Mateo Díaz Choza



POEMAS:

Monólogo de Saúl

¿Quién pulsa y tañe el río

que nace de una cuerda yerta, el dulce

almíbar derramado sobre el cuenco

de mis oídos, y la pena oculta

de mi frente? ¿Quién pasma

la lágrima en su umbral, y da reposo

al negro día y a la blanca noche?

¿Quién hace tanta bulla, tan sublime,

que el bálsamo regala del olvido

y a la madera sabe enamorar

para que diga lo que fue vedado

desde siempre a los hombres?

¿Quién es el que me engaña y no suelta

las amarras que todavía atan

la barca a la ribera,

el agua a su orilla? ¿Cuáles manos

aprehenden el silencio,

mientras trinan sobre el rumor extraño

las voces ignorantes del sosiego?

¿Quién eres que si callas

en piedra y polvo truecas la floresta,

hiel el vino, cadalso la alborada,

ahora que mi dios me ha abandonado?




(Av. Palomo)


Porque abajo el espanto abriose lento

como una flor de sórdida hermosura

y crecieron, corales sobre mares salinos,

las llagas que quedaron en mi cuerpo;

mi lengua era una isla lejana y mi voz

tan solo una oquedad, carne blanca

que las aves despedazan.


Abajo descubrí el silencio que acercaba la materia,

pero también la basta sustancia de mis manos,

enardecida con el llanto pecador de la máscara humana

que ofrenda su carne paupérrima y castigada.


Abajo gemía Magdalena entre los restos

del siglo (el cielo al lado tenía los ojos eternos

e inexpresivos):

ternera herida por tábanos sedientos, aves oscuras de picos

resplandecientes.


Abajo encallé en el tiempo maldito de la carencia y el desamparo.



(Canto final – Landó)




Y la madrugada estalló

                                   como una estatua

y era el festín de los cuerpos hacia afuera,

de la sangre que discurre dando vueltas

cuando el barro de las piernas se derrite

y los pasos son más cortos y apurados,

era la tierra que invadía las azoteas,

era el cuerpo nuevamente estremecido,

era tu llegada que abrasaba como un tambor,

como un tambor, landó landó


venías ataviada del tiempo dividido,

tus espejos eran los cuchillos con que mirabas,

donde el cuerpo siempre fragmentado

se reflejaba en el cadáver que nos iguala,


pero venías ataviada del tiempo que se iba


en una distancia que nos crecía como las uñas y la muerte,

venías y para serte tenía que anegarme en el río oscuro

y doloroso de las líneas que se escriben, 


porque cuando venías

                                   ya no quedaba nada de mi cuerpo

ni de mi voz extraviada en la chilla de la muerte,

expulsado para siempre del abrigo del silencio,

condenado al asalto de los signos sucesivos,

solamente una mirada despedazada

que cargaba sus andrajos como pasos perdidos,


porque cuando viniste como una ofrenda,

una promesa de tiempo y muerte,

te quise más que mis ojos

                                   y mi mundo

mi insuficiente mundo

                                   ardió esplendido

                                   abrasado por la tierra



BIOGRAFÍA:
Mateo Díaz Choza (Lima, 1989)
Bachiller en literatura por la UNMSM. Desde el año 2010 hasta el 2012 organizó el ciclo de Recitales «Ese puerto existe», realizados en dicha casa de estudios. Ha participado en coloquios y congresos literarios; asimismo, poemas suyos han aparecido en distintas publicaciones del medio. En el 2013, publica el poemario Av. Palomo con Paracaídas editores. El mismo año, con el poemario Libro de la enfermedad, obtiene el primer lugar del Concurso de Poesía - Juegos Florales de Barranco en homenaje a Juan Parra del Riego, organizado por el Centro Cultural Juan Parra del Riego, la revista Caretas, la Embajada de Uruguay y la Municipalidad de Barranco.


MENCIONADO POR:José Miguel Herbozo

MENCIONA A:Denisse Vega, Cristhian Briceño, Benggi Bedoya, Mario Pera,José Agustín Haya de la Torre, Diego Alonso Sánchez, Bruno Polack, José Miguel Herbozo, Roy Vega


Martín Zúñiga

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