Perpetuidad, grito, grito. Prolongación de dos seres que se yerguen desde una habitación con ventanas suficientes.

Llamado del mundo a tus cabellos, a mis gestos proyectados en el cielo, a tu sangre de hembra desangrándose en el acantilado negro que parte de mis márgenes. Felicidad, jamás detengas esta confabulación lograda con tanto trajín, este barullo sin luna ni estrellas.

Te esperé, mujer, para que nos señalen siempre como fundidas islas nocturnas.

(Del libro A la sombra de todos los espejos)


S/T

La poesía acabó con nosotros,
hombres de un país sin
más misterio que el silencio.
Las palabras se llenaron de
agujeros y reemplazaron
los nombres de la
soledad con bostezos
y ventanas destrozadas.

Dijimos tacto y la piel
se echó a reír a pedacitos bajo
la música tenue del vacío.
Nombramos a la aurora
y las cumbres cedieron ante
el pobre horizonte de la duda.

Dime, fantasma del silencio
que viajas como un jinete solitario,
¿cómo es que unos ojos dislocan
la fiebre de escribir por la mañana?,
¿dónde está la voz
que animaba cual un estallido
el amor de lo imposible?

¿Aún era probable la vida con
tanto adjetivo retrasado?
Pienso en el valle ajeno en el que
se extravían los poetas de mi patria.
Uno de ellos, postrado al pie del
acantilado de la muerte;
y otro, derrotado por falta
de muerte en la vida prematura
de su canto.

A mí ya no me asalta la
palabra por las noches,
la lluvia no corroe como antes
la desolación de mi vihuela.
He aquí el invierno,
redondo en la mano abierta de la espera.

Porque levantamos el
bosque de los lirios
y nos quedamos
con una estaca en la garganta,
emprendimos el camino de la siega
y la lengua se espinó con el
idioma de su sangre.

¿Quién nos dice ahora
para qué un paisaje de
alabastro si no es posible
cincelar el amor en el follaje?

Tengo treinta y siete años
y la risa de una hiena
organiza mis canciones.

(Inédito)


Fase
(Prolongación de un poema de Octavio Paz)


En los vericuetos del camino de Galta aparece y desaparece el Mono Gramático: el monograma del Simio perdido entre sus símiles. Una escritura aparejada por su representación espiritual, prefigurada en la antigua imaginación de la humanidad: la fe en el signo alcanzado por el viento de una especie eslabonada en otra. Así asoma dibujado, desde el principio, el registro del asombro: el cuerpo animal acudiendo a la silenciosa voz de su figura progresiva. Y todo esgrimido por el único sonido posible del tiempo formativo, la Analogía. Y el grito instintivo del simio en la jungla anónima de Galta, y la sensación universal de identidad, y los ojos desconfiando del esplendor, de la arboleda. Pero he aquí el mundo prometido por la mano transformada, el trabajo del tiempo en movimiento. Y el mono principiante sobre un nuevo territorio asoma en cercano charco, representándose infinitamente.

(Inédito)



POÉTICA:

¿En qué te inspiras para escribir un libro?
He seguido un camino que ha ido desde motivaciones amorosas hasta existenciales, pasando por las del terruño, la familia y las artes plásticas. Es oportuno decir, sin embargo, que la mayoría de poetas somos asaltados siempre por nuevos temas. Conforme más nos involucramos con el mundo y con la vida, surgen nuevas inquietudes. Actualmente, por ejemplo, pienso publicar un poemario que tiene mucho del mar, el insomnio y la muerte como temas.

¿Qué tiempo dedicas a la literatura al día?
No es un tiempo que se pueda determinar con exactitud. Hay largos períodos (semanas o meses) en los que no escribo nada. Pero hay otras épocas en las que me asaltan los demonios y escribo sin parar, sin importar dónde esté (el trabajo, la casa, etc.) o tenga cosas pendientes que hacer.

¿Desde los cuántos años te dedicas a la poesía?
Si con esta pregunta se quiere saber desde cuándo escribo, creo que lo hago desde los 15 ó 16 años, durante mis últimos años en el colegio y garabateaba algunos poemas de amor. Sin embargo, a mí me gusta registrar mi intromisión en la poesía desde que decidí escribir en serio y emprender los poemas de mi primer libro, Almacén de invierno, a los 25 años de edad.

¿Qué escritores han influido en tu poesía?
Grandes vates del siglo XX, como Pablo Neruda, Octavio Paz, Rafael Alberti, Saint-John Perse, Giorgo Seferis, Salvatore Quasimodo, en fin…

¿Por qué recomendarías leer tus libros?
La verdad, no soy nadie para recomendar mis libros. Es más, por ratos me asalta la incredulidad cuando pienso en las virtudes que algunos lectores encuentran en ellos. Soy de los escritores que cree que aún no ha escrito su mejor libro, y cuando lo haga, seré el primero en recomendarlo.

(Extractos de una entrevista hecha por alumnos de la Universidad César Vallejo – filial Chimbote).



BIO/BIBLIO:

Ricardo Ayllón nació en el puerto de Chimbote en 1969. Estudió Derecho y Ciencia Política en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima. Es autor de los libros de poemas Almacén de invierno (1996) y A la sombra de todos los espejos (2001). En 1997 fue premiado en los Juegos Florales Nacionales de Poesía de la Municipalidad Provincial de Huaraz. Participa de las siguientes antologías: Veinte cadáveres exquisitos. Poetas peruanos del 90 (Universidad Ricardo Palma, 1997); Luz hecha a mano. 12 poetas del noventa (Universidad Ricardo Palma, 2001); Poesía peruana contemporánea. Antología de La tortuga ecuestre (2003); 21 poetas peruanos, de Miguel Ildefonso (2004); Out of Many – One de la revista Harvest Internacional (Universidad Politécnica de Pomona – California, USA, 2004); 21 poetas del XXI (+ 7). Generación del 90, del crítico Manuel Pantigoso (2005) y Yacana / 51 poetas (2005). Cursa la Maestría de Literatura Peruana y Latinoamericana de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Dirige el blog de literatura Tierra de promisión (http://www.tierradepromision.blogspot.com/).



MENCIONADO POR:

Julio Carmona, Christian Ahumada, John López, Johnny Barbieri, José Luis Mejía, Marx Espinoza, Willy del Pozo



MENCIONA A:

Bethoven Medina Sánchez, Santiago Azabache García, Jorge Luis Roncal, José Cabrera Alva, Patricia Colchado Mejía, José Luis Mejía, César Olivares, Dante Lecca, Gonzalo Pantigoso, Jaime Guzmán Aranda, Gloria Mendoza Borda, Bernardo Rafael Álvarez, César Ávalos, Jimmy Marroquín, Julio Nelson, Gonzalo Portals, Mary Soto, Julio César Carmona, Antonio Sarmiento, José María Gahona, Ángel Gavidia Ruiz, José López Mauricio, Leopoldo Chariarse, Miguel Rodríguez Liñán

Martín Zúñiga

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