Stephan Enríquez




POEMAS: 

Programación espontánea



Vivimos en una era posmoderna dominada por la tecnología,


la cual se muestra como el engranaje de nuestro comportamiento,


ahora no reaccionamos por instinto, dejamos de ser animales


para convertirnos en máquinas programadas e incapaces


de evaluar soluciones alternativas frente a cualquier inconveniente,


frente a cualquier percance en nuestras monótonas vidas,


porque carecemos de encanto, carecemos de júbilo,


carecemos de aquello que alguna vez llamamos humanidad.




Poema para ser leído en medio de una crisis existencial



¡Ah, la vicisitudes de la vida!




¡Dichoso sea quien pueda predecir su destino,


pues solo así su depresión será tan espeluznante


que recurrirá exclusivamente al suicidio!


  

Inservible



Soy el genio de los áridos desiertos


El ilustrado del fondo de los mares


Un instruido en desocupados huertos


Aquel sabio rodeado de amplios glaciares


Efigie del más culto para recién despiertos


Erudito me aclaman personalidades dispares


¡Inútil ante el mundo, inútil ante mí!




Soy el espejismo de un ser fructífero


Encarnación de un primate indolente


Propietario de un ingenio mortífero


Reflejo de un bicho soberano


Invadido por una tristeza saliente


Extenuado por un Narciso marrano


¡Inútil ante el mundo, inútil ante mí!




Soy pereza de sueños encumbrados


Ociosidad de sujeciones dadas


Vagancia de horizontes bizarros


Haraganería de siniestras hadas


Holgazanería de fútiles deidades


Necia desidia de campos estériles


¡Inútil ante el mundo, inútil ante mí!




Soy la hojarasca de la bondad


Soy desdicha en la decencia


Soy lujuria en la castidad


Soy masacre sin penitencia


Soy codicia en la sencillez


Soy falacia en la honradez


¡Soy el homúnculo de la desesperación!




¡Inútil ante el mundo, inútil ante mí!




Oda maldita




 I




Ustedes, descomunales,


socavan sus versos en mí,


tal cual mantis hembra


engulle a su símil macho.




Ustedes, fastuosos


seres inmortalizados,


enaltecen mis manuscritos,


mis paupérrimas estrofas.




Ustedes, inalcanzables,


transmutan toda lírica


antes consignada.


¡Oh magnos vanguardistas!






II




Un alba espiritual,


una orgía parisina,


un paseo sentimental,


una brisa marina.




¡Oh miríficos vates!


¡Sus majestuosas creaciones


son dignas de aclamación!


¡Alabados sean, maldecidos!




Me declaro devoto


de su inexistente religión.


Me proclamo presumido


al vislumbrarme sucesor.




¡Oh, maestros, compadézcanse


de este desdichado imitador!






III




¡Oh poetas malditos!


¡Oh ilustres simbolistas!


Iluminen mi perspicacia,


erradiquen mi trivialidad.




¡Oh Baudelaire! ¡Oh Rimbaud!


¡Oh Verlaine! ¡Oh Mallarmé!


¿Cómo alcanzar su grandeza?


¿De cuántas vidas mías se precisarían?




¡Sálvenme, resido en un planeta rancio!


¡Sálvenme, soy un artista relegado!


¡Sálvenme, mi soledad es absoluta!


¡Sálvenme, se los ruego!




La ninfómana




Érase una vez una pequeña niña.
Su inocencia cautivaba hasta a los más nefastos seres.
Nadie hubiese imaginado el cruel destino que le esperaba a este encantador ángel.
¡Ay, pobre de ella!

El primer amante esperó décadas para ser uno con la musa.
Así, después de tanta insistencia, la infante accedió a su plegaria.
Nadie hubiese imaginado las consecuencias de este fugaz encuentro.
¡Ay, pobre de ella!

Desde ese momento, ella le imploraba amor carnal.
Él la complacía y, al mismo tiempo, se aprovechaba de su deteriorada inocencia.
Nadie hubiese imaginado que aquella ninfa dependería plenamente del coito.
¡Ay, pobre de ella!

Pero el amor no es eterno, y él desistió de deshonrarla.
La gula sexual de la rapaza era insaciable, se despojó enteramente de su pureza.
Nadie hubiese imaginado que la tildarían de ninfómana.
¡Ay, pobre de ella!

Pues en menos de dos meses se acostó con más de un centenar de hombres.
Sin embargo, ninguno de los desdichados logró complacer su incontrolable lujuria.
Nadie hubiese imaginado lo miserable que se tornaría su vida.
¡Ay, pobre de ella!

Incluso su trastornada mente considero experimentar la zoofilia.
No obstante, optó por la más bella de las muertes: el suicidio.
Nadie hubiese imaginado la fatídica decisión que escogería.
¡Ay, pobre de ella!

¡Pobre de mí que tuve el descaro de desvirgarla!




BIOGRAFÍA:
Stephan Enríquez (Lima, 1994) es un joven poeta y narrador, si se puede considerar como tal a alguien que solo ha ganado los concursos literarios de su escuela y que aún no ha participado en algún certamen nacional o internacional. Estudia Ingeniería Industrial, pero considera la literatura como su verdadera pasión. Ha publicado dos eBook: Diminuta Antología (Bubok, 2014) y Prosas inmaduras (Bubok, 2014). Sin embargo, tiene en su haber dos poemarios inéditos que planea publicar en formato físico.



MENCIONA A:  Carlos Germán Belli, Rodolfo Hinostroza, Arturo Corcuera, Marco Martos, Hildebrando Pérez Grande, Mirko Lauer, Enrique Verástegui, Carmen Ollé, Jorge Pimentel y Tulio Mora

Martín Zúñiga

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