Jorge Pimentel


Fotografía: Alejandra Devescovi


POEMAS:


EL KILO DE PAPAS

La razón, canas, afecto,
llanto, triste, pasión
y tenue;
                pero para leche
no hay.
Él entonces se fue y me dijo
quédate con los chicos
y ya no regresó.
No hay trabajo.
Y crecen los chicos.
Ahora qué hago.
Cómo está la vida.
Y crece el abandono.
Paren el litro.
Paren el kilo.
Litro la pena.
Estoy destruida.
He perdido la voz.
La vista lagrimea, se achica.
Partida de uno, vejez del otro.
El pelo se me cae.
Busco bayoneta por angustia.
Estoy herida del estómago.
Paradigma el océano
y el año entrante.
Fatal llevando los dedos callados.
No veo plata.
Por el contrario,
veo mucha araña, mucha cucaracha
y al alicate sobre el piso
y al rabo fijo,
a la culebra salida,
al cerro salido.
Puro trajín.
Y después lo de siempre.
Trigo frío,
trigo mío, trigotodo,
trigo crío,
trigo plomo,
trigo trigo,
trigoso,
yo izquierda,
tristosa,
trimustia,
tricarne.
Rompe sabelotodo.
Madre tuberada.
Madre acosada.
Rompo.
Trato.
Rata
Trigo-trigo.
Tirito.
Trato.
Aguanto.
Mustia.
Melodramática.
Enloquecida.

Sobre una mesita he dejado
a los países;
en las repisas,
las lecciones.
Si muero, la responsabilidad es de ustedes.





TROMBOSIS

En los esfuerzos desesperados
el individuo se desmemoria,
pierde la cabeza, se distrae, se destripa,
se demuestra, se desmantela, se desprovisa,
se desmorona, se desinfla, se ríe de sí mismo,
se perfila, se desatmosferiza, conmigo, con ella,
con todos, y se sitúa en el nombre del dolor
que sabe a calle, sin suplicar nada a nadie,
y se hunde, se entumece,
suplica, se agacha, llora,
con su pasión propia, con la suya,
sin pedirle permiso a nadie, se retuerce,
numera, pasa lista, no está,
rumia, se calla, se avienta, se pisa,
pierde la cuenta, se desarrolliza,
y a sus robos y a sus marcas y a sus chairas


          + un PIP  –  un GC
          -  un avión  +  un ómnibus


mutilado, cegado, firme, estoico, valiente,
sano, gordo, calvo, iridiscente,
soñado, importante, está siendo,
está amando, hace 3 días que,
suma y suda, hace 10 que multiplica y divide,
saca su cuenta, ta’ mal ta’ que cholea, computa,
muerde y se estrella,
también por su culpa los suplicios,
también por su culpa sus hijos y su esposa
y los 3 meses que debe
de luz, de agua, de colegio, de comida,
no viene a dormir a su casa y se esfuerza
chupa con los amigos, con los de la esquina,
y se muerde las uñas, desarregloso como es,
en sus vapores- sensaciones
en sus temblores- alumbrones


                UYY - AYY
                AYY - UYY


centuplicando la ausencia,
cuantificando la derrota,
energumizando lo poco que tiene,
lo poco que le queda, hoy, mañana,
basuridizando aún cuando cama,
aún cuando cama, camastro camarones, maricones,
hijos de puta, y se lo cargan y se lo llevan
a un hospital, a un hospicio, a la cárcel,
y le pegan y se cae y se vuelve a parar
y le vuelven a dar en el rostro,
en el torso, en sus partes, lo torturan,
lo ciegan, le sacan sangre
de la boca, le rompen la cabeza
y se lo tiran y se termina y se acabó.
 (De: Tromba de agosto)





CERBATANA

E, inclinados sobre una fuente española
de comienzos de siglo en la plazuela San
Marcelo un grupo de mochileros venidos
de otras latitudes sacudían sus ponchos
dejando mezclar con el viento su acento
extranjero. Y extrayendo de sus cinturones
tejidos por manos orfebres del Cusco, quenas
y pututos y charangos recubiertos con calcomanías
del Che Guevara, tres de ellos luego de una
reverencia comenzaron a interpretar huaynos
y yaravíes con la maestría de un antiguo poblador
de las punas y con la técnica del que hace lanzar
al viento notas cuajadas del más puro folklore
indígena, con la belleza del que recoge en
sus manos, el amor, los quejidos, el sufrimiento.
Y sus mujeres de rostro blanco con los cabellos
que les llegaban a la espalda sombrero en mano
se apresuraron a recolectar lo que la gente
reunida les ofrecía siendo siempre un par de soles
y un billete anaranjado o un billete azul
lo suficiente como para engañar al estómago
y dormir en la calle, con ojos para ver
voz para hablar, corazón para sentir.





BALADA PARA UNA MADRE QUE LLORA DESCONSOLADAMENTE EN LOS PASILLOS DEL HOSPITAL DE ENFERMEDADES NEOPLÁSICAS AL ENTERARSE QUE SU HIJO DE DOCE AÑOS VA A MORIR

El contraste que me ofrece esta vida
    viendo los árboles frondosos
       allá afuera
          y el sol haciendo equilibrio
              sobre un eucalipto
                 y a mi hijo con su pijama blanco
                    reposando en su lecho
                        de desahuciado
                          es para llorar
                             es para reír.

Los médicos le han dado
   cuarenta y cinco días
       y él ríe
          y conversa
             con los que le llevan
                revistas y frutas
                   y para verlo morir
                      no tengo ya fuerzas.

Es lo único que tengo en la vida.
   Por él es que puse un puestito
      de expendio de comidas y bebidas
          en el mercado 3 de febrero.

Por él es que armada de valor
   expulsé de nuestra casa-cantina 
      al mal hombre que solía vejarnos.

Ahora mi hijo es como un paisaje
   al que solo le dan vida nuestros ojos
       y para verlo morir no tengo ya ojos.

Tantos esfuerzos y tanta lucha
   y los años circundándonos como buitres
      para que mi hijo muera víctima del cáncer
        y su cuerpecito dulce y de sangre enferma
           repose en las arenas calientes
             en las arenas milagrosas
              con un último deseo
                que uno eleva hacia el santísimo
                   para que se apiade de un alma buena
                      que solo ha conocido contrastes.

Contrastes, que no se pueden eludir
    así uno decida partir a la carrera
       lejos tan lejos como sea posible.  

Contrastes que brotan como el maíz
   y que uno alberga en las pupilas.

Contrastes que uno termina aceptando
   cada hora, cada minuto, cada segundo.

Y si son reales estos momentos
  y no es una pesadilla lo que vivimos.

Si para algunos su vida es un infierno
  y no hay ángeles hermosos que prediquen
      el amor con trompetas y flautas dulces
         y si por todo solo hay un pañuelo
            lleno de lágrimas dentro de un puño
              será la hora del desencanto y la prueba
                 de fuego para que el ser débil adquiera
                   la fuerza y el ser fuerte muestre serenidad.

Y mi hijo va a morir en noviembre
   y nada se puede hacer por él
      salvo exprimirle un algodón en la frente
         y coger su manita acompañándolo
            en su breve sueño así él no lo quiera.

Y él será quien al fin me tome de la mano
   con sus desfallecidas fuerzas acompañándolo
      hasta una pendiente donde nuestra despedida
         será inminente para ya no ser.
(De: Ave Soul)      
          

       

 BIOGRAFÍA:
Jorge Pimentel (Lima, 1944)
Fundador, con Juan Ramírez Ruiz, del Movimiento Hora Zero en 1970 al publicar el manifiesto “Palabras Urgentes”. Estudió en la Universidad Nacional Federico Villarreal. Ha publicado los poemarios Kenacort y Valium 10 (1970); Ave Soul (1973); Palomino (1983); Tromba de agosto (1992); Primera Muchacha (1997); En el hocico de la Niebla (2007). Pronto publicará el libro Jardín de uñas.
           


 MENCIONADO POR:



MENCIONA A: Tulio Mora, Enrique Verástegui, Jorge Nájar, Carmen Ollé, Eloy Jaúregui, Ángel Garrido, Yulino Dávila

Martín Zúñiga

1 comentario:

Anónimo dijo...

Jorge Pimentel es uno de los mejores poetas latinoamericanos de la segunda mitad del siglo XX. Su alma está en sus poemas y él seguirá allí, vivo por toda la eternidad.