Luis Fernando Chueca























POEMAS:


de Contemplación de los cuerpos

El hijo del poeta

El hijo del poeta lleva casi el nombre del poeta y tiene en los ojos algo de su luz. No conoce, o apenas, la leyenda que inevitablemente marca su destino. “El esplendoroso sol que se levanta”, escribió el poeta sobre el nombre de su hijo. Luego prendió fuego a sus papeles, a las viejas fotos de la abuela, a sus huesos. A sus ojos como los ojos del hijo del poeta. Euforia y paroxismo dibujaron las heridas de ese instante.

Que era necesario establecer el vínculo y era impostergable la decisión decía el poeta a punto de estallar. Y luego anunciaba su vuelta al tercer día para seguir al lado de su hijo.

El hijo del poeta arderá si lo sabe, si descubre la marca en sus pupilas o descascara la costra oscurecida de sus brazos. Pero es imposible callar la furia en el pulso del poeta y la tersa dulzura del manto que envolvía su sueño alucinado. Es inútil olvidar su paso calmo al borde del abismo.

Por eso sabrá el hijo del poeta.

***

Documental

Un video narra las horas finales de Pompeya en el año 79 dC. Explica el arqueólogo que el motivo de la muerte de sus habitantes no fue la lava del Vesubio sobre los cuerpos, sino el contacto de estos con una temperatura superior a los 500 grados. “La coloración rojiza hallada en algunos cráneos es una particular incógnita. Podría ser el cerebro que comenzó a desbordarse previamente a la explosión. El calor fue tan intenso que puso a hervir el cerebro antes de estallar”, anota fríamente.

Ensayo esa misma frialdad documental en este poema y añado, sobre acontecimientos más cercanos: “Lo que quedaba de los cuerpos fue entregado a los familiares en cajas de leche Gloria. Poco antes se hallaron, enterrados, camino a Cieneguilla, restos de un maxilar superior y cinco dientes, el cráneo de una mujer con un agujero de bala, retazos de un pantalón calcinado y un juego de llaves, que permitió identificar a las víctimas y seguir la pista de los cuerpos embolsados”. O transcribo, en un nuevo giro, el comentario de un marino que explica que, a diferencia del Ejército, en su arma a los detenidos “los matan desnudos para que no los reconozcan, ni sortijas ni aretes, ni zapatos ni ropa interior. Y las prendas las queman”.

Ni el asíndeton he tenido que inventarme. Y menos las imágenes o la contraposición.

Me pregunto si hay algo que aumentar en este poema.

***

de Ritos funerarios

Monólogo de Nilia

A estas alturas todo habla de ti
los restos de tus huellas
extraviadas en la arena los muros manchados de
dos o tres dibujos de trazos incompletos
Todo
mientras tú sigues empeñado en ese terco escondite
donde los murmullos ya ni se oyen
donde tu figura se confunde con tu voz casi inaudible

A esta hora todo habla de ti
de tu memoria detenida en la memoria de los otros
de tus informes garabatos
amontonados al borde de la espera

¿Quién escucha ahora la expresión de tus silencios?
¿quién acaricia el redor de tu garganta
vibrantemente insana
muda
de terror
por una sombra que nadie nunca ha visto
salvo tú
y que oscurece tus contornos?
¿A qué imagen representas con tu violenta
ausencia
con tu áspera manera de alejarte
con tu carrera huidiza y tus pies sobre una tierra hirviente
que se extiende y recompone?

A esta hora todo lo que podía hablar de ti se apaga
y se esconde en un nudo de sonidos
desesperantes
desesperados

Como de quien no cede a los recuerdos
y abusa de un falso rumor para creer en su presencia
insospechada

A esta hora
todo se esconde en una niebla exagerada
todo es parte de un juego de repeticiones absurdas
de ruidos engañosos

Todo es parte o anuncio de la nada
y nada es lo único que se oye

***

de Animales de la casa

Caballos

El único destino es seguir errante,
y no volver la mirada.

Ten cuidado con los vientos del invierno.
Ten cuidado con las bestias con más fuerzas
que las tuyas.

Por lo demás, todo está dicho
el hijo del caballo debe buscar sus territorios
y conseguir sus propios alimentos.

El asunto es que no vuelvas la mirada;
y detenerte
-cada vez que creas necesario-
a descansar.

Y recordar, pero sin melancolía.

Irás aprendiendo
poco a poco
la sabiduría del camino.

No lo olvides
el hijo del caballo debe hacerse
a sí
caballo.


Ocaso de sirenas

ocaso de sirenas, esplendor de manatíes
José Durand


No sirenas, sino horrendos manatíes
mamíferos obesos que la ansiedad y la distancia
volvían provocativos cuerpos de mujer

Y sin embargo, cuando de tarde en tarde,
alguna noche o al amanecer de mis desveladas jornadas
oigo que atraviesa la ventana un canto agudo
y dulce que pronuncia nombres al azar
y siempre son
el mío el mío el mío
¿No eres tú, sirena?
¿No es tu voz la que me llama en cada palabra que pronuncias?
¿No es tu bello chillido el que se escucha?

Entonces yo, ¿qué espero para dejarlo todo y
seguir tus huellas en el mar?

¿Será una duda razonable que me impide dar crédito total a mis oídos?
¿Un resto de cordura?
¿Un frío impulso que me advierte de un futuro irreversible y desquiciado?

¿O tan solo estas amarras que me detienen en mi lecho,
estas gruesas sogas con que he pedido que me aten
tarde a tarde,
alguna noche o al amanecer de mis desveladas jornadas
cuando la fiebre invade mis sentidos
y presiento el engaño de tu canto?
¿Estos lazos, digo, que me sujetan en la cama,
a otra sirena,
o más bien, a otro obeso manatí
igual que tú?



BIO/BIBLIO:

Luis Fernando Chueca (Lima, 1965) ha publicado los poemarios Rincones. Anatomía del tormento (1991), Animales de la casa (1996), Ritos funerarios (1998) y Contemplación de los cuerpos (2005). Ha escrito además numerosos ensayos sobre poesía peruana contemporánea, algunos de ellos incluidos en el libro En la comarca oscura. Lima en la poesía peruana 1950-2000 (2006), escrito junto con Carlos López Degregori y José Güich. Integra el comité editor de Odumodneurtse. Periódico de poesía y de la revista de literatura Intermezzo Tropical. Actualmente ejerce la docencia en las universidades Católica y de Lima.



MENCIONADO POR:

Martin Rodriguez Gaona, Domingo de Ramos, Carlos Villacorta, Alvaro Lasso, José Antonio Mazzotti, Victoria Guerrero, Carlos Arturo Gonzales, Alberto Valdivia, Joseph Mestanza



MENCIONA A:

Gastón Agurto, Montserrat Álvarez, Andrea Cabel, Xavier Echarri, Manuel Fernández, Jorge Frisancho, Victoria Guerrero, Miguel Ildefonso, Álvaro Lasso, Maurizio Medo, Rodrigo Quijano, Josemári Recalde, Martín Rodríguez Gaona, Romi Sordómez, Carlos Villacorta, José Carlos Yrigoyen

Martín Zúñiga

1 comentario:

DORA MORO dijo...

Lucho es innovador- tradicional, paradoja esta como todo su ser.Poesía de fondo, de entraña, de duda por los pies en esta tierra o por el interior del otro. La duda acompañada de una certeza por preguntar y por declarar.

¡Felicidades! Lucho Chueca