Miguel Ángel Zapata

























POEMAS:


Ensayo sobre la Rosa

Unas rosas re-raras oh
Oscar Hahn

1

Busco siempre rosas raras para mis floreros de barro. Rosas que borren la tinta gris y los colores exagerados del cielo. Rosas que no lloren pero que sientan el vacío de los largos patios de la memoria, las puertas que se han cerrado y esperan una mano para volver a vivir. La lluvia nos moja sin saberlo, y la rosa piensa que tiene voz de oro, no sabe que es sonido de una silaba incolora.


2

Los mirlos le carcomen su pecho colorado y siente un dulce dolor inexplicable. La rosa de la ciudad es distinta a la rosa del campo. Una es mundana y le gusta la noche, los avisos luminosos y la gente que la mira con prisa. La otra es como la tinta verde de los geranios y conoce el cielo como su propia muerte. Por eso tal vez siempre busco rosas raras para mis floreros de arcilla: rosas mas calladas, menos presuntuosas, rosas de bosque o de patio privado.


3

En una época fui repartidor de rosas. Llevaba belleza a las casas. Alegraba los corazones de la gente, y muchas veces vi prenderse las ilusiones tras las puertas y las ventanas. Algunas veces llevé rosas a los cementerios donde la muerte se confundía con la hermosura de la hierba. También traje rosas en floreros de barro, tal vez por eso me atraigan tanto las macetas, los tulipanes y los pistilos de Georgia.


4

Mi madre es una rosa llena de ríos. Hermosa curiosidad su piel: una perfecta combinación de canela con miel, solo comparable con los interminables campos de Chulucanas. Mi madre es una rosa de noventaiseis pétalos bien dispuestos por el algarrobo y el mango. Cada espacio en su lugar: la voz que entona canciones del novecientos y el corazón abierto como una manzana. Es la rosa más bella de mi jardín.


5

En otra época coleccioné una exquisita variedad de rosas. Mis hijas fueron las rosas más bellas de California. Las rosas no caen ni se mueren, en cambio, se levantan como un roble cuando quieren, son el sol y la sombra de cada día: la trenza de las niñas, el sol del ingrato azar.


6

A veces pienso en la rosa de Blake y su gozo carmesí, o en los mares interiores de la rosa de Rilke y sus cámaras ardientes respirando el orificio de una tarde vana. Aquí mi lámpara de hierro no sofoca mis inquietudes, ni la ceniza ni la piedra estropea mi fe. Mas allá de todo están las rosas bermejas de Milton y de Borges rozándoles la cara mientras miran un cuadro del Bosco. Después de todo el camino es la piedra o la ceniza.
El florero nos suplica: déjame ver la ceniza, después la rosa.

***

Los muslos sobre la grama

Escribo por la muchacha que vi correr esta mañana por el cementerio, la que trotaba ágilmente sobre los muertos. Ella corría y su cuerpo era una pluma de ave que se mecía contra la muerte. Entonces dije que en este reino el deporte no era bueno sólo para la alegría del corazón sino también para el orgasmo de la vista. Al verla correr con sus pequeños shorts transparentes deduje que los cementerios no tenían por que ser tristes, el galope acompasado de la chica daba otra perspectiva al paisaje: el sol adquiría un tono rojizo, su luz tenue se clavaba dando vida a la piel, los mausoleos brillaban con su cabellera de oro, y volví a pensar que la muerte no era un tema de lágrimas sino más bien de gozo cuando la vida continuaba vibrando con los muslos sobre la grama.

***

Mi Vallejo

Aquí lo veo en esta banca de la plaza de las palomas, pensando en la lengua que escribió con el mundo ese cristal que quema la poesía. Hoy vuelve a escribir sobre la plaza la tinta intraducible del cóndor. De aquí se para y camina por la noche que ha vuelto a prender sus faroles, y de bar en bar va hablando y sonriendo mientras la garúa avanza. Y de aquí se marcha con la frente sudorosa, incansable.

***

Sargento
Para Christian, en sus ocho años

Mi perro tiene alma,
por eso lo enloquece el geranio púrpura del jardín.
Su único pecado es tratar de atrapar los pájaros
que vienen a beber agua de la fuente de nuestro
patio. Le gusta oír a Mozart cuando llueve, y suele
bailar sobre un puñado de arena cuando hace sol.
El modifica el desierto con sus pequeñas patas y
conoce como nadie el otro lado del jardín.
No tiene memoria, por eso es feliz.

***

Ya no tengo ángel de la guarda

Ya no tengo ángel de la guarda. Un día inesperado se perdió en la llanura buscando la plenitud y el reposo. A pesar de todo, el movimiento del cielo no cesa todavía. Sigo caminando por el bosque con los ojos abiertos, y a veces siento en el aire una breve eternidad. Pienso que mi ángel de la guarda - por ese inmenso cariño por las islas - está de custodio de las profundidades del mar, que después de todo, es la otra cara del cielo. Sé que no está en el monte Nebo contemplando el tiempo que vendrá. Mi ángel tenía una larga cabellera negra y sus ojos te seguían por todas partes. Cuando iba de paseo en mi bicicleta su cabello era una llamarada de fuego negro que llamaba la atención en todo el vecindario. Nadie la podía ver, excepto mi perro que agachaba la cabeza cuando volaba por encima de los geranios. Ya no tengo ángel de la guarda. Ahora camino solitario por las oscuras calles de los pinos y presiento que alguien todavía me vigila.

***

La ventana

Voy a construir una ventana en medio de la calle para no sentirme solo. Plantaré un árbol en medio de la calle, y crecerá ante el asombro de los paseantes: criaré pájaros que nunca volarán a otros árboles, y se quedarán a cantar ahí en medio del ruido y la indiferencia. Crecerá un océano en la ventana. Pero esta vez no me aburriré de sus mares, y las gaviotas volverán a volar en círculos sobre mi cabeza. Habrá una cama y un sofá debajo de los árboles para que descanse la lumbre de sus olas.

Voy a construir una ventana en medio de la calle para no sentirme solo. Así podré ver el cielo y la gente que pasa sin hablarme, y aquellos buitres de la muerte que vuelan sin poder sacarme el corazón. Esta ventana alumbrará mi soledad. Podría inclusive abrir otra en medio del mar, y solo vería el horizonte como una luciérnaga con sus alas de cristal. El mundo quedaría lejos al otro lado de la arena, allá donde vive la soledad y la memoria. De cualquier manera es inevitable que construya una ventana, y sobre todo ahora que ya no escribo ni salgo a caminar como antes bajo los pinos del desierto, aun cuando este día parece propicio para descubrir los terrenos insondables.

Voy a construir una ventana en medio de la calle. Vaya absurdo, me dirán, una ventana para que la gente pase y te mire como si fueras un demente que quiere ver el cielo y una vela encendida detrás de la cortina. Baudelaire tenía razón: el que mira desde afuera a través de una ventana abierta no ve tanto como el que mira una ventana cerrada. Por eso he cerrado mis ventanas y he salido a la calle corriendo para no verme alumbrado por la sombra.



POÉTICA:
Fragmento de una entrevista con Miguel Ildefonso

1) Miguel Ildefonso: En el poema La ventana encuentro una imagen que resume esa actitud del que hablaba antes: “Voy a construir una ventana en medio de la calle para no sentirme solo”. Esto es la poesía, ¿cierto? El poema habla de la construcción del poema, del poeta, del hogar del poeta y, a su vez, del mundo. Usted vive hace muchos años en Estados Unidos, ¿Cómo ha mantenido su relación con Perú? ¿Aquella “ventana” en qué calle está?

Miguel Angel Zapata: Hermoso comentario. La ventana es el lugar donde sucede lo imposible. Es el corazón abierto de la poesía. Una ventana en medio de la calle es un escape hacia la soledad, y una alegría, al mismo tiempo, ya que tú la construyes y puedes escribir lo que gustes aunque “la lluvia golpee los cristales”, y la tienes ahí a tu lado para reír y escribir sobre lo que quisieras ver en este mundo. He visto muchas ventanas, y creo que la ventana es un objeto indispensable desde la antigüedad de los tiempos. Es un mirar hacia la otredad, hacia el no lugar, hacia el infinito para encontrar otro aire y otro cielo. Emily Dickinson conoció ese otro cielo. Emerson y Rilke lo vieron en los bosques sagrados.
Hace muchos años que vivo en los Estados Unidos, y mi relación con el Perú es cada día más fuerte. De alguna manera, me quedé con el Perú cuando salí de Lima. Siempre vuelvo a ver a mi madre, a mis hermanos, a mis amigos, a recorrer las calles y las noches de Lima, que para mí es una ciudad inusual, viva, fugaz, tremendamente entrañable y hermosa. Cada ciudad tiene su horror y fascinación pero no todo es horroroso ni fascinante. Para mí Lima es fascinante, por eso vuelvo. Por eso mi ventana está en muchas calles, no sólo en Lima pero también en ciudad de México, en Buenos Aires, en Madrid, en Nueva York.

2) La presencia de niños (“te ofrezco estas rosas anacoretas que tú sembraste cuando dejé en tu frente mi abecedario de niño entusiasmado...”), de seres de la naturaleza que escriben, así como el cielo, me incita a preguntar ¿cuál es el anhelo de la poesía, por ende del poeta?

El ser demasiado arrogante con la poesía te lleva a la destrucción. La inocencia es más fuerte que la sabiduría, así como la imaginación es más importante que el conocimiento, como quería Einstein. Es una inocencia que tiene que ver con la absorción de un mundo puro y contaminado. Ese niño entusiasmado era yo cuando tenía diez años en Lima. Volver a la niñez es algo maravilloso, siempre hay que ser niño. Hay miles de maneras de serlo. La poesía es justamente una manera de soñar que el buen tiempo vendrá, y que el cielo y el pan llegarán a la ventana y a la mesa. Por eso el anhelo de la poesía es llegar a penetrar el corazón del otro, de la otra que busca algo para ver al otro lado de la ventana, y sentir un poco de fe en el horizonte de mañana. El anhelo de la poesía es hacer que todos hablen: los animales, los árboles, los ríos como lagos, y el cielo que nos mira todos los días mientras seguimos con nuestras viditas saltando sobre la grama del tiempo.



BIO/BIBLIO:

Miguel Angel Zapata, poeta y ensayista peruano ha publicado, entre otros: Mario Vargas Llosa and The Persistence of Memory (New York-Lima: Hofstra University/Fondo Editorial de la UNMSM, 2006), Asir la forma que se va. Nuevos asedios a Carlos Germán Belli (Lima: UNMSM, 2006), El Hacedor y las palabras. Diálogos con poetas de América Latina (Lima: FCE, 2005), Iguana (Lima: FCE, 2005), El cielo que me escribe (Lima 2005/México 2002), Los muslos sobre la grama (Antología mínima) (Buenos Aires, 2005), A Sparrow in the House of Seven Patios (Selección bilingüe) (New York, 2005), La pirámide y el signo. Literatura y cultura de México, Siglos XX-XXI (New York: Hostos Review, 2004), Luces de la memoria. Conversaciones con Isaac Goldemberg (Caracas: Arkadia, 2003), Moradas de la voz. Notas sobre la poesía hispanoamericana contemporánea (Lima: UNMSM, 2002), Escribir bajo el polvo (Lima, 2000), Nueva poesía latinoamericana (México: UNAM, 1999), Metáfora de la experiencia. La poesía de Antonio Cisneros (Lima: PUCP, 1998), Lumbre de la letra (Lima, 1997), Poemas para violín y orquesta (México, Premiá, 1991), Imágenes los juegos (Lima: INC, 1987). También ha co-editado las antologías: El bosque de los huesos. Antología de la nueva poesía peruana (México: El Tucán de Virginia, 1995), y Tigre de la sed. Antología de poesía mexicana contemporánea 1950-2005 (Madrid: Hiperión, 2006). Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, Universidad de California, y se doctoró en Filosofía y Letras en Washington University, St. Louis, Estados Unidos. Su trabajo literario ha aparecido en revistas de América Latina, Estados Unidos, lo mismo que en España, Francia e Inglaterra. Su poesía ha sido traducida ampliamente al inglés, francés e italiano. Actualmente es profesor titular de literatura latinoamericana en Hofstra University, Nueva York, donde dirige The Hofstra Hispanic Review- Revista de Literaturas y Culturas Hispánicas. Es Premio Latino de Literatura 2003 que otorga el Instituto de Escritores Latinoamericanos de Nueva York.



MENCIONADO POR:

Isaac Goldemberg, Alberto Valdivia



MENCIONA A:

Carlos German Belli, Antonio Cisneros, Rodolfo Hinostroza, Marco Martos, Cecilia Bustamante, Montserrat Álvarez, Jorge Pimentel, Arturo Corcuera, Elqui Burgos, Isaac Goldemberg, Roger Santiváñez, Carmen Ollé

Martín Zúñiga

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Mucha letra compadre, esos poemas cortos hubieran ido mejor. Un abrazo desde Lima.

Anónimo dijo...

que buenos poemas Miguel Angel. Abres un nuevo espacio del decir en la posia peruana actual tan llena de lugares comunes. "Ensayo sobre la rosa" es un canto memorable, inolvidable, y todos los poemas de este espacio, gracias!

patytemple@gmail.com dijo...

Miguel eres un grande. No solo tu poesìa es especial sino tu dimensiòn de ser humano y sencillez son un ejemplo para los peruanos. Tú has triunfado y no has adoptado poses impostadas como suele ocurrir con los mediocres. Estoy muy orgullosa de considerarme tu amiga y paisana ademàs. Patricia Temple Arciniega