POEMAS:
TOM WOLFE EN LA REVISTA ROLLING STONE
Wolfe era un vampiro
un vampiro impasible que bebía una copa de bourbon
para inmediatamente sudar afrodisíacos
o una rara especie de perfume Chanel.
Le escupía a la gente
en lugares insospechados
y se dejaba ver envuelto en esos pálidos trajes de lino
para que en la oscuridad lo acribillen los reflejos de la vanidad
sin los cuales no es posible que nadie escriba.
Trataba a su PC (¿o usó hasta el final
una vieja máquina de escribir Remington?)
como cualquiera lo haría con su perro:
le arrojaba un plato de noticias a diario
y un tazón de tinta hirviente.
Nadie sabe sino él quién es con franqueza.
Para conocerlo
lo mejor es no haber estado nunca
cerca de su astillada vanidad
pues solo hay que leer las crónicas que le publican
de vez en cuando las revistas.
Así
con esos fragmentos desgreñados
se puede ir llenando las cuencas vacías de sus ojos
que languidecen en sus reportajes
y avivándole la gardenia empolvada de la solapa.
Si todo sale bien
lo emanciparemos de los grandes salones
del East Village / de las chicas de culitos apretados
o de los cánticos de los ángeles impostores
pues la industria del marketing le hizo mucho daño.
Que todos saquen una cuchilla
y cercenen al primer tipo que se encuentre rondando
cerca de su cartucho de tinta negra.
Por lo demás
esperaremos que sus siguientes crónicas no sean
como nuestro rancio planeta:
un infierno mínimo / un paraíso de papel recortado
los nuevos evangelios de la felicidad por capítulos
sino esa luz demorada
resplandeciente
empalagosa hasta el aburrimiento
que todos nos merecemos.
***
ELEGÍA PARA EL QUE NUNCA ESCUCHÓ MI CANCIÓN
En esta tierra fértil donde antes crecieron viñedos
jacarandás y murciélagos
desde donde se avista el mar de Pachacamac
y por donde el sol crece como una naranja
para morir en el Oeste imitando a los patillos
ahora estás tú
mi padre
inmóvil y obstinado como los guerreros aymaras.
A su semejanza libraste tus propias batallas
hiciste con tus manos las naves que llegaron
al otro lado de las olas
y te cubriste la piel con la sal de los océanos.
A pesar de que nunca fuiste a las altas escuelas
tenías la sapiencia el valor y los yerros
de los sabios sencillos
que muchas veces no pude juzgar con la necesaria templanza
con el equilibrio que solo otorga la ausencia irreparable
de los mares que carecen de tormentas.
Discutíamos por eso:
tú defendiendo las tierras que le arrancaste
a una infancia difícil
yo dándole cobijo al miedo de tener un padre vertical
y tan duro como una piedra de basalto.
No fuimos ni distintos ni ajenos
pues llevo tatuada tu herencia en el apellido
y en tres o cuatro rasgos que me aproximan a ti
sin que lo quiera
semejante en todo a esas aves que se balancean
sobre los abismos.
Aún así sabíamos que éramos distintos
y tal vez por eso marcábamos encarnizadamente
nuestros territorios
pero nunca olvidaré los escasos momentos cordiales
cuando conversábamos de tu religión y la mía
de lo diferentes que finalmente éramos:
dos hombres extraños pero a la vez afines
dos ídolos de cerámica familiarmente frágiles
y por eso endebles.
Hoy que te has marchado al espacio curvo
en ese largo viaje que todos tendremos que emprender
algún día
debes saber que sigo teniendo miedo
y llevo sobre mí la tentación de ser mejor navegante
pero también
el temor de que mis proezas no puedan ser mejores que
las tuyas
que el mar que a mí me corresponde
tenga las mareas altas que tú no salvaste.
Por eso
mi afectuoso enemigo
mi doble
mi desconocido
dame lo que te faltaba a ti
desde allá sírveme de brújula imantada / de periscopio
ahora que ya no podré agradecértelo.
***
ALLEN GINSBERG & BOB DYLAN (PÁJAROS Y BLUES)
Cuando teníamos 19 o 20 años
y la neblina de Lima se parecía mucho
a la de un suburbio en Londres
por los peces azules y grises que volaban
por el cielo plano
no sabía que además de los Sandwichs de realidad
borroneabas canciones
pulsando una guitarra de rojos eléctricos
que como aves despojadas del mar
vidriaban los edificios
saturados de cemento y aluminio
hasta expulsar a los arcángeles cusqueños
que nos protegían
de la otra realidad.
Nunca oí las grabaciones de Bob Dylan
donde hacías coros y tanteabas melódicamente
la segunda guitarra
ni imaginé los punteos homicidas
que grabaste con The Clash
para sus discos Ghetto y Combat Rock.
Para entonces había dejado la música
y solo leía tímidamente tus
eléctricos poemas
gurú de más de 50 años
santo del hachís o la codeína
espectro amarillo de las jeringas
ante el cual me asustaba o escribía
pero confié en ti.
Y ahora que has muerto
cuando reposas como una barca
flotando en un río de Bangladesh
beso tus pies
y bebo discretamente tus poemas
me cuelo al supermercado Publix de Westchester
con mi nieta
y entre los tarros de comida congelada
y las cajas de alimentos para mascotas
te venero
te recuerdo
y juntos leemos la poesía de los anaqueles.
A ti te conquistó el rock’n roll
y a mí también
viejo barbado y redondo
como una sandía dulce
en mitad del verano sangriento.
POÉTICA
( O cómo justificar lo indescifrable)
Se escribe poesía porque se es absolutamente incapaz de hacer cualquier otra cosa. Se escribe poesía porque alguna vez se amó a una mujer y la estrategia dio resultados. Se escribe poesía porque es una forma de hacer amigos. Se escribe poesía porque no hay dinero para ir al psicoanalista y uno usa al lector para arrojar sus demonios. Se escribe poesía sobre las cosas que le pasan a uno, sobre lo que se piensa, sobre lo que se recuerda, sobre las cosas imposibles y los amores maltratados; eso que el español Luis García Montero llama "poesía de la experiencia". Se escribe poesía para no ser académico. Se escribe poesía porque nos gusta. Se escribe poesía ante la imposibilidad de haber sido John Lennon o de haber tenido una banda de rock'n roll. Se escribe poesía por neurosis, porque es una mala costumbre que no puedes dejar, porque te gusta pasar el tiempo mirando el mar o las piedras y luego justificas tamaño ocio diciendo que pensabas en un poema y los demás te lo creen. Se escribe poesía para incendiar la pradera y también para apagarla. Se escribe poesía porque se juega a ser dios. Y para que el lector no cierre el libro y lo arroje a la basura.
BIO/BIBLIO:
MIS DISCULPAS POR HABER NACIDO
(A la manera de una breve autobiografía)
No es ningún delito nacer; es más, yo mismo lo hice en Lima, en el año de 1953. Lo delictuoso es haber vivido casi siempre bajo este cielo gris y metálico de la capital del Perú, cobijando una neurosis creciente en medio de la humedad y la tristeza del peruano común.
De los estudios poco se ha de decir; unas cuantas peleas a puño limpio en el colegio para defender que se es miope y que leía a César Vallejo; un par de enamoradas adolescentes con las que me pasee por los parques públicos de mi ciudad como si llevara de la mano una estrella rutilante.
La universidad ya fue otra cosa: las facultades de Sociología y Literatura a las que asistí, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Los libros, los amigos, los bares estudiantiles, las discusiones políticas en los patios univesitarios, los discos de rock'n roll de los fines de semana. Y otra vez una muchacha, que terminó siendo mi esposa.
Por esos días me visitó el Ángel de la Anunciación y quedé embarazado de poesía. Desde entonces he pubicado seis libros de poesía y tengo uno más en prensa: Vinilo (42 poemas dle rock'n roll). Estos son: Música para ciegos (2001), Pena Capital (1995), Altagracia (1989), Banda del sur (1985), Violencia de sol (1980) y Por la bocacalle de la locura (1978).
La poesía me ha servido para poder pararme derecho en las avenidas, para viajar a congresos literarios en países que amo (como Colombia y México), para mantener la ilusión que se es poeta en algunos otros países (Ecuador, Chile, Argentina, España, Estados Unidos, Venezuela y etcétera). En fin, no está mal, considerando que la poesía es concebida en mi país como un trabajo casi ruín, impagable y digno de vagos. Por eso los poetas mueren el el Perú pobres y olvidados.
Además escribo en diarios y revistas hace más de 20 años. Ser periodista tampoco es malo, sólo que a veces produce dolor en los pulmones y en las manos.
Guardo algunos relatos y otras prosas que publicaré algún día, ojalá que no después que muera.
MENCIONADO POR:
Martín Rodríguez Gaona, Leoncio Luque, Héctor Ñaupari, Isaac Goldemberg
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