POEMAS:
Monólogo de Saúl
¿Quién pulsa y tañe el río
que nace de una cuerda yerta, el
dulce
almíbar derramado sobre el cuenco
de mis oídos, y la pena oculta
de mi frente? ¿Quién pasma
la lágrima en su umbral, y da
reposo
al negro día y a la blanca noche?
¿Quién hace tanta bulla, tan
sublime,
que el bálsamo regala del olvido
y a la madera sabe enamorar
para que diga lo que fue vedado
desde siempre a los hombres?
¿Quién es el que me engaña y no
suelta
las amarras que todavía atan
la barca a la ribera,
el agua a su orilla? ¿Cuáles manos
aprehenden el silencio,
mientras trinan sobre el rumor
extraño
las voces ignorantes del sosiego?
¿Quién eres que si callas
en piedra y polvo truecas la
floresta,
hiel el vino, cadalso la alborada,
ahora que mi dios me ha
abandonado?
(Av. Palomo)
Porque abajo el espanto abriose
lento
como una flor de sórdida hermosura
y crecieron, corales sobre mares
salinos,
las llagas que quedaron en mi
cuerpo;
mi lengua era una isla lejana y
mi voz
tan solo una oquedad, carne blanca
que las aves despedazan.
Abajo descubrí el silencio que
acercaba la materia,
pero también la basta sustancia
de mis manos,
enardecida con el llanto pecador
de la máscara humana
que ofrenda su carne paupérrima y
castigada.
Abajo gemía Magdalena entre los
restos
del siglo (el cielo al lado tenía
los ojos eternos
e inexpresivos):
ternera herida por tábanos
sedientos, aves oscuras de picos
resplandecientes.
Abajo encallé en el tiempo
maldito de la carencia y el desamparo.
(Canto final – Landó)
como una estatua
y era el festín de los cuerpos
hacia afuera,
de la sangre que discurre dando
vueltas
cuando el barro de las piernas se
derrite
y los pasos son más cortos y
apurados,
era la tierra que invadía las
azoteas,
era el cuerpo nuevamente
estremecido,
era tu llegada que abrasaba como
un tambor,
como un tambor, landó landó
venías ataviada del tiempo
dividido,
tus espejos eran los cuchillos
con que mirabas,
donde el cuerpo siempre
fragmentado
se reflejaba en el cadáver que
nos iguala,
pero venías ataviada del tiempo
que se iba
en una distancia que nos crecía
como las uñas y la muerte,
venías y para serte tenía que
anegarme en el río oscuro
y doloroso de las líneas que se
escriben,
porque cuando venías
ya no quedaba nada de mi cuerpo
ni de mi voz extraviada en la
chilla de la muerte,
expulsado para siempre del abrigo
del silencio,
condenado al asalto de los signos
sucesivos,
solamente una mirada despedazada
que cargaba sus andrajos como
pasos perdidos,
porque cuando viniste como una
ofrenda,
una promesa de tiempo y muerte,
te quise más que mis ojos
y mi mundo
mi insuficiente mundo
ardió esplendido
abrasado por la tierra
BIOGRAFÍA:
Mateo Díaz Choza (Lima, 1989)
Bachiller en literatura por la UNMSM. Desde el año
2010 hasta el 2012 organizó el ciclo de Recitales «Ese puerto existe»,
realizados en dicha casa de estudios. Ha participado en coloquios y congresos
literarios; asimismo, poemas suyos han aparecido en distintas publicaciones del
medio. En el 2013, publica el poemario Av.
Palomo con Paracaídas
editores. El mismo año, con el poemario Libro
de la enfermedad, obtiene el primer lugar del Concurso de Poesía - Juegos
Florales de Barranco en homenaje a Juan Parra del Riego, organizado por el
Centro Cultural Juan Parra del Riego, la revista Caretas, la Embajada de
Uruguay y la Municipalidad de Barranco.
MENCIONADO POR:José Miguel Herbozo
MENCIONA A:Denisse Vega, Cristhian Briceño, Benggi Bedoya, Mario Pera,José Agustín Haya de la Torre, Diego Alonso Sánchez, Bruno Polack, José Miguel Herbozo, Roy Vega

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